El “raca raca” o el ruido político en aumento en las últimas semanas en España influye en la movilización del electorado, pero no siempre en el mismo sentido. Los expertos subrayan que el control de la agenda política en el primer trimestre del año será clave para que la bronca no redunde en una desmovilización que suele castigar más a la izquierda que a la derecha. Si el eje sigue siendo el debate territorial, el PSOE se debilitará y el PP se reforzará. Si por el contrario la agenda social o la política económica vuelve al epicentro, los electores de izquierda tendrán más motivos para acudir a las urnas.

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), del mes de diciembre, arroja una bajada del PSOE de dos puntos, mientras que el PP sigue recortando posiciones, se queda a dos del partido del Gobierno. La reforma en el Código Penal de los delitos de sedición y malversación castiga al Ejecutivo de Pedro SánchezEl PP juega a esa estrategia. Los populares no ocultan que les interesa el ruido bronco contra el Gobierno. Entienden que eleva la fidelidad de su electorado y que erosiona al PSOE, debilitando a Sánchez.

Las bazas del PP de Alberto Núñez Feijóo para recortar distancias son dos: el trasvase de votantes socialistas y la abstención del electorado socialista. Las ‘tripas’ de ese último sondeo del CIS señalan que el PSOE cede votos al PP, a Cs y a la abstención. Si mengua la fidelidad del electorado socialista, se beneficia la derecha. Un 6,8% de votantes socialistas se pasarían al PP, dice el sondeo. El 4,8% de votantes socialistas no acudiría a las urnas.

Génova juega siempre con esa cifra del millón de votos en el espacio del centro moderado. Una bolsa clave que PP y PSOE van a disputarse y que determinará quien gobierna tras las próximas elecciones. Fue la estrategia en Andalucía. Primero, en 2018, el PP de Juan Manuel Moreno logró el Gobierno gracias a los 400.000 socialistas que no acudieron a votar y se quedaron en la abstención. Este mes de junio, el PP consolidó su posición gracias a un trasvase de votantes socialistas a sus filas que el CIS fijó en un 15,6%, unos 150.000 votos. Con esos dos factores juega el PP pensando en las generales.

Desempate de bloques

En España las elecciones siempre se juegan en un desempate de los bloques de izquierda y derecha, que aglutinan cada uno alrededor del 10,2 o 10,4 millones de votantes. Para romper ese equilibrio la clave está efectivamente en la transferencia entre bloques aunque ese trasvase no se produce en todas las comunidades. Se dio en Madrid o en Andalucía, explica el politólogo Pablo Simón, pero no se produjo en Castilla y León ni en Cataluña. Los últimos datos de sondeos como el de 40dB, publicado por El País y la Ser, apuntan a que la transferencia de votos del PSOE al PP era el doble a principios de septiembre que ahora, lo que llevó a concluir que el ‘efecto Feijóo’ se estaba desinflando. “Esa estrategia de transferencia de votantes de las filas socialistas a las socialistas funcionó muy bien en Andalucía pero entonces Moreno era presidente de la Junta y es mucho más complicado siendo líder de la oposición”, advierte Simón.

En septiembre, el PSOE había logrado activar a su electorado con su agenda social y el paquete anticrisis lanzado por Sánchez en julio (prórroga del céntimo a la gasolina, transporte gratuito, impuestos a la banca y energéticas, ayudas sociales...). La vuelta al debate territorial, el pacto con ERC para reformar el Código Penal o el pulso con el poder judicial, cambian los ejes del debate a favor del PP. Esta semana, el Gobierno vuelve a aprobar un tercer paquete de medidas anticrisis con el que quiere volver a tomar el control del debate público, incidiendo en el control del precio de los alimentos.

Competición abierta

“Cuando la polarización se traduce en que hay una competición electoral muy activa, cuando los principales actores políticos generan la impresión de que pueden ganar, se registra una alta participación electoral”, advierte el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III. “La clave está en los temas de campaña, entorno a qué gire esa polarización, la pelea está en la agenda”, advierte. Por eso el control de la agenda el primer trimestre del próximo año, con municipales y autonómicas en mayo, será crucial. “En el tema social la izquierda compite mejor. En el tema territorial, donde la izquierda abraza más contradicciones, la derecha se moviliza más”, considera.

El control de esa agenda no es nada fácil. El Gobierno de Sánchez calculó zanjar todos los temas que le perjudican electoralmente en el último tramo del año con el objetivo de arrancar 2023 centrado en su agenda económica y social. La crisis institucional y el choque con el Constitucional ha sido su primer gran tropiezo. Las consecuencias que pueda tener la reforma del Código Penal, si se convierte en un coladero de rebajas de penas para corruptos, como ha ocurrido con los agresores sexuales en la ley del sí es sí, es otro frente incontrolable. Así como las exigencias que sus socios independentistas en Cataluña sigan poniendo sobre la mesa o los efectos de las rebajas de penas para sus dirigentes implicados en el procés.

