Aún es pronto para hablar en Mallorca de una escena swing estable -faltan locales, escuelas especializadas-, pero en los dos últimos años ha reverdecido en la isla este baile surgido en Nueva York a finales de los años 20. Un auge en parte provocado por el influjo que ejercen Barcelona y la población extranjera de Europa en el territorio balear, dos lugares donde el swing viene campando a sus anchas desde hace un lustro.

Un termómetro de ese campo de cultivo de baile vintage con aires de Harlem es el Cabaret Galàctic de la calle Murillo de Palma, el único club de swing de la isla. Los jueves, los viernes y los sábados la pista se abre de par en par a los bailarines del enérgico Lindy Hop, una serie de movimientos concatenados que pusieron de moda los afroamericanos en la neoyorquina sala Savoy y que los hipsters de la Gran Manzana vienen reivindicando en la última década. Estos pasos idóneos para la innovación y la improvisación en plena libertad que llevan desgastando millones de suelas de zapatos en todo el mundo son los que Edgard Ginard y Joana Maria Maimó, profesores, swingers de primera generación en Mallorca y responsables de la asociación isleña Idò Swing, comienzan a enseñar en el Galàctic a un grupo de iniciados que llegan con calzado plano para practicar las famosas kicks o patadas, el paso triple, el step, el rock, o el whip con el cuerpo siempre en estado de bouncing, ese balanceo característico que va marcando el ritmo musical de temas cuya expresión musical inventaron genios como Duke Ellington, Benny Goodman o Fletcher Henderson. El éxito de este tipo de baile radica, sobre todo, en su capacidad para que la gente socialice entre sí. "No es un baile de salón al uso y tampoco hay una coreografía a seguir. No necesitas pareja para bailarlo y, si la tienes, son habituales los cambios de partenaire. También es habitual ver a chicas bailando juntas o a chicos", refiere Xisco Juan, coordinador de la sección festivo-social de Idò Swing. "Es un poco volver a la esencia de aquellos años, cuando no había internet ni redes sociales, una época en que la gente sólo se conocía cuando salía a bailar", agrega.

En la clase del pasado jueves, la mayoría de público contaba con edades comprendidas entre los 30 y los 45 años, "pero también vienen parejas más mayores de cincuenta, gente con cierta experiencia en el baile de salón", explica Margalida Mateu, también miembro de Idò Swing y conductora de un programa sobre esta temática (Sing sing sing) en Ona Mediterrània. "También practicas deporte, porque es bastante enérgico y ágil, y además todo el mundo lo puede bailar aprendiendo un par de pasos básicos", asegura. "Lo de los saltos a varios metros y filigranas llega después", asegura. "Es curioso -observa-, porque a los hombres les suele costar más apuntarse a clases de danza, pero vienen muchos a probar con el swing", constata. Dan fe de ello los alumnos Jaume Payeras y Guillem Coll, que jamás habían recibido lecciones de baile. "Somos un grupo de solteros sin remedio. La culpa de que estemos aquí es de unas amigas y nos está gustando mucho por el buen rollo que transmiten estos movimientos y la música, que es lo que en realidad nos gusta de todo este renacimiento swinger", comentan.

En la clase, llega el momento de explicarles a los alumnos los roles que se establecen en el Lindy Hop. Edgard Ginard les expone que siempre hay un leader que va marcando las indicaciones y un follower que va siguiendo esas pautas. "El hombre suele dirigir, pero a veces es al revés. Aunque en este baile, todo hay que decirlo, está permitido que el follower también se puede rebelar e imponga en algún momento su pauta", apunta.

De momento, Mateu calcula que en Mallorca debe haber unas 500 ó 600 personas que bailan Lindy Hop, "aunque de manera asidua somos un centenar", número que va en aumento. Una señal de que esa cantidad se está disparando es que dos profesores de Barcelona, Basilio González (experto en claqué) y Anna Subirana, abrirán en Palma la escuela Tandem Club. "En tres meses que llevan en la isla, impartiendo clases en el Victory´s o en S´Escorxador, han conseguido una cartera de 150 alumnos", calcula Mateu, quien recientemente ha estado bailando swing en Madrid. "Comparado con la capital, me he dado cuenta de que en Mallorca tenemos la gran suerte de contar con bandas que tocan nuestro tipo de música en directo y nosotros podemos bailar con ellos", asegura. Eso sí, "no tenemos lugares suficientes para ir a bailar", lamenta. "Por eso, a veces organizamos encuentros en la calle -clandestinas, les llaman-, aproximadamente cada 15 días, en diferentes lugares de Mallorca. Nos llevamos el amplificador y nos ponemos en plazas o donde sea para practicar", aseguran. A veces, incluso, optan por elegir un vestuario vintage muy años 20, como los vestidos con vuelo, las faldas vaporosas, los topos o las boinas swing.

Lo más adecuado para el Lindy Hop, comentan, es el parqué encerado, "y por aquí no tememos la posibilidad de disfrutar de un lugar con ese tipo de suelo. Por eso, para patinar y deslizarnos, a veces nos ponemos polvos de talco en las suelas". Asimismo, los swingers isleños reclaman más atención por parte de la Administración. Un viaje reciente a Valencia les iluminó sobre el uso de espacios públicos para las concentraciones. "En el IVAM pudimos estar cada día hasta las 5 de la mañana bailando y recibiendo clases de los mejores profesores del mundo", refieren. "¿Crees que eso sería posible aquí?", se preguntan. Un paso tímido en este sentido fue el que se dio el pasado mes de enero en Es Baluard durante la fiesta del décimo aniversario, donde la pista del Aljub fue tomada por los rebeldes del swing, ese baile que se nutrió del charlestón y del jazz.

Amén del Cabaret Galàctic (que espera ampliar las clases al miércoles) y las clandestinas, el puente del mes de mayo los swingers mallorquines tomarán en la isla las lecciones que ofrecerá el director de la escuela barcelonesa LindyHop.cat, Aitor Leniz. También prometen su asistencia al concierto que ofrecerán en el Teatre de Lloseta las O Sister! de Sevilla. En el horizonte y como deseo, queda la posibilidad de organizar un festival propio en la isla. Un sueño que cada día se acerca más.