27 de septiembre de 2014
27.09.2014

Génesis y fin de la crisis, liberales contra socialdemócratas

Dos economistas mallorquines, Antonio Alcover y Pau Monserrat, el primero de tendencia liberal y socialdemócrata el segundo, diseccionan ampliamente las causas de la crisis y la anunciada recuperación en ciernes

27.09.2014 | 19:19
Génesis y fin de la crisis, liberales contra socialdemócratas
Los economistas llevan años debatiendo las causas que han precipitado a Europa a la peor crisis desde los tiempos de la Gran Depresión, allá por la década de los veinte del pasado siglo. Hay análisis antitéticos, radicalmente enfrentados. También, aquí, en Mallorca, las opiniones están divididas. La prueba la tenemos en lo que sostienen Antonio Alcover y Pau Monserrat. El primero es licenciado en Economía y Empresa por la Universidad Complutense y doctor en Economía por la UIB. Actualmente es profesor del Departamento de Economía Aplicada en la Universidad balear y director de la Escuela de Turismo Felipe Moreno. Defiende las teorías liberales, las que hoy gozan de un predicamento mayoritario en Europa. Por contra, Pau Monserrat, licenciado en Economía y Administración de Empresas, también por la UIB, autor del libro "La banca culpable" y fundador de "Iahorro.com", un portal de ahorro familiar y comparador de productos financieros, sostiene tesis que le conectan directamente con la socialdemocracia, con los economistas que siguen defendiendo la intervención directa de los estados en la economía. Ambos coinciden, eso sí, en destacar que la salida de la crisis va a ser lenta, que, por lo que atañe a España, tenemos un lustro por delante antes de que pueda hablarse de que la situación ha retornado a la normalidad, puesto que no se prevé una reducción significativa del paro hasta finales de la actual década.
A la pregunta de si por fin puede hablarse de que se ha salido de la crisis, Monserrat responde "sí y no, puesto que depende de lo que se entienda por salir". "Si por salir se acepta que técnicamente el PIB está creciendo –explica– se puede convenir que la recesión ha quedado atrás, pero de ninguna manera se puede olvidar la temporalidad y precariedad de los nuevos contratos de trabajo, los sueldos bajos y que FUNCAS estima que este año el paro será del 24 por ciento y el año que viene de más del 22 por ciento, a lo que hay que añadir que un porcentaje no despreciable en la caída del desempleo se ha debido a la reducción de la población activa, de las personas que buscan trabajo". Concluye su respuesta diciendo que "ha dicho depende, porque la salida de la crisis está siendo extremadamente lenta, lo que hace que no sea percibida por los ciudadanos, y, además, es inestable, puesto que no hay que olvidar que el endeudamiento de España es prácticamente inasumible".

Ritmo muy lento
La versión que ofrece Antonio Alcover difere en aspectos esenciales. De entrada, remacha que "se está saliendo de la crisis, lo que no implica que hayamos salido". "El problema –matiza– es que el ritmo está siendo lento, muy lento, con un contexto internacional que se ha deteriorado visiblemente: Francia e Italia no han llevado a cabo las imprescindibles reformas estructurales, al tiempo que en los países emergentes, China, Brasil y Rusia, entre otros, el crecimiento se ha ralentizado, lo que hace que se frene la demanda externa, el pilar en el que se ha basado la recuperación española". Dicho lo que antecede, el profesor Alcover destaca que una rebaja de mil parados al día constituye "una buena tendencia que no ha de ser menospreciada". "Sintetizando –precisa–: la situación ha mejorado, se ha abandonado el fondo del pozo, pero todavía no se ha salido del mismo".

¿Quién está pagando los costes? ¿Cuál es el precio que los ciudadanos tenemos que abonar para dejar atrás el desastre económico padecido? Alcover sentencia: "los desempleados han sido y son los grandes paganos, a lo que hay que añadir el gran aumento de las desigualdades sociales, puesto que son las personas que se han quedado sin trabajo las que padecen con mayor virulencia los costes, aunque indirectamente toda la sociedad española ha pagado los platos rotos, lo que, a su vez, ha hecho que en España se haya generado una tensión social importante, que también ha repercutido en una tensión territorial más que evidente".

El autor de "La banca culpable" no lo duda: "quien está pagando lo sucedido –asegura– es el estado del bienestar, los parados y los que trabajan, puesto que el mercado laboral es mucho más precario que antes de la crisis, los sueldos son notablemente inferiores y los autónomos, los grandes olvidados, están casi sin trabajo y empeñados hasta las cejas, porque la legislación española es muy nociva para ellos". Añade otro factor, el que denomina de "el gato escaldado", consistente en que no son pocos los autónomos que, al borde de la ruina, ahora no contratan a nadie, con lo que el empleo se resiente. "También hay que incluir en la corte de los damnificados –afirma– al cliente bancario, dado que las entidades financieras se han aprovechado hasta el límite tanto de su buena voluntad como de la ignorancia de muchos de ellos".

