Al iniciar mis análisis semanales de vinos mallorquines en ‘La Almudaina’ de Diario de Mallorca, hace unos 30 años, dominaban en la isla los cellers dedicados al vino a granel, junto a unas 12 bodegas que embotellaban. Eran tiempos en que cuando hablabas de ‘marketing’ en el mundo enológico local, te miraban sin saber qué decir. Esta situación, ahora es casi impensable. En cuanto a los vinos, de ser difíciles de digerir, actualmente con unas cien bodegas locales en liza, hemos pasado a su aceptación. Vinateros y enólogos, en donde ha irrumpido la mujer con cierta fuerza, aportando empuje y delicadeza, logrando elevar calidad, audacia y variedad, ha hecho un a alto esfuerzo, en positivo. En tintos se ha logrado llamar la atención del exterior, mientras que la oferta de blancos y rosados, sin olvidar los de postre, supera en muchos factores a foráneos. La recuperación de uvas autóctonas, casi desaparecidas, ha sido un gran acierto. Tenemos vinos para poder competir, pero hay que saber promocionarlos adecuadamente y venderlos, algo en que se tienen que comprometer los actuales relevos de los bodegueros pioneros.