Pensaba que había un incendio en el interior del Congreso el 31 de octubre porque vi a sus señorías abandonar sus escaños casi al mismo tiempo, y en desbandada. La voz del presidente del club, Jesús Posada, sonaba cansina, agotada, sin energía, soltando unas frases apenas inteligibles, como el que contempla los últimos chispazos seminales de un miembro exhausto.

Había que votar si había que debatir sobre una tontería, un por culo como las pensiones, que si más años de cotización, que si menos dinero, que si cobrar a más edad, total, chuminadas. Unos votaron sí, otros no, todos corrieron en un acuerdo casi unánime. Empezaba el puente, el gran puente de los difuntos.

Sus señorías, como sabemos, ni esperaron el resultado de la votación. Los miembros de ese club huyeron sin que el caporal de la tribuna levantara la sesión. En Youtube ya se puede ver la escena poniendo en el buscador «La carrera de las ratas». Cuando salieron despavoridos a los pasillos algunos se tragaron la prisa y se sosegaron un poco porque vieron cámaras encendidas. Joder, La Sexta. La hemos liado, supongo que pensarían. Pero no mucho rato. Había señorías, de todos los colores del club, que por adelantar a los más tranquilones les daban codazos, coño, que aquí no se viene a pasear.

Ha sido tanto el revuelo que Joan Coscubiela, de IU, ha respondido en Twitter diciendo que, como cualquier otro, tiene derecho a irse a su casa después del trabajo como le venga en gana, corriendo, a gatas, en avión, a la pata coja, y abandonar el curro a lo Barcenas el último. No lo ha dicho así, pero qué más da. Prefiero inventar algunas cosas y desahogarme que llamar a esta casta por su nombre.