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Críticas de cine

Los estrenos de cine de esta semana: críticas de 'Cerdita', 'Halloween: el final', 'Peter von Kant', 'Diabolik'...

Los críticos de El Periódico analizan las películas que llegan este viernes a las salas de cine: 'Cerdita', 'Halloween: El final', 'Peter Von Kant', 'Diabolik', 'Girasoles silvestres' y 'La promesa de Hasan'

Fotogramas de ’Halloween: El final’, ’Cerdita’ y ’Peter Von Kant’. EPC

'Cerdita', de Carlota Pereda ★★★★

Guisos generacionales

En el seminal cortometraje 'Cerdita', Carlota Pereda ya proponía una combinación de lo más sugerente e insospechada: costumbrismo rural, gordofobia, 'bullying' y un 'psycho killer'. Y una protagonista totémica: Laura Galán. Esos catorce minutos de humillación y crueldad bajo el sol y el sudor inclemente de un verano extremo que sufría una chica, Sara, por parte de unas compañeras maltratadoras, se amplían ahora en una película que nos sumerge en las entrañas de la angustia adolescente herida por el abuso, situando el cuerpo de la mujer y la violencia estética en el centro del discurso. 

Por eso resulta tan estimulante que esa reflexión social se convierta en el germen de un dispositivo de terror puro en el que la carne se mancilla y se hiere de diferentes maneras. Como si 'Fat Girl', de Catherine Breillat se cruzara con 'La matanza de Texas' de Tobe Hopper a través de la grotesca crónica negra ibérica en clave pop.

Puede que la narración tenga algunos desequilibrios, que algunos elementos no terminen de encajar, pero no se puede negar la capacidad de Carlota Pereda para configurar un universo propio, para crear atmósferas de una incomodidad truculenta a la luz del día y para construir imágenes de una fuerza expresiva portentosa que, de forma instantánea, pasan a ocupar un lugar de culto dentro de la iconografía del terror contemporáneo porque están cargadas de un significado icónico. Y es que la casquería adquiere una razón de ser en 'Cerdita' con ese juego irónico que establece la cineasta para hablar de su protagonista a través de la esclavitud de mirada de los otros. Por eso no elude el 'gore', la sangre y las vísceras, la violencia en todas sus formas. Por eso se convierte en un festival catártico de liberación, de la carne, en efecto, y de los prejuicios. 

'Halloween: El final', de David Gordon Green ★★★★

La transmisión del mal

A David Gordon Green le ha tocado en suerte cerrar con su inteligente trilogía lo que John Carpenter abrió en 1978 con ‘La noche de Halloween’, uno de los filmes más influyentes del ‘slasher’ en particular y el cine de terror moderno en general. Gordon Green, con la complicidad de Jamie Lee Curtis, aquella canguro adolescente asediada por el psicópata enmascarado Michael Myers en la película fundacional de la saga, ha revivido y revitalizado el mito en tres filmes de métrica aplicada y perfecta. Tras ‘La noche de Halloween’ y ‘Halloween kills’ cierra el círculo con ‘Halloween: El final’, cuyo título no puede ser más concluyente.

Después de que el intento de explicar los orígenes de Myers por parte de Rob Zombie no acabase de funcionar, Gordon Green ha preferido prolongar el enfrentamiento secular entre Michael Myers y Laurie Strode. El rótulo inicial de esta última entrega es rotundo: Haddonfield, noche de Halloween de 2009. Haddonfield es más que una ciudad; es un estado de ánimo para el ‘slasher’. El director lo filma de manera perturbadora como una geografía determinante para esa transmisión del mal que supone Myers. Laurie dice que Myers es una infección, y de eso trata la película, con una inversión inicial muy curiosa –un canguro en vez de una canguro– y esos planos finales de los espacios de una casa sobre los que reverberan las últimas imágenes del filme de Carpenter. 

'Peter Von Kant', de François Ozon ★★★

Un ejercicio aplicado y fútil

La nueva película de François Ozon no se entiende si no es en comparación con el magistral melodrama dirigido en 1972 por R.W. Fassbinder en el que se basa, ‘Las amargas lágrimas de Petra Von Kant’; y sin embargo, irónicamente, ponerla frente a frente con él no le hace ningún favor. Si la aquella película era la historia del sadomasoquista triángulo amoroso que una diseñadora de moda mantiene con su protegida y su secretaria personal, esta reproduce las dinámicas psicosexuales pero altera tanto el género de su protagonista como su profesión -ahora es cineasta- con el fin de hacer explícitas las conexiones con la biografía de Fassbinder que en su día el propio Fassbinder mantuvo veladas. ¿Con qué fin? No se sabe.

Entretanto, se esfuerza por ser una obra mucho más accesible que su modelo: es 40 minutos más corta, sus diálogos son más prosaicos y sus personajes más elocuentes, y el tono es más liviano; el apartamento donde transcurre es menos claustrofóbico y, en general, apenas hay rastro en ella del tipo de intrepidez formal que tanto contribuyó a convertir su modelo en una meditación tan absorbente y cautivadora sobre el deseo, la obsesión, el narcisismo, la manipulación y la degradación. En última instancia, se muestra menos interesada en exponer y generar emociones auténticas o en reflexionar sobre algo relevante que en confirmar a Ozon como un buen estudiante del genio alemán. Y, de nuevo, cabe preguntarse: ¿para qué?

'Diabolik', de Antonio y Marco Manetti ★★★

Un vistoso envoltorio

El modelo en el que se basa el nuevo largometraje de los hermanos Antonio y Marco Manetti no es tanto la joya del ‘pop art’ homónima dirigida por Mario Bava en 1968 como, directamente, el cómic original creado hace medio siglo por Angela y Luciana Giussini y protagonizado por el ladrón del título. En concreto, su principal inspiración son las primeras series de esa publicación, durante las que el personaje era un tipo despiadado y cruel, aún no dotado de los valores morales y éticos que fue adquiriendo en viñetas posteriores.

En lo que probablemente es la primera entrega de una saga, vemos al criminal planear los robos de un diamante y de una caja de seguridad en un banco inexpugnable, y entretanto conocer tanto a su némesis como a la que se convierte en su cómplice y amante; asimismo, es capturado, juzgado y condenado a la guillotina. Mientras lo contempla, la película derrocha estilización tanto en esas vistas nocturnas de ciudades desiertas como en la colección de significantes hiperbólicamente sesenteros que exhibe, y parece mantener un ojo puesto en las convenciones formales del ‘giallo’. A nivel narrativo, eso sí, se muestra mucho menos sofisticada. La sucesión de los acontecimientos es simplista y predecible, y eso hace que el empeño de los Manetti en sobreexplicarla sea especialmente inoportuno. Por lo que respecta al antihéroe protagonista, no tiene más volumen que las páginas de papel sobre las que apareció inicialmente. 

'Girasoles silvestres', de Jaime Rosales ★★★★

Abre la puerta

La última película de Jaime Rosales narra en tres segmentos, y con un tono en principio algo desconcertante, una historia de masculinidad tóxica y el viaje de carácter interior, a nivel sentimental, que realiza una joven maltratada a la búsqueda de sí misma antes que de la felicidad absoluta. La joven es Anna Castillo. Encarna a una madre soltera con dos hijos. El joven es Oriol Pla, de modos algo exagerados en su papel de individuo tan seductor como violento. Ella se enamora de él. Él posee a ella. No la deja respirar. Se suceden los episodios de tensión hiriente, de violencia sugerida o manifestada. Pese a ello, hay momentos luminosos como la secuencia de la playa con la canción ‘Abre la puerta’ de Triana, grupo fundamental del flamenco-rock de los 70 del que Rosales utiliza después otra canción con mucho sentido.

Los otros dos segmentos tienden a un mayor uso de la elipsis, un terreno narrativo en el que Rosales se siente igual de cómodo a cómo ha utilizado las pantallas partidas (‘La soledad’) o el desorden cronológico (‘Petra’). Las cosas suceden rápidamente, pero esa aceleración es necesaria en el cómputo de lo que cuenta el filme: la desaparición de una niña en Melilla, un nuevo embarazo, un nuevo hijo. Dentro del tono del filme, lo que más me gusta es la forma que tiene Rosales de hacer perturbador lo que en apariencia no lo es, caso de la magnífica secuencia en el lago. 

'La promesa de Hasan', de Semih Kaplanoglu ★★★

Calma contra alta tensión

'La promesa de Hasan’, del realizador turco Semih Kaplanoglu, es un filme paciente que reclama también paciencia por parte del espectador para degustarlo mejor, de imágenes muy elaboradas: no hay un solo encuadre en la película del que tengamos la sensación de que no ha sido minuciosamente pensado, rodado ymontado. El cineasta cuenta una historia rural y de supervivencia, una de las temáticas del cine contemporáneo, en la que un agricultor ve amenazada su ya de por si precaria forma de vida por culpa de la instalación de una torre de alta tensión en el huerto frutal que cultiva.

Como en ‘Alcarràs’, sin ir más lejos, se enfrentan en el filme dos formas de vida antagónicas a la vez que se certifica la pronta desaparición de una de ellas, la de la gente que se gana el sustento con la agricultura familiar. Kaplanoglu se toma siempre su tiempo para mostrar los sentimientos de este individuo callado y calmado, una especie de David contra un Goliat sistemático que no sabe ni quiere saber de tradiciones seculares. El conflicto le sirve al director –que se dio a conocer hace una década y media con la trilogía ‘Huevo’, ‘Leche’ y ‘Miel’– para elaborar también el retrato de las relaciones familiares y el estudio de las convicciones religiosas. Todo ello ordenado con mesura audiovisual, aunque a veces, como en la secuencia de apertura en el pozo de agua, una estilización extrema se impone.

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