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Diario de Mallorca

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Aniversario de las elecciones

Pere Aragonès: un año de pactos y rupturas

Al año de los comicios que le auparon al poder, el 'president' encara la legislatura sin socios estables, tras haber logrado, previamente, acuerdos con hasta cuatro fuerzas

Pere Aragonès sale de la sede de ERC el dia después de las elecciones autonómicas.

El lunes se cumple un año del ‘sorpasso de San Valentín’, el día que, por primera vez desde el restablecimiento de la democracia, el espacio convergente (CDC/CiU) y posconvergente (Juntsfue superado por el republicano, abriendo la puerta a un presidente de ERC, algo que no sucedía, por mandato de las urnas, desde 1936. En este año que va de San Valentín a San Valentín, el agitado panorama político ha producido un sinfín de arrebatados idilios y de sonadas rupturas, dando lugar a una curiosa paradoja: el 'president' Pere Aragonès ha logrado pactos, de distinto rango, con cuatro partidos, pero llega a este primer aniversario del 14-F aparentemente solo. Eso sí, sin que eso ponga en riesgo, a corto plazo, la legislatura. O al menos esto arguyen los republicanos.

Ampliando el zoom, la trinchera independentista sigue tan fragmentada como hace un año, ya que el espejismo del pacto de investidura con la CUP duró apenas cinco meses. El principal cambio que ha vivido este frente es el inevitable paso del tiempo, ya que en estos doce meses los déficits de la mesa de diálogo y su derivada, la necesidad de buscar otra vía para resolver el conflicto de soberanía, ha quedado más palmariamente demostrada para el independentismo. Una otra vía o plan b sobre la que tampoco hay líneas de acuerdo y que, por ejemplo, la mismísima ERC, paladín siempre en defensa de la mesa, ha empezado a bosquejar puertas adentro.

Gobernar junto con la propia némesis

El único apoyo que mantiene Aragonès, eso sí, el más importante, es el pacto de gobierno con Junts. Sin embargo, los posconvergentes son la némesis de los republicanos y sus rifirrafes son casi diarios. Valga un ejemplo. Junts denosta la principal apuesta estratégica del ‘president’, la mesa de diálogo, foro en el cual, además, de momento no participan, a pesar de que es un espacio entre gobiernos.

Junts domina el 50% del Govern y es cierto que los posconvergentes de dentro del Executiu no generan ruido interno. O no al menos como el que provoca el partido y alguno de sus líderes, singularmente, Laura Borràs. Eso no ha evitado algún choque de cariz ideológico, por ejemplo, con la ampliación del aeropuerto de El Prat.

'Junts-Govern' emite muchas menos distorsiones sobre el pacto con ERC que 'Junts-partido'

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El primer acuerdo, en orden cronológico, que trazó Aragonès fue con la CUP. Nuevo motivo de conflicto, por cierto, con los que a la postre son sus socios en el Govern, Junts, que se sintieron ‘puenteados’. El pacto con los anticapitalistas obedecía a un interés táctico de, por un lado, propiciar la investidura del republicano, y, por el otro, escorar la obra de gobierno hacia la izquierda, restando peso relativo a Junts, al espacio de centroderecha.

Denuedos republicanos

Esta quita de peso relativo es la que aún propicia los denuedos de ERC por no alejarse en demasía de la CUP, algo que, visto lo sucedido esta semana, no parece que haya prosperado. Y es que los anticapitalistas, el miércoles, ratificaron con dureza el portazo a Aragonès dado con motivo de la negociación presupuestaria. En los dos campos de juego de la política catalana, el del 'día a día' y el del ‘procés’, las diferencias son muy grandes. En el primero, el apoyo del Govern a los macroproyectos, como el Hard Rock tarraconense y los JJOO de los Pirineos, entran en colisión con los postulados ideológicos de la CUP. Y, como ocurre con Junts, la mesa de negociación es entendida como una cosa propia de ERC y una etapa sobre la que hay que pasar ya página.

Las relaciones entre el espacio ecosocialista y ERC, como tantas otras, siempre oscilan, cual péndulo, entre la cordialidad y el vitriolo. Si a principios de siglo el sector soberanista de ICV barruntaba cómo comerle el terreno a los republicanos, ahora es Esquerra la que pone cerco a la bolsa de votantes de los ‘comuns’. El péndulo también ha obrado en este año. De la hiel de la investidura a la miel de los presupuestos para acabar, también esta semana, volviendo a la fase inicial por cuenta de la reforma laboral.

Las relaciones en este año entre ERC y los 'comuns' han oscilado, como es norma histórica, entre la cordialidad y el vitriolo

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El precio de la "centralidad"

Aragonès llega a este primer aniversario únicamente arropado, curiosamente, por las buenas palabras de Salvador Illa. Que sea el jefe de la oposición levanta siempre la duda sobre la sinceridad o el interés del intento de seducción y de que la intención última no sea provocar un 'abrazo del oso'. El socialista acudirá a la conferencia que Aragonès dictará el lunes en el MNAC, dijo Illa, para detectar en qué asuntos se pueden construir consensos. Algo que ERC trata de evitar, a menos que sea aritméticamente necesario (como el acuerdo de la renovación de los cargos de los entes de la Generalitat) por cuanto supone dar relevancia y visibilidad a su principal rival en las municipales de dentro de 15 meses.

Fuentes republicanas reconocen todo lo anterior y señalan que esa aparente soledad es el "precio que hay que pagar por estar en el centro”. Una centralidad que le supone tener muchas ‘fronteras’ y muchas opciones de pacto. Y también ser el “enemigo a batir por todos”. El plan de la legislatura, afirma una voz de ERC “será el mismo, la vía amplia": intentar pactar con la CUP y con los ‘comuns’. Y es que los republicanos barruntan que a medida de que se acerquen las municipales todo el mundo “querrá asomar la cabeza”. E incluso vaticinan que, ya antes de llegar a esas inmediaciones electorales “nos encontraremos en muchas votaciones tanto con unos como con otros”.

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