04 de octubre de 2019
04.10.2019

Las Trece Rosas no torturaron, violