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De la cámara a la barra

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Bartomeu Font

Miquel Massutí lo dijo todo con su cámara en este periódico. En 2013, cambió de aires para dedicarse a su gran pasión, la música, y, sin aún saberlo, regentar junto a su socio Llorenç el restaurante Ses Deveres de Caimari.

Huele a blanco, sabe a bohemia y suena al compás del buen rollo. Massutí está dicharachero, se le ve contento y a la vez agotado. El motivo es el trabajo que da la terraza de Ses Deveres: bella y agradable para acoger durante el verano a más de 100 clientes casi cada noche, con mojitos y caipiriñas incluidos.

En los fogones, Margalida Gelabert, una de las cocineras, nos prepara un rico bacallà amb pebres torrats, asados por ellos mismos, en una base de patata panadera. Sus especialidades se basan principalmente en la cocina mallorquina, como también se demuestra en la pizza de lomo con sobrasada coenta, de base fina y crujiente. Sus sugerencias también incluyen la pizza de calabazín y queso de cabra, el cordero al horno, además de pambolis y ensaladas, por lo que el precio es asequible a cualquier bolsillo, de los 10 a los 25 euros.

Más que una piscina municipal

También ofrecen una selección de vinos mallorquines, en los que no falta el tinto Supernova de Tomeu Llabrés, alma de Can Verdura Viticultors (DO Binissalem), entre otros. Por otra parte, de lunes a viernes, sirven menú por 8,5, a elegir entre dos primeros, dos segundos, con postre y bebida incluidas. Tan solo falta decir que en Ses Deveres se encuentra la piscina municipal (quien lo diría) con unas vistas increíbles y, dentro de poco, los más ´paleteros´ podrán jugar en su nueva pista de pádel.

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