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SERIE MULTIMEDIA Los caladeros de la yihad (IV)

Daesh moviliza un ejército de bots de internet

Los captadores del terrorismo integrista invitan a sus chats a combatientes de guerras como reclamo para sus seguidores

Cinco perfiles escogidos al azar de entre los más de 300.000 seguidores en Twitter del portavoz talibán Zabihullah Mujahid. Como la mayoría en su cajón, apenas tienen seguidores, apenas tuitean y no llevan mucho tiempo en la red.

Cinco perfiles escogidos al azar de entre los más de 300.000 seguidores en Twitter del portavoz talibán Zabihullah Mujahid. Como la mayoría en su cajón, apenas tienen seguidores, apenas tuitean y no llevan mucho tiempo en la red.

La ministra portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, acumula 15.000 seguidores en Twitter. Quizá es porque lleva poco tiempo en el cargo, pero es solo algo más el que viene ocupando su puesto Zabihullah Mujahid (el guerrero Zabihullah), portavoz (y ahora viceministro) del gobierno talibán de Afganistán, que en la misma red social supera los 395.000 seguidores.

No solo la ministra española pierde por goleada. El francés Gabriel Attal, portavoz de la presidencia de Emmanuel Macron, gay, moderno, atractivo, figura de moda en la política francesa, tiene 99.300 seguidores en Twitter, cuando el portavoz talibán para la prensa extranjera, Suhail Shaheen, pasó la pasada semana de 500.000.

En la plataforma virtual que reúne más periodistas y políticos, los dos integristas afganos vencen en popularidad a Liz Truss, secretaria de Exteriores y ministra de Mujer e Igualdad del gobierno de Boris Jhonson (129.700 seguidores), al alto representante de la UE para Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell (227.100), o al secretario norteamericano de Defensa, Lloyd J. Austin (383.300).

Cuentas falsas

Puede que sea no tanto un problema de carisma en redes sociales de los líderes europeos como otras razones. Las apunta una investigación realizada por expertos en redes para el mando del Pentágono para Oriente Medio y Asia Central (USCENTCOM) en el otoño de 2019.

Para entonces, de la muy numerosa legión de seguidores del portavoz del “emirato islámico” de Afganistán, un 21% no ha tuiteado nunca, un 56% ha emitido diez tuits o menos y un 41% no llevaba en Twitter un año. La escasa actividad, la simultaneidad en la fecha de creación del perfil o la similitud de los mensajes suelen ser indicadores de una cuenta falsa, tras las que no hay ningún seguidor humano, sino robots (bots) de internet.

Registro en el teléfono de un yihadista detenido en la Operación Grafitti de Algeciras, el pasado 30 de marzo.

Una división de bots perfectamente visibles desde España mueve en las redes sociales mensajes y noticias emitidas por el autodenominado Estado Islámico y Al Qaeda, en ocasiones por grupos. Por ejemplo, el 1 de noviembre de 2019, ante la muerte tres días antes en Siria de Abu Bakr al-Baghdadi, líder de Daesh. Se activaron entonces más de 500 cuentas, a su vez multiplicadas por otras, repicando relatos sobre protestas en Irak y otros países, o bien edificando el nuevo liderazgo de Abú Ibrahim al Hashimi al Qurashi. Ese mismo año, último del que hay datos disponibles, Twitter había suspendido 115.000 cuentas por violaciones de reglas relacionadas con el terrorismo. El fenómeno no deja de reproducirse. En lo que va de este mes de septiembre, Telegram ha eliminado 31.148 bots repicadores de contenido terrorista, según sus administradores.

El Informe de Seguridad Nacional de 2020, elaborado por el Ministerio del Interior, recoge la preocupación: “La actividad de publicación de perfiles en grupos y canales en plataformas de mensajería en Internet está cediendo su protagonismo a la ciberactividad de bots (robots) automatizando las tareas repetitivas de difusión desde repositorios o distribuyendo en grupos y canales de carácter yihadista”. El que la audiencia que estima Interior tenga una mayoría de jóvenes es “un elemento que aumenta la vulnerabilidad”, dice el informe.

Estrellas invitadas

Una multitud alborozada camina por la calle principal de Mazar-e-Sarif. Los vecinos presencian la llegada de los civiles, los solados y las banderas blancas talibanas. No suena un solo tiro. Es lo que se ve en uno de los vídeos victoriosos repetidos por, entre otros miles de integristas, el dirigente talibán Mujahid.

Daesh moviliza un ejército de bots de internet

La cuenta de Mujahid, de hecho, no está cerrada en Twitter. Estados Unidos no tiene a los talibanes en su lista de organizaciones terroristas como sí tiene a su vieja invitada, Al Qaeda. Libremente pueden vender en las redes vídeos con logros como la toma de ese enclave del norte de Afganistán, que fue sede de un destacamento el Ejército español. El 14 de agosto entraron los integristas, y con ellos sus propios reporteros empotrados. “Cuentan con un ‘equipo de medios’ en sus agrupaciones militares”, explican fuentes de la lucha antiterrorista.

Pero la toma pacífica de ciudades es propaganda política. Otras imágenes más violentas, de decapitaciones de infieles o de implacables matanzas de soldados regulares regulares están disponibles para los reclutadores en los reservorios de propaganda. Aunque los proselitistas del DAESH no utilizan propaganda talibán, o no mucha: “Consideran que los radicales afganos y Al Qaeda están en una guerra nacionalista, de país, y no en la causa del emirato global que defiende Estado Islámico”, explica uno de los expertos consultados.

Hay ya mucho trecho recorrido desde las shabnamah -cartas nocturnas) que viajaban de mano en mano durante la ocupación soviética de Afganistán (1978 – 1992) para impartir consignas a los entusiastas o amenazas a los tibios- hasta los bots que utilizan hoy Daesh y AlQaeda.

Pero esa acción global del yihadismo no ocupa tanto a las fuerzas policiales en España como la más reducida y concreta de los mindhunters o cazadores de acólitos. En sus chats de mensajería han detectado una inquietante innovación comprobada en las últimas detenciones de yihadistas: invitar a combatientes en zonas de conflicto a participar, como estrellas invitadas, en charlas. Así lo hacía el captador que el pasado 30 de junio interceptaron la Policía Nacional y el CNI en Santa Olalla (Toledo). No solo tenía manuales para atentar con explosivos, también mujahidines en su agenda, para deleite de sus seguidores.

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