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Laberinto catalán

ERC y Junts, tras su (enésima) crisis: ¿cambio de ciclo?

ERC se felicita por el golpe sobre la mesa de Aragonès en clave de liderazgo personal y para dejar a Junts a rebufo

Jordi Puigneró y Pere Aragonès.

Jordi Puigneró y Pere Aragonès.

Satisfacción en ERC, malestar en Junts. De estos dos estados de ánimo se desprenden consecuencias no menores cara a la navegación del Govern, tras la crisis por la alineación de Junts en la mesa de diálogo. Mientras los republicanos esperan consolidar el golpe de autoridad frente a sus socios y el liderazgo del 'president', Pere Aragonès, las huestes del 'expresident' Carles Puigdemont pivotan entre la voluntad inequívoca de sus 'consellers' de no salir del Ejecutivo y la necesidad, por el momento, de mantener el pulso, no sin cierto malestar interno por las consecuencias de la crisis: estar fuera de la principal palanca estratégica soberanista de la legislatura.

"Es el gesto más presidencial que ha hecho en los 120 días que lleva en el cargo". Esta es una de las varias frases recogidas por este diario de entre distintos cargos republicanos, públicos y de partido. "Ha crecido dos palmos", señala otro. Entre las filas de Esquerra, el puñetazo en la mesa de Aragonès satisfizo a propios y extraños, y los más cercanos a él esperan que sirva para extender, entre la población, muy escéptica con el carisma del 'president', una imagen de liderazgo.

Carisma no es liderazgo

"Carisma y liderazgo no es lo mismo", señaló a este diario un destacado independentista recordando cómo Puigdemont no deseaba que se sometieran a votación en el Parlament las leyes de ruptura, aquellos 6 y 7 de septiembre de 2017. "Si eres 'president' con mucho carisma, pero pasa lo contrario de lo que quieres, es que no hay liderazgo", sentencia.

Si una cosa se quedó clavada en la retina de Aragonès es la menguada ascendencia que tenía su antecesor, Quim Torra, en el mismo seno del Govern. "No era un Executiu, sino dos, con dos cabezas visibles", afirma un buen conocedor de esa época que especula con que una de las prioridades del hoy 'president' fuera lograr cohesionar el Govern.

Pedro Sánchez y Pere Aragonès. Ferran Nadeu

Los nombres como mensaje

En esto hay cierta coincidencia con lo que admiten en Junts: "Aragonès ha querido demostrar que no es Torra", asumen en el partido de Puigdemont. Si bien le afean al jefe del Govern una gran "sobreactuación" durante la semana pasada, motivada, alegan, por un malestar interno de Aragonès. Aseguran que el veto a los nombres propuestos por Junts parala mesa estaba injustificado porque se trataba de poner toda la carne política en el asador. Y la presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, obligaba a desplegar el máximo peso y liderazgo.

Por ello, aseguran, los nombres de Jordi Sànchez, Jordi Turull y Míriam Nogueras (ex-presos indultados por el Gobierno y la líder del partido en el Congreso, respectivamente) junto al 'vicepresident' Jordi Puigneró. No en vano, una alineación de Junts solo con 'consellers' dejaría fuera de plano a los dirigentes máximos del partido.

Así lo describen en Esquerra: "Hay una diferencia que le ayuda mucho. Aragonès era, en la anterior legislatura, vicepresidente del Govern y líder extramuros de ERC, mientras que Puigneró, el actual número dos del Executiu, no tiene ningún peso orgánico en Junts. Eso hace que los 'consellers' de JxCat vayan cada uno por su lado, mientras que el vicepresidente Aragonès alineaba a los suyos", expresa una voz del partido.

El debate en Junts

Junts debatió el martes qué hacer. No faltaron reflexiones internas sobre las consecuencias de desacatar la instrucción de Aragonès y proponer a nombres de partido. Además, los 'consellers' posconvergentes, en efecto, intentan por todos los medios aislarse. Puigneró trasladó este mensaje --aislar al Govern-- a Aragonès cuando el 'president' lo llamó a capítulo el jueves.

Los nuevos equipos de las 'conselleries' quieren desplegar su acción en este incipiente inicio de una legislatura, en la que se prometió estabilidad y cohesión. En cuanto a liderazgos, Jordi Sànchez ha ejercido el suyo en Junts, no sin ciertas críticas internas, que consideran incoherente minimizar la importancia de la mesa de diálogo y, al mismo tiempo, enviar a la misma a los máximos dirigentes del partido.

Junqueras y Aragonès

Hablando de liderazgos, la salida definitiva de Oriol Junqueras de la cárcel tampoco ha supuesto un menoscabo de la imagen de Aragonès. El presidente de ERC anda con cautela por no tapar a su delfín después de que no pocos, dentro del partido, atribuyeran al propio Junqueras la victoria ajustada sobre JxCat en las elecciones del 14 de febrero, ante la imagen plana, de gestor, de Aragonès que se extendió entre el electorado.

Pedro Sánchez, con Pere Aragonès en su visita a Barcelona. Ferran Nadeu

Lo cierto es que esa mínima victoria, de un escaño y apenas 35.000 votos, fue suficiente para subvertir el orden, hasta entonces natural, de ERC a rebufo de los posconvergentes. El cambio de rol se ejemplificó con un primer arreón de Aragonès, en las conversaciones en pos de un pacto de investidura, cuando rompió las negociaciones. Después, forzado por la aritmética, las aguas volvieron a su cauce. 

Los republicanos esperan ahora que el veto y la reacción de JxCat --que no se rebeló, sino que corrió a poner árnica al conflicto, desvelada por no salir del Govern-- establezcan una nueva dinámica que acabe conduciendo a un nuevo orden, con Junts a rebufo de ERC.

JxCat intentará mantener un doble discurso: efectividad y gestión en el Govern, y visión crítica del diálogo y el pactismo de ERC, para ganarse los votos de todos los unilateralistas.

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