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Diario de Mallorca

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La estrategia soberanista

El independentismo asume la dificultad de atar un plan b a la mesa de diálogo antes de 2023

Las discrepancias entre ERC, Junts y la CUP mantienen en el limbo el Acord Nacional per l'Amnistia i l'Autodeterminació

Diputados de la CUP, ERC y Junts; en el Parlamento catalán. EFE

El Acord Nacional per l'Amnistia i l’Autodeterminació sigue en el limbo a la espera de que algo o alguien lo impulse decididamente. Transcurridos casi ocho meses desde la llegada de Pere Aragonès al Palau de la Generalitat, poco se ha movido para crear este órgano unitario del independentismo que, en principio, debía de nacer en paralelo a la mesa de diálogo. Y lo que es más sorprendente, siendo la responsabilidad de su impulso del propio Aragonès (así lo anunció en su debate de investidura), ni Junts ni la CUP han puesto el grito en el cielo por el incumplimiento del 'president'.

La mesa de diálogo entre gobiernos sigue siendo hoy la única propuesta para encauzar el conflicto catalán. Un foro que, ante el ciclo electoral del 2023, puede verse sometido a fuertes turbulencias, hasta el punto que lo finiquite. Los independentistas, crean o no en la utilidad de la mesa, constatan que hasta el próximo año no hay otra propuesta realista y ello congela, a su vez, el diseño de planes alternativos al foro. El límite de 2023 no es nada nuevo. La perspectiva del ciclo electoral ya llevó a CUP y ERC a prever una cuestión de confianza de Aragonès en ese año. Tras el 'no' anticapitalista a los presupuestos de la Generalitat, esa moción ha decaído.

El Acord Nacional prometido por Aragonès se pensó en su día con dos objetivos: escrutar la marcha de las negociaciones con el Gobierno y decidir qué hacer si el diálogo fracasa. Las conversaciones existen, son periódicas, pero no avanzan más allá de los consensos básicos: la amnistía, la autodeterminación, la defensa de la soberanía parlamentaria y la activación del frente exterior para internacionalizar el 'procés'. En cuanto entran en detalle, lo que sería el cómo, la disparidad de estrategias (o a la falta de ellas) encalla un plan unitario.

"Se está trabajando. Queremos que funcione, que [su nacimiento] no sea solo un impacto mediático de un día", responden voces republicanas a la pregunta de si el 'president' activará el Acord de manera inmediata. Fuentes de Junts aseveran que, desde agosto, cuando propusieron sus candidatos, "no se ha avanzado nada".

La caución anticapitalista

La CUP, acostumbrada a pisar el acelerador, ahora no quiere presionar ante el temor a que este nuevo órgano sea otro espacio estéril que quede en nada. Deja así que el núcleo impulsor (David Fernández, Marina Geli, Quim Forn y Carme Forcadell) trabaje con discreción y se active públicamente cuando haya un horizonte más prometedor para el independentismo. Para la CUP, la mesa de diálogo es un muro que frena la movilización y, por ende, el desarrollo de una nueva hoja de ruta.

Consideran los anticapitalistas que la única forma de avanzar es agitando las calles en otras luchas, como el derecho a una vivienda digna y la inmersión lingüística, con el fin de evidenciar que "los márgenes de la Constitución son estrechos para sus anhelos". Eso se traduce en poder llegar a sectores sociales no alineados con el 'procés' para ensanchar la base y generar "una revolución democrática, vinculando derechos a soberanía", que active una movilización que esta sea "insostenible" para el Estado, hasta el punto que requiera la atención de la comunidad internacional y forzar a ERC a que dinamite la mesa.

Junts juega a otra partida, que es la del desgaste de su socio de Ejecutivo. El choque con Aragonès a cuenta de la alineación puigdemontista en la mesa de diálogo no ha movido un ápice al partido. Como resume una voz de JxCat, "es perfecto que no estemos en la mesa, porque no hay ningún avance". La estrategia de Junts es que ERC cargue con la responsabilidad tanto de que la mesa de diálogo no dé frutos como de que no se active el foro donde debería diseñarse el plan b.

De hecho, hay quien, dentro del partido, considera que es un error de bulto que haya dirigentes, como Laura Borràs y Quim Torra, que se fustiguen en público por no tener ya acordada una hoja de ruta, perdiendo así la oportunidad de que sean los republicanos los que carguen en solitario con ese mochuelo.

Eso sí, Junts, como la CUP, reconoce la dificultad de acordar ahora un plan conjunto: "No pasa nada por reconocer que hay momentos en los que no sabes por dónde navegar", reconoce un autorizado portavoz de la fuerza posconvergente.

Sin opciones

Para los republicanos no cabe otra opción que persistir en el foro de diálogo con el Estado hasta que se agote. ¿Creen acaso posible que se logre un referéndum? No. Pero sí tienen meridianamente claro que la parte catalana no puede levantarse de la mesa y que, esperan, sea la parte del Estado la que pase, a ojos de la comunidad internacional la que bloquea el diálogo.

Hasta que eso no suceda y hasta que el voto a partidos independentistas se eleve bastante más de lo que está hoy, ese mismo principio de realidad que ERC aplica al 1-O (que no hubo apoyo internacional) vale también para cualquier plan b que no sea "realista", como señaló el 'president' en su mensaje de Sant Esteve.

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