Tampoco es fácil gestionar la agenda social cuando genera choques entre el PSOE y sus socios de Gobierno de Unidas Podemos. Se ha visto con leyes clave como la ley del sí es sí o la ley trans, así como la ley de protección animal, que evidencian los distintos modelos de la izquierda y una pugna por las conquistas sociales que acaba también generando un ruido que no es fácil de gestionar para el Gobierno. Con todo, el bloque progresista acaba el año más cohesionado.

El modelo Zapatero

La politóloga Berta Barbet advierte que no es verdad la regla de a mayor polarización, más desmovilización del electorado de izquierda. Cree que el ejemplo más reciente en España se libró en las elecciones de 2008, donde el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero logró imponerse en mitad de un importante ruido político. “La polarización también puede tener ventajas para la izquierda. Si el conflicto es sobre el modelo de España la izquierda está perdida. Si es sobre lo que está en juego para los derechos sociales, la izquierda gana, ahí estuvo Zapatero”, señala Barbet.

El choque con el Tribunal Constitucional y el pulso por la reforma del poder judicial es un asunto que incide en la bronca pero que no acaba de ser comprendido por el ciudadano, que no ve como afecta en su día a día. En ese ruido, “que es solo crispación por crispación”, Barbet apunta que gana también el PP. Otra cosa es si el Gobierno, por ejemplo, logra desviar el foco a las conquistas de derechos sociales que están en juego en el Constitucional, donde se dirime el futuro de la ley del aborto, la eutanasia, la reforma laboral o la reforma educativa, asuntos ideológicos donde el PP también tiene diferencias internas. “A veces nos confundimos. La polarización puede ser un discurso super agresivo o diferencias profundas y grandes entre los partidos”, señala la politóloga.

La crisis de inflación

“En mitad de una crisis económica distinta, que no conocíamos desde los 90, porque es una crisis de inflación donde se disparan los precios pero no se destruye el empleo, el Gobierno peleará por volver a poner el foco en lo económico y el PP de Feijóo por desviarlo a otros asuntos”, augura Simón. Recuerda que esto supone un cambio respecto a la estrategia con la que el líder gallego aterrizó en la política nacional, vendiéndose como un gestor solvente con capacidad de gestión y gobierno. “El PSOE ha encontrado ahí un punto para erosionar la imagen de Feijóo, por eso trata de viralizar cada vídeo con un error o un dato fuera de contexto del dirigente del PP. El objetivo va a ser desacreditar su perfil político”, avisa Simón.

Incluso en Cataluña, el PSOE gana en el debate económico. La opinión de los catalanes sobre el Gobierno ha cambiado mucho. Un porcentaje de votantes de ERC declaran ahora que tienen al PSC como segunda opción. Eso hace cinco años era impensable”; apunta Barbet. “Creo que el Gobierno en general gana alejándose del debate territorial. Incluso con los catalanes ganan mucho más si se centran en su programa económico”, apostilla la experta.

Madrid, un 'micromundo'

“Lo de Madrid es un poco ‘micromundo’. La tensión que hay en la capital no se corresponde con lo que ocurre en otros puntos de España”, advierte Barbet, que considera que mientras que en la política madrileña, con la presidenta Isabel Díaz Ayuso en cabeza, se ha ido recrudeciendo el enfrenamiento político en otras comunidades como en Cataluña la crispación se ha ido relajando de forma importante. “En Andalucía, que tuvo sus elecciones en junio, también se dio una dinámica muy particular, al margen de la bronca como eje. Todo lo contrario”, recuerda la politóloga. En las elecciones autonómicas de mayo, Madrid o la Comunidad Valenciana tendrán sus propias dinámicas, marcarán sus agendas, mientras que otras como Extremadura o Castilla La Mancha pueden verse más influenciadas por la política nacional. “De la habilidad de sus presidentes para marcar el terreno de juego, de marcar un debate distinto y un marco de discusión alejado de Madrid dependerá mucho el resultado electoral”, advierte la doctora en Ciencias Políticas. “Además hay algo que yo repito mucho. Si fuera por lo que ocurre en Madrid el Gobierno de España ahora mismo sería otro. Madrid no determina lo que pasa electoralmente en el resto del país. Los políticos tienden a esa desconexión, a meterse en esa burbuja, pero si toda España fuera como Madrid, insisto, el Gobierno hoy sería otro”, concluye.