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Infancias revisitadas

El año que los directores de cine se pusieron nostálgicos

'Armaggedon Time' de James Gray y 'Los Fabelman', de Steven Spielberg, son dos de las numerosas películas recientes en las que directores de prestigio recuerdan sus infancias

'Los Fabelman', de Steven Spielberg.

Estos dos últimos años serán recordados como un momento en el que los cineastas volvieron a su infancia y a su adolescencia. Hace dos semanas se estrenó 'Armageddon Time' (2022), la nueva película de James Gray. En ella, el autor de 'La noche es nuestra' sigue las aventuras y desventuras de un niño, el más pequeño de una familia judía, en Queens en los años 80. Ese chaval, aun con otro nombre, es el propio Gray de niño. Más luminosa y pop, la película de animación 'Apolo 10 1/2: Una infancia espacial' (2021) también se alimenta de los recuerdos de infancia de su autor. La llegada del hombre a la luna es el telón de fondo de una película en la que Richard Linklater ('Boyhood. Momentos de una vida') rememora su infancia en Houston, Texas, a finales de los 60: la relación con su familia, el descubrimiento de la cultura popular, su fascinación por la carrera especial.

Otro cineasta que ha elegido este momento para recordar tiempos pasados es Paul Thomas Anderson en 'Licorice Pizza' (2021), sobre el despertar al amor (y a la vida adulta) de un adolescente en el Valle de San Fernando, Los Angeles, a principios de los 70. Por una cuestión tan sencilla como que no cuadran las fechas (Anderson nació en 1970 y las aventuras del protagonista de 'Licorice Pizza' suceden en 1973), la película del director de 'El hilo invisible' es menos autobiográfica que las otras dos. Aun así, se nutre de los recuerdos de infancia y adolescencia del cineasta, que también creció en el Valle de San Fernando, y de su amigo Gary Goetzman, productor que, igual que el protagonista de Licorice Pizza, fue un niño actor. Como ejemplo de lo personal que es la película, no está de más recordar un detalle compartido en la promoción: la familia en la ficción de Alana Haim, coprotagonista del filme, es su familia en la vida real. Y su madre fue la profesora de arte (y amor platónico) de Anderson en el colegio. 

'Armageddon Time' de James Gray.

A estas tres películas de naturaleza autobiográfica hay que sumarle uno de los títulos más esperados: 'Los Fabelman' (2022), la nueva película de Steven Spielberg, que se estrenará en España el 10 de febrero. Es cierto que las memorias de niñez del cineasta, sobre todo familiares, se cuelan en parte importante de su filmografía. Pero en 'Los Fabelman' recrea directamente su infancia: del divorcio de sus padres al momento en el que descubrió el cine.

Son cuatro películas muy distintas, pero en todas están la nostalgia, la crónica (más o menos de fondo) de momentos concretos de la historia de Estados Unidos y el despertar a la vida y al arte –propio o ajeno– de sus autores. Sin embargo, todavía más que esas coincidencias, lo interesante es por qué todos han elegido este momento para recordar sus infancias y convertirlas en película.

No son los únicos. 'Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades' (2022) no es exactamente lo mismo: la obra autobiográfica de Alejandro G. Iñárritu cubre un espectro más amplio, habla esencialmente de identidad y migración. Pero, aún así, también incorpora ese viaje a infancia y juventud. Y, fuera del paisaje estadounidense, 'Fue la mano de Dios' (2021), la más terrenal de las propuestas citadas hasta aquí, también se inspira en la adolescencia de su autor, el italiano Paolo Sorrentino.

'Fue la mano de Dios', de Paolo Sorrentino.

Es imposible saber el porqué de esta melancolía colectiva y masculina. Tal vez sea sólo cuestión de vanidad. Tal vez sea una pata más de la era de la nostalgia en la que vivimos. Tal vez, aunque la génesis de algunos de estos proyectos se remonte a muchos años atrás, la experiencia de la pandemia haya hecho que todos estos cineastas, al sentirse vulnerables, hayan usado el arte para hacer un balance precoz de sus vidas. Precoz porque no son películas de despedida, llamadas a cerrar o apuntalar el cierre de una carrera: excepto Steven Spielberg, los autores de estas películas tienen entre 50 y 60 y pocos años.

'Licorice Pizza', de Paul Thomas Anderson.

O tal vez, y debe haber muchas otras posibles explicaciones, todos han decidido volver al pasado, la mayoría en propuestas muy clásicas y enemigas de la urgencia, ante el vértigo por los cambios profundos (y quizá sin retorno) que está experimentando el cine estos últimos años. Aunque paradójicamente algunas se conciben en plataformas ('Apolo 10 1/2, Bardo' y 'Fue la mano de Dios'), todas estas películas tienen algo de cine de resistencia ante la incertidumbre y el cambio… Y todas llevan implícita la (auto)reivindicación de sus autores en un momento en el que el nombre del director ya no sale ni en el póster.

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