Nuestro punto de partida está en el Port de Sóller, en la calle de Antoni Montis (39ºN 47.815 / 002ºE 41.863), a unos doscientos metros de la última estación del último tranvía de Mallorca, inaugurado en 1913. De espaldas al mar, empezamos a caminar por esta calle hasta llegar a una primera rotonda, tomando la vía que queda más a nuestra izquierda.

Seguimos avanzando y pasamos por la plaça de Els Reis de Mallorca. Continuamos recto, por la calle Bélgica, subiendo por una pronunciada cuesta. En la primera curva, dejamos la carretera de la urbanización que gira hacia la izquierda y seguimos recto, por un camino asfaltado que irá estrechándose y ganando altura, entre porxos de recolectores de aceituna, como el de Ca Nostra, donde culmina el Coll de l’Illa (39ºN 48. 304 / 002ºE 42.123).

La torre Picada

Reconoceremos el Coll de l’Illa por la caseta de Ca Nostra (un azulejo la delata) y por la pared y el portillo con barrera metálica. Detrás del portillo confluyen diversos caminos. Para visitar la Torre Picada tomaremos el camino de carro de la izquierda. Traza una curva a la izquierda y llegados a un descampado hay que seguir por el

camino de la derecha que nos conducirá hasta la Torre Picada.

Esta atalaya, una de las de mayor dimensión de toda la costa de Mallorca, se construyó entre 1614 y 1622 a raíz de la fracasada invasión de Sóller del 11 de mayo de 1561, cuando la armada turca compuesta por 22 galeones y 1.700 soldados y liderada por el pirata Otxalí fue frenada por el capitán Angelats, sus hombres, y también mujeres, como las Valentes Dones de Can Tamany. Con aquel desembarco, recordado en el Port con festejos el segundo domingo de mayo, se puso de manifiesto la imperiosa necesidad de proteger este tramo de costa. Mediante señales de humo de día y fuegos de noche, la torre se comunicaba con las de na Seca, en Escorca, y sa Pedrissa, en Deià.

Uno de sus cañones está apostado frente al Consolat de Mar, en Palma. Perdida su función defensiva, se destinó a la prevención del contrabando y, durante la Guerra Civil, a la vigilancia aérea.

Desde el portillo del Coll de s’Illeta también podemos conocer la zona de ses Puntes. Para ello hay que coger el camino que nos queda de frente y que baja buscando el mar. Después de un forn de calç, la pista se desvía a la izquierda y desemboca en ses Puntes. Fue aquí donde desembarcaron los piratas de Otxalí y donde un siglo después llegó el llaüt del patrón Mateu Roger infestado con la peste. Las primeras víctimas se registraron en la Torre Picada: el vigilante y su familia. Luego llegaron a contarse más de mil sólo en Sóller.

Situados de nuevo en el Coll de s’Illeta, seguimos nuestro itinerario. Caminamos de nuevo por asfalto, hacia la derecha (si venimos del Port). Una mirada retrospectiva nos muestra Torre Picada. El camino está salpicado por un gran número de casas de segunda residencia. Detrás se alza el penyal Bernat de la Illeta, referente paisajístico de la zona, una enorme y erecta roca que nace de las entrañas del puig de Bàlitx.

El camino de carro pasa a la sombra del penyal Bernat, donde describe dos curvas que nos hacen ganar altura. En el segundo serpenteo aparece a nuestra derecha una vereda con un empedrado escalonado que asciende directamente a las casas de Es Sementeret, adonde también va la pista.

Muy cerca encontramos la casa de can Joan de sa Dida, y junto a ésta, las cases de Ca les Bales, a la derecha del camino, bajo los precipicios del puig de Bàlitx. Continuamos avanzando y encontramos a la derecha el portillo de Can Bardí. Nuestra ruta sigue recto y salva un portillo que cierra el camino con una barrera metálica (39ºN 48.821 / 002ºE 42.798). A la derecha hay un paso entre las piedras de la pared caída.

El coll de Cala Ferrera

Superada la barrera, a unos veinte metros torcemos a la izquierda y después de una curva a la derecha encontramos un portillo sin barrera. Tras el portillo un camino desciende zigzagueante a nuestra izquierda. No lo cogemos. Seguimos por el de la derecha, un sendero pedregoso que encuentra árboles caídos y rocas desprendidas de las alturas. El camino se sitúa en posición sobre los acantilados, por lo que extremaremos las precauciones.

El camino tropieza con dos simas profundas y húmedas donde crecen las hiedras y poco después llega a una carbonera que nos señala una bifurcación de caminos. El que sale hacia la izquierda, en dirección al mar, desciende hasta la font del Joncar. El de la derecha, por el que íbamos y por el que debemos seguir, continúa en pendiente. Unos metros más adelante supera un paso entre las rocas en el que será necesario usar las manos (39ºN 49.152 / 002ºE 43.395). Encima del paso aparece una fita.

Avanzamos vertiginosamente hacia la base del penyal Bernat des Joncar, tan fálico como el penyal Bernat de la Illeta, y unas revueltas más nos sitúan en el Coll de Cala Ferrera, cerrado por un muro (39ºN 49.165 / 002ºE 43.471). Tras la pared, disfrutamos de una nueva panorámica dominada por el torrente de Na Mora, la torre de na Seca y el puig Major. Desde el pequeño collado de Cala Ferrera obtenemos una imagen indómita, dominada por el profundo torrente y las montañas que lo despeñan. En dirección nordeste, por un terreno con fuerte declive y siguiendo las fites, sólo los aventureros llegan al Pas de Na Cordellina, también conocido como Es Pujador.

El Pas de l’Heura

Desde el Coll iniciamos una fuerte bajada, tendiendo a la derecha, por un sendero casi desaparecido. Nuestro objetivo es acercarnos a la base del Pas de l’Heura, una cornisa rocosa que va subiendo de derecha a izquierda, de color rojizo por los óxidos de la roca. La subida por el Pas de l’Heura es aérea pero segura. Las fites nos hacen el camino, que en su parte alta traza un zig zag con sendas curvas, a derecha e izquierda.

A medida que recuperamos altura obtenemos otra perspectiva de la vaguada de Cala Ferrera y de su Coll y del tramo final del torrent de Na Mora. Desde la parte alta del Pas de l’Heura seguimos por un terreno muy irregular, con tendencia hacia la izquierda. La torre de na Seca se mantiene a la izquierda de la panorámica. Salvamos un paso con ayuda de las manos. El caos de rocas es absoluto.

Continuamos ahora hacia la derecha, siempre en busca de las seguras fites. Con dirección este, salimos del roquedal y llegamos a un llano. Poco después del llano encontramos una cuesta empedrada del camino viejo, desde donde despediremos el duro paisaje del Pas de l’Heura.

El camino empedrado se convierte de golpe en una pista, que nos llevará, hacia la derecha, hasta la Tanca dels Bous, una pequeña explotación ganadera que cuenta con una casa muy rústica, de piedra (39ºN 48.737 / 002ºE 43.886). Después de la Tanca dels Bous seguimos hacia Bàlitx d’Amunt, con el puig de la Bassa, redondeado y cubierto de bosque, a nuestra izquierda, como punto de referencia paisajístico.

A unos cien metros de un amplio portillo con barrera, hay que prestar mucha atención, al tratarse de una encrucijada de caminos que puede despistarnos. Nuestro itinerario gira a la izquierda y no supera el portillo con barrera. Nuestra pista desciende unos metros y enlaza, más abajo, con una curva de la pista de los Bàlitx.

En este punto (39ºN 47.929 / 002ºE 43.795), si giráramos a la izquierda, en descenso, llegaríamos en pocos minutos a Bàlitx d’Enmig, actualmente en proceso de restauración. Seguimos, pues, hacia la derecha, por la pista, que dibuja un zig-zag y nos descubre, más arriba, el Camí Vell de Bàlitx, empedrado. Lo dejamos a la izquierda y ponemos rumbo a otro amplio portillo tras el cual hallaremos, a la derecha, las cases de Bàlitx d’Amunt.

Avanzamos por un camino de carro, ancho y llano, y a poco más de diez minutos de las cases de Bàlitx d’Amunt dejamos a la izquierda la bifurcación del camino viejo de Montcaire.

A unos ocho minutos del cruce de Montcaire llegaremos a otra encrucijada. A la derecha sigue el camino viejo de Bàlitx a Sóller. Nosotros seguimos por el camino de la izquierda, dejando el más ancho para los vehículos. En pocos minutos accedemos al mirador de les Barques, punto y final de esta excursión, siempre que se haya previsto la combinación del medio de transporte. Desde la curva del restaurante del mirador de les Barques, según bajamos, a la izquierda, nace un camino que llega hasta Sóller pasando por el Santuario de Santa Maria de l’Olivar.

Guía de excursionismo de Mallorca, por Gabriel Rodas.