Es que me partía de la risa. Es que iba a reventar. Qué programa más bueno. Telecinco sabe hacer las cosas bien hasta cuando las hace con el culo. Hablo de 'La voz', al fin emitido después de meses y meses dándole cera para que nos entrara bien, ustedes me entienden. Hizo unas cifras de audiencia a la altura de un Madrid-Barcelona.

El copón. Cifras que a la mañana siguiente conseguirían que Paolo Vasile notara duro el pernil. Un 30%, más de cuatro millones y medio de espectadores. Ni que a Ratzinger se le hubiera caído el gorro con el viento, hubiera dejado ciego a un seminarista, el seminarista, aturdido, se cagara en lo sagrado, y lo más sagrado, ofendido, pidiera un directo en el corrillo de Ana Rosa.

Esto es muy enrevesado, así que el milagro está en que La voz, simple como un ceporro de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, funciona como un tiro no por la calidad o mediocridad de sus concursantes, sino por el esplendor inepto de sus profesores. Son cuatro, a cual más petardo, relamido, falso, impostado, o tontico. A saber: Malú, Melendi, Rosarillo Flores y el gran David Bisbal, que da mucho juego como zopenco en esta cita.

Esperanza Aguirre es capaz hasta de dimitir como lideresa, directora de Telemadrid, combatiente de la derecha más fea contra Rajoy, y presidenta de casinos y prostíbulos, con tal de abrir un informativo, pero una no llega tan lejos. Si yo fuera madre, y por mucho que me gustara que mi hijo diera los brincos de Bisbal, no lo dejaba en sus manos así tuviera que poner velas a Espinete para que me lo sacaran unos minutos cantando con la orquestilla de Jorge Javier Vázquez mientras los come flanes de Sálvame pasaban de él como la Merkel del Estado del bienestar.

Si Bisbal se dirige a mi hijo diciendo "te das cuen" y grita olé, olé, y pone caras de un interés fingido, y en vez de profesor habla como un tarugo que se va de farra, Bisbal, por muchos saltos que dé, y por muy chistoso que se haga, no me vale, no lo quiero como modelo para mi hijo. Juancar, Juancarlillos, le decía a un concursante haciéndose el simpático.

Bisbal, Bisbalillo, tócame la pera, tendría que haberle respondido el chaval. Ah, el de Almería, en otro de sus estrambóticos comentarios, le dijo a una aspirante a ganar La voz que "has matizado muy bien en las partes intimas". ¿Cómorrr? Ay, pecador de la ignorancia, ¿te das cuen lo tontico que eres?

¿Y Rosario, la hija de la gran Lola Flores? Otra que reviste de solemne palabrería su estulticia diciendo cosas sin ton ni son. El destino es el destino, le decía a alguien. Eres un gitanito negro, un gipsy funky como yo, le soltaba a otro. Me encanta cuando las voces suenan sin nada, se puso mística en otra ocasión. Monstrua, que eres una monstrua, qué arte, argumento después.

Malú tampoco defraudó, y paría sentencias maravillosas del tipo "tu voz es personal porque es tuya". Menos mal que el programa está grabado, y Jesús Vázquez apenas tiene contacto con estos profesores y consejeros de mercadillo, porque, si no, lo veríamos entre bambalinas retorciéndose de la risa.

¿Melendi? Pues que quieren que les diga. El mejor, sin estridencias, sin imposturas, sin demostrar lo que no es. Monstruos, que sois unos monstruos, qué arte, por la gloria de mi madre.