No sólo es muy desigual, con recursos que en ocasiones son divertidos y que en otras carecen de gancho, sino que se alarga en exceso y el retrato que pretende hacer del estereotipo de mujer francesa de hoy no es todo lo atinado y brillante que pretendía. Una película, por ello, de menor entidad que pone de manifiesto las lógicas limitaciones de una directora, la también actriz Audrey Dana, que debuta tras la cámara con el soporte de un guión, en el que también ha colaborado, con esquema de comedia romántica y brotes de humor aliñados con gotas de libertinaje.

Hay, en efecto, momentos en los que se consigue perfilar el carácter íntimo de las protagonistas, nada menos que once en un producto tipicamente coral, si bien a veces se recurre simple y llanamente a lo vulgar. Para tratar de pintar una mujer que sea real y que, bajo el prisma del género, refleje la amplia gama de elementos que forman parte de su condición, la directora, que asume el papel de Jo, se saca de la manga unos prototipos que abarcan todo un abanico de posibilidades.

Si en el plano afectivo y humano hay una representación muy nutrida, desde las insolentes y tiernas hasta las acomplejadas y agresivas, en el profesional incluye las que se dedican a los negocios, las que son amas de casa y se entregan a los hijos, las que siguen buscando al hombre de su vida y las que creen que son engañadas por el marido. En lo que atañe al sexo, casi todas son fogosas y ardientes y no falta la presencia gay.

La infidelidad se convierte en una constante que amenaza a todas las parejas y soluciones como la madre y esposa que se enamora de la canguro lesbiana solo se justifican porque había que meter este tema en la trama. Con nombres de relativo relieve, entre los que destacan la veterana y muy transformada Isabelle Adjani, la eficiente Vanessa Paradis, la exhuberante Laetitia Casta y la elegante Alice Belaide, se logra que el relato no pierda toda su intensidad.