La tremebunda fábula sobre dos niños deshumanizados por la crueldad de la Segunda Guerra Mundial surgida de la pluma de Agota Kristof, es adaptada a la gran pantalla tras serlo, con anterioridad, al teatro.

Como toda cinta que deviene causa nacional y cuyo objetivo, nada disimulado, es competir en los Oscar, la producción húngara peca de academicista, con una demasiado hermosa fotografía de Christian Berger, habitual de los trabajos de Michael Haneke (de hecho, el film comparte tono con La cinta blanca), o esos insertos de animación propios de una historia romántica.

Cierto es que la cantidad de atrocidades descritas en el libro habrían sido insufribles en una pantalla grande. A destacar el trabajo de Piroska Molnár como la abuela/ogro de los adolescentes. Una película correctamente perturbadora.