¿Había otra salida? ¿Se podría haber encarado la crisis con unos postulados opuestos a los que han imperado e imperan en Europa? Monserrat responde que "sin duda, porque siempre hay más de una salida, y la que se ha aplicado ha sido improvisada e interesada, debido a que carecemos de una clase política adecuada". ¿Por qué ha sido interesada? La contestación de Pau Monserrat es contundente: "porque las empresas del IBEX 35, los bancos y las clases sociales muy altas han hecho prevalecer sus intereses particulares sobre los generales". "La salida de la crisis –manifiesta– debería haber sido otra en la que más que rescatar a los bancos, porque ha habido un verdadero rescate del sistema financiero español, se tendría que haber optado por un reciclaje, entre otras cosas porque no es aceptable que, antes de rescatar con dinero público, no se haya sentando en el banquillo a los responsables del desastre". La cuantía del rescate la cifra en más de cien mil millones de euros, entre lo aportado por Europa, la cantidad puesta por el FROB y la garantía de los depósitos. "Se tenía que rescatar a los bancos, no a los banqueros", afirma con contundencia.

sin alternativas
Antonio Alcover retoma el hilo de la conversación para decir que "posiblemente había otras alternativas, pero no nos quedó más remedio que coger la salida de emergencia, lo que nos ha permitido salvarnos de la debacle en mayo de 2010, una debacle que era el resultado de las malas decisiones tomadas en años anteriores". "Además –prosigue–, el deudor, España, está en una posición de debilidad, por lo que no nos quedó más alternativa que la de aceptar las condiciones que se nos impusieron". En este punto, el profesor Alcover saca a relucir su ideología liberal al decir que "lo que se ha demostrado es que las predecentes políticas expansivas de carácter keinesiano han sido un fracaso, lo que ha hecho que nos hayamos quedado sin margen de maniobra".

Alcover corrige lo dicho por Monserrat sobre el rescate bancario. "El rescate ha sido el de la banca pública –dice–, de las cajas de ahorro, que eran entidades financieras públicas, sin accionistas privados, lo que tiene que quedar muy claro". Sigue diciendo que "las cajas de ahorro entraron en quiebra por haber hecho una lamentable exhibición de populismo haciendo creer que era la mejor banca de Europa". "No se supo medir el riesgo que se corría –prosigue–, y así fueron las cosas, de mal en peor". El profesor de Economía de la UIB informa que "el rescate ha sido muy superior a los estimados cien mil millones de euros, porque las entidades salvadas disponían de un valor neto positivo que ha desaparecido, puesto que hoy no valen nada o, simplemente, ya no existen". A modo de ejemplo pregunta: "¿cuánto valía Sa Nostra quince años atras...?" Otra de las matizaciones de Alcover incide en que al haber salvado a las cajas de ahorro, ser ha salvado a sus depositantes, así como a sus clientes prestatarios, no a un accionista privado, por lo que se puede afirmar que lo que ha hecho la sociedad es salvarse a sí misma". "En cuanto al debate acerca de las responsabilidades de sus gestores corresponde a los juzgados establecerlas", opina.

¿Cuándo y cómo? daremos por finiquitada la crisis. A lo dicho anteriormente sobre los plazos de salida añade Alcover que "se podrá decir que ha sido superada cuando las tasas de desempleo sean homologables con las existentes en la época anterior a la crisis, por lo que se estima que se tardará unos cinco años en reducir el número de desempleados en dos o dos millones y medio". El cómo se saldrá supone establecer un nuevo modelo social, que para Alcover significa que "quedará una sociedad más competitiva, más desconfiada y también mucho más solidaria". ¿Y la clase media? "A corto plazo desaparecera, para resurgir cuando se pueda disminuir el gasto público y la presión fiscal", asegura.
Pau Monserrat se muestra convencido de que "vamos a tener una sociedad más desequilibrada, con una clase media que se diferenciara de la baja en que simplemente podrá comer y pagar su hipoteca, se tratará de una clase media de subsistencia; también es verdad que la sociedad será más responsable y solidaria". Dicho esto, replica a Antonio Alcover sus afirmaciones sobre la banca destacando que "las entidades financieras privadas, se han adjudicado las cajas de ahorro a precios de risa, a veces pagando un solo euro y con el dinero del Estado; además, son responsables por omisión, porque sabiendo lo que ocurría no cumplieron con su deber de informar".

Otra de las precisiones que hace Monserrat, incidiendo en el campo político, es la de señalar que "corremos el riesgo de pasar de votar a partidos antipopulistas, que no nos resuelven los problemas, a otros partidos, claramente populistas, que tampoco los resolverán". A lo que hay que sumar, según Monserrat, que "vamos a tener una fuerza laboral muy competitiva que no tendrá correspondencia con el tejido empresarial, que será como el de antes; es decir, escasamente competitivo". "Lo competitivo –lamenta– serán exclusivamente los sueldos bajos".
La crisis ha incidido en Mallorca con fuerza, pero no de igual forma que en el resto de España. Al menos esta es la tesis que defiende Antonio Alcover. "Mallorca siempre ha sido un mundo diferente –dice–, muy volcado en el sector exterior, en el que las pérdidas y ganancias de competitividad se notaban mucho antes". "Aquí –aclara– cuando hemos hecho una devaluación de salarios como la que se ha llevado a cabo en España la economía ha reaccionado rápidamente, cosa que también ha ocurrido an anteriores devaluaciones, debido a que la dependencia del sector exterior, mucho más dinámico que el español, hace que la reacción a los estímulos sea casi inmediata".

el turismo y los hoteleros
Monserrat acepta que en Mallorca la industria turística "marca la diferencia". Pero señala que por lo que atañe a la "microeconomía", se han cometido los mismos errores que en el conjunto de España. "Hemos confundido el interés general –afirma– con el exclusivamente particular de los hoteleros cuando sus intereses demasiadas veces no coinciden en absoluto con el interés general". "El ejemplo de la regulación de los apartamentos residenciales es suficientemente ilustrativo", argumenta. "Cómo puede aceptarse –prosigue– que se frene tal regulación, necesaria para dinamizar la industria turística y hacerla más competitiva y versátil, porque los hoteleros se oponen, por su exclusivo interés". "Francamente –asegura–, es inexplicable que se dé tal situación y nadie la corrija de inmediato".

Alcover considera "controvertido" lo enunciado por Monserrat. "En la década de los años noventa –dice– se creía firmemente que limitar el crecimiento turístico para no destruir el destino era imprescindible por lo que se aprobaron medidas enormemente restrictivas". Hoy en día –añade– la competitividad de los destinos turísticos depende de una variada panoplia de factores, que incluyen la innovación, imaginación, amabilidad y simpatía del producto que se ofrece al cliente". "Una legislación restrictiva, como la aprobada en la década de los noventa, está claramente reñida con la innovación, por lo que es necesario dar un voto de confianza a los empresarios", sentencia.

No todo son discrepancias entre Alcover y Monserrat. Ambos exhiben sintonía cuando analizan la economía europea, puesto que coinciden en afirmar que es necesario sacarla de su actual estancamiento poniendo en marcha los estímulos necesarios. Destacan que las actuaciones del Banco Central Europeo son positivas e igualmente coinciden en asegurar que se requieren reformas estructurales para que se pueda salir de la actual situación de atonía. El miedo a la deflación está presente en el análisis de ambos economistas, al igual que España pueda verse arrastrada a una nueva recesión si se detiene el motor de las exportaciones, en caso de que las economías más potentes de las Unión Europea, con Alemania a la cabeza, no den nuevamente señales de fortaleza.

Eso sí, ambos sostienen sus tesis iniciales: el profesor Alcover la de que la "salida de emergencia" que tuvo que adoptar España nos salvó de males mayores, y que la debilidad de nuestra situación nos obligó a aceptar las condiciones que Europa nos impuso. Monserrat reitera que se hubiera podido actuar de forma diferente, menos lesiva para los intereses de los trabajadores, de los asalariados españoles. El hecho de que se hayan privilegiado los intereses de muy concretos sectores empresariales y de las entidades financieras, que han tenido prioridad sobre otros, es lo que ha llevado a que "el sufrimiento" no se haya podido atenuar en los años precedentes. "Se ha rescatado a los bancos –afirma–, pero demasiadas veces se han olvidado de las personas, y esa es la situación que todavía perdura".

margen de maniobra
La ausencia de "margen de maniobra" esgrimida por Alcover o la constatación de que "el estado de binestar" está siendo progresivamente desmantelado o, como mínimo, reducido sensiblemente, que es la constatación inapelable que destaca Monserrat, son argumentos que uno y otro utilizan a la hora de insistir en que estamos donde estamos casi por un imperativo histórico, por una fatalidad del destino que se ha cebado con los españoles.
A modo de conclusión destilan unas gotas de optimismo, conceden, especialmente el profesor Alcover, que la crisis se superará, aunque para ello tengamos que aguardar todavía un lustro, y que después, se podrá volver a una tasas de crecimiento sostenidas que llevarán a una igualmente sostenida creación de empleo. Desde luego, la "alegría desbordante" de los años inmediatamente anteriores al inicio del desastre por descontado que no volverá. España, esta vez sí, cuando todo haya pasado, no volverá a ser jamás la que fue. Pau Monserrat no lo pone en duda, aunque reitera que los responsables del desaguisado bancario, los fundamentales culpables de que se tuviera que pedir a Europa el rescate, una y otra vez negado por el Gobierno, que en todo momento ha insistido en que, como dijo el presidente Rajoy, fue un "préstamos en unas condiciones muy favorables", deberían haber respondido ante la Justicia y haberlo hecho con anterioridad al rescate, a fin de que los ciudadanos hubieran visto una actuación ejemplarizante.

"La sociedad española ha padecido mucho, lo que hace que la tensión social sea importante y las tensiones territoriales estén complicando la estabilidad institucional". Esa es la conclusión final del profesor Antonio Alcover. Para Pau Monserrat no hay otra posible que la machaconamente expuesta: la progresiva laminación del estado del bienesta con la consiguiente pérdida de derechos esenciales por parte de los trabajadores.

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