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Diada 2022

El apoyo a la independencia de Cataluña alcanza el nivel más bajo de todo el procés

Desde la primera Diada masiva, en 2012, el 'sí' ha retrocedido 16 puntos y el 'no' le saca ahora 11 puntos

Manifestacion de la Diada en Barcelona. Manu Mitru

El presagio se cumplió y la Diada de 2022, la del décimo cumpleaños del procés, fue la más tensa de la década en el seno del independentismo, que exhibió la desunión que reconocían en este diario los cuatro líderes que ha tenido en este decenio la ANC. La manifestación de la Assemblea, con sus presencias y sus ausencias, plasmó en la calle esa división y, con un seguimiento muy alejado de aquellas grandes movilizaciones, evidenció también lo que la demoscopia y las urnas reflejan desde 2012: los independentistas son muchos, pero ahora son menos que antes.

Es cierto que las estimaciones de la demoscopia y el veredicto de las urnas demuestran que las opciones independentistas han crecido desde el 2010, año del recorte del Estatut, hasta situarse en el epicentro del tablero político. Pero emergen en paralelo dos realidades: los apoyos son enormemente volátiles en función de la coyuntura y de los vericuetos del procés y el secesionismo solo ha hallado de momento la cima del 50% de los votos (y con matices) en una de las 12 convocatorias electorales celebradas desde el veredicto del Estatut (las autonómicas de 2021). Decimos con matices porque, pese al mantra del 52%, la suma de los tres partidos independentistas con representación en el Parlament (ERC, Junts y CUP) se quedó en el 48,05% en febrero del año pasado.

Desde junio del 2011, el Centre d'Estudis d'Opinió de la Generalitat (CEO) pregunta a los catalanes qué votarían en caso de celebrarse un referéndum sobre la independencia. El ‘sí’ comenzó siendo la respuesta mayoritaria y tocó techo tras la primera Diada masiva, alcanzando el 57% en octubre de 2012. Solo se mantuvo por encima del 50% hasta la consulta del 9-N de 2014, y luego permaneció por debajo incluso con los episodios convulsos del otoño de 2017. De hecho, a partir de 2015, el porcentaje ha ido oscilando entre el 41% y el 48%, pero el 'no' se ha impuesto en numerosas ocasiones, sobre todo en los momentos de ‘impasse’ en la hoja de ruta soberanista. En el último barómetro, el pasado julio, el 'sí' se situaba en el 40,9%, la cota más baja de todo el procés.

De manera inversamente proporcional, el 'no' a la secesión ha ido también fluctuando durante la última década y ha llegado a su nivel más alto en el sondeo de julio, con un 52,2%, siendo la tercera vez desde 2015 que los detractores de la independencia sobrepasan el 50% en la encuesta del Govern.

No obstante, el CEO también incluye en sus encuestas trimestrales una pregunta que lleva haciendo desde su creación, en el 2005: "Cree que Cataluña debería ser...". Las diferencias con la pregunta anterior es que en este caso se dan cuatro opciones de respuesta –autonomíaestado independienteestado dentro de una España federal y región española– y no se coloca al encuestado ante la tesitura de un referéndum, sino que se le pide cuál es su modelo territorial preferido. Refleja, pues, una respuesta más sentimental.

La primera vez que preguntó, en junio de 2005, con la reforma estatutaria en ciernes, tan solo el 13,6% apostaba por la secesión, la autonomía era la vía favorita con un 40,8% y la opción federal cosechaba un 31,3%. Pasados 10 años, el estado independiente lo pide el 34,1% (el porcentaje más bajo de la década del procés), a la autonomía se ancla el 29,9% (el segundo dato más alto desde 2012) y el federalismo se queda en el 21,5%.

También en este caso las fluctuaciones han sido una constante. El statu quo y la vía federal se disputaron la primera plaza hasta que la irrupción del 'procés'. En junio del 2012, con el pacto fiscal pendiendo de un hilo y la primera Diada masiva a punto de caramelo, tuvo lugar el gran vuelco: el independentismo se impulsó del 29% al 34%, quitándole la medalla de oro al federalismo. Cuatro meses después, pasado el Onze de Setembre, el porcentaje ya era del 44,3%. El techo hasta el momento se sitúa en el 48,5% en noviembre del 2013, y desde el convulso otoño del 1-O y la DUI, la cota se queda siempre por debajo del 40%.

Si pasamos de las encuestas a la realidad del escrutinio electoral, lo cierto es que el independentismo logra ganar en las urnas, pero no crece en adeptos. De hecho, en las últimas elecciones catalanas, perdió gran cantidad de apoyos, en gran medida, por el hundimiento de la participación. En números absolutos, ERC, Junts, CUP y PDECat sumaron 1.443.273 votos, lo que representó su peor registro en unas autonómicas.

Respecto a las autonómicas de 2017, en las que se batió el récord de participación y de voto independentista (2.079.764 sufragios), supuso un retroceso de 636.491 papeletas. Pero no solo rebajaron la cota en unos comicios catalanes. En las elecciones europeas de 2019 hubo 1.720.550 votos secesionistas; en las generales, 1.642.063; y en las municipales, 1.583.469.

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