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Carmen y su juguete sexual dejan ojiplático a Manolo en First Dates: "¿Sastis... qué?

Una soltera con más vitalidad que muchos treintañeros y un expolicía con alma tradicional protagonizan una cita llena de malentendidos, confesiones y momentos inesperados

Dos solteros muy diferentes protagonizaron una de las mejores citas de la semana en First Dates

Dos solteros muy diferentes protagonizaron una de las mejores citas de la semana en First Dates / Cuatro

Con la máxima de que los polos opuestos se atraen, Carlos Sobera citó en el restaurante más famoso de la televisión a Carmen y Manolo, dos solteros con edades parecidas pero con formas de ver la vida muy diferente.

Carmen no es una mujer cualquiera. Tiene 74 años, sigue trabajando cuidando a personas mayores —"porque me siento bien y no tomo pastillas", dice orgullosa— y llega a First Dates buscando un hombre sincero. “Como yo no hay otra, la comió un cerdo al nacer porque no podían existir dos iguales”, asegura entre risas, dejando claro que la personalidad le sobra.

Su cita es Manolo, un elegante exinspector de Policía que siempre viste de traje y corbata, y que tiene más manías que ganas de enamorarse. Apenas se sientan, ya surge el primer desencuentro: él no quiere dar la espalda al comedor por “defecto profesional”, y ella, encantada, le cambia el sitio sin dramas.

Cuando el pasado pesa y el presente sorprende

Manolo, exinspector de Policía, fue a First Dates en busca del amor

Manolo, exinspector de Policía, fue a First Dates en busca del amor / Cuatro

Mientras comen, comparten sus historias: Carmen ha sido viuda durante 30 años y su última pareja falleció hace tres de ELA. Manolo, por su parte, aún arrastra las heridas de un divorcio duro: “Estuve un mes en el psiquiátrico”, confiesa.

Pero el verdadero bombazo llega cuando Carmen, con total naturalidad, menciona su satisfacción personal: “Yo estoy muy bien solita… y con mi Satisfyer”.

—“¿Satis… qué?”, pregunta Manolo, entre perplejo y escandalizado.

Y es que, según él, por religión y educación, la masturbación siempre estuvo fuera de su radar: “Yo sin eso, vivo perfectamente”.

Carmen, sin cortarse un pelo, le cuenta que su aparatito le ha evitado muchas decepciones: “Ni malos olores, ni aguantas a nadie, ni nada. ¡Una maravilla!”

¿Segunda cita? Mejor una amistad con paseos

A pesar de las diferencias (y de que Manolo ya ha dejado claro que lo del baile y el contacto no va con él), ambos reconocen que se han caído bien. Carmen deja claro que no necesita a nadie que la mantenga y Manolo lo respeta: “A nuestra edad, se trata de acompañarse, no de depender”.

El cierre no trae besos, pero sí teléfonos intercambiados y una promesa: ayudarse, pasear y compartir buenos ratos… sin presiones románticas ni revolcones.

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