Lo de arriba podría ser la primera fila de letras consecutivas del teclado del ordenador si contamos de izquierda a derecha. Ya saben, la primera es la q, luego la w, luego la e, la r, y la t, y así hasta la p. Pero no. Wert es ya una marca, un tema, un personaje. En sí, un producto televisivo que rellena tertulias camorristas, abre informativos si no hay un bombero en cueros que se tapa la manguera con las manos, y un cierra España bocazas al que Juan Carlos de Borbón, rey por la gracia de Dios, llama pobre, aunque este último pensamiento revelado no ha sido aún descifrado como merece.

José Ignacio era un tertuliano del montón aunque con inquietudes, de hecho aún no sabíamos que podría llegar a ser lo que hoy es, nada menos que Wert. Palabras mayores. Tal vez José Ignacio sea un calzonazos en casa, ante su biliosa esposa, doña Edurne Uriarte, tertuliana de ardientes convicciones ultraconservadoras alojada ahora en 'Los desayunos de TVE'.

Pero Wert es otra cosa. Menudo es Wert. Podría ser un personaje de opereta, pero es un ministro de Mariano Rajoy, que está feliz, encantado, encendiendo puros a idéntica velocidad que eyaculaciones quisiera tener cualquier mendrugo de programas "para la juventud", porque mientras le atizan al colega, él pasa de puntillas y se dedica a sus silencios "para sacarnos de la crisis". La penúltima de Wert ya la conocen, la de un tío arrojado que dice "lo que piensan los españoles". Pero me toca la flauta que mientras Wert provoca como un tertuliano escupiendo sandeces, la gente le mira el dedo y no lo que apunta ese dedo.

Wert, como todo personaje, está encantado. Y en esta película, los malos, también, que con el público entretenido hacen sus fechorías con más libertad.

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