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Unidas Podemos

Yolanda Díaz adopta para su proyecto el 'modelo Macron': menos Podemos y más sociedad civil

La vicepresidenta segunda quiere crear vínculos con la ciudadanía que se plasmen en listas electorales

La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz.

Yolanda Díaz sonríe cada vez que se le pregunta por ese proyecto de país que asegura tener en la cabeza y que, según ella y sus colaboradores, se traducirá en un "frente amplio" que pueda presentarse a las próximas generales. Es consciente, o eso dice al menos, de que su ambiguo discurso genera, por el momento, más incógnitas que certezas. Incluido si será ella quien se ponga al frente como principal candidata. Aun así, insiste en que tiene las ideas claras, por más que no haya llegado "el momento" de traducir completamente sus palabras.

Pero poco a poco se van despejando incógnitas. Hasta ahora Díaz había insistido en que para comprender lo que pretende hacer, hay que interiorizar que la clave es no hablar de partidos. Ni de egos. El modelo más próximo en cuanto a lo formal, explican fuentes cercanas a la líder de la delegación gubernamental de Unidas Podemos, es 'La República en Marcha', la plataforma que propulsó a Emmanuel Macron hasta el palacio del Elíseo. El secreto de su éxito fue saber desvincularse de los partidos. Y eso es exactamente lo que persigue Díaz : abrir el espacio, desbordar a Unidas Podemos y a otros partidos que puedan colaborar en su proyecto político, cediendo terreno a los representantes de la sociedad civil. Los perfiles políticos perderán peso en favor de independientes de sectores de la sociedad y colectivos profesionales. En definitiva, se abrirá una pugna con los morados por las listas electorales. Y los sillones del Congreso y del Senado.

"Lo más fácil sería hacer una candidatura, preseleccionar las listas... estas cosas que parece que le gustan más a los políticos, pero prefiero escuchar a mi país para modernizarlo", admitió Díaz el pasado fin de semana en una entrevista a 'El Correo'. Macron, desde otro terreno ideológico, hizo una reflexión similar en primavera de 2016. Por aquel entonces, el ahora presidente galo ya había abandonado al partido socialista y su objetivo era crear una plataforma apoyada en colectivos sociales. La vicepresidenta, sin afiliaciones políticas en este momento, cuenta con hacer algo parecido desde el progresismo. Sin carnet de Podemos o IU -solo conserva el del PCE por "honor" a la tradición familiar- quiere reconfigurar la izquierda a la izquierda del PSOE. Y a ser posible, infiltrarse también en el espacio de los socialistas. "Hay un país nuevo por construir, con gente que piensa diferente, con mucho que aportar, con voces contradictorias", recalcó hace unos días.

Evitar los egos

La vicepresidenta ya ha trazado los primeros pasos para construir su 'proyecto de país'. La primera etapa, explica, es recorrer España para entrevistarse con la sociedad civil: asociaciones, colectivos, sindicatos... "Voy a ser una palanca de acercamiento a los problemas de la sociedad", se enorgullece. Pero el contacto con la calle no quiere que se quede solo en una aportación al programa o un acto compartido. Quiero llevarlo más allá, como hizo Macron, que llenó la mitad de sus listas con candidatos sin experiencia política previa.

Para ponerlo en marcha necesitará espacios en las listas que ahora copan los partidos de la coalición morada -Podemos, IU, En Comú Podem, Galicia en Común y Alianza Verde-, lo que podría generar resistencias. Más teniendo en cuenta que ella carece de cualquier poder orgánico dentro de Unidas Podemos. "Es más difícil levantar ese proyecto de país que hacer una candidatura", se adelantó, conocedora de que tocar las cuotas de poder puede levantar ampollas.

La dirección de Podemos, sabedora de que en su espacio ideológico no hay, al menos de momento, mejor candidata que Díaz, ya ha avalado el "frente amplio" que propone la vicepresidenta. Falta por ver si cuando detalle públicamente la estructura interna que pretende crear les convence. Por el momento, los morados no dan síntomas de estar preocupados. Tampoco de llegar a comprender todas las implicaciones que tiene la estrategia de Díaz. Los dirigentes morados se empeñan en que su formación tendrá que ocupar un eje central en el nuevo proyecto, pero los egos, ya avisó la ministra de Trabajo, no serán bien recibidos. Tanto es así que la vicepresidenta está explicando a los líderes de la coalición que ella no tendrá problemas en dar un paso al lado si encuentran un candidato de la sociedad civil mejor, explican voces de su entorno. De ahí parte de sus reticencias a confirmarse cabeza de lista. 

Tono más amable

Por tanto, el siguiente reto de Díaz es lograr seducir a los ciudadanos hasta tal punto que se entreguen a la política activa. Macron aprovechó el desencanto de la ciudadanía y el desprestigio de los partidos para ofrecer un proyecto menos rígido, con fronteras más difusas y que permitieran aglutinar a grandes colectivos en torno a causas concretas.

La vicepresidenta quiere explorar esa senda. Sobre todo, intentará poner el foco en que la adhesión de cualquier sector de la sociedad no les perjudique en términos políticos. Principalmente, en relación a un posible enfrentamiento con el PSOE y otras fuerzas de la izquierda. El miedo a romper lazos con otras formaciones podría asustar a muchos actores para dar un paso al frente. Así, la próxima campaña electoral deberá tener un enfoque distinto, subrayan fuentes cercanas a Díaz, antes de señalar que nadie entendería una batalla encarnizada con los socialistas tras haber gobernado juntos durante cuatro años. Una nueva estrategia para una nueva estructura. La incógnita es si es realista y cuál puede su margen de éxito en esta país.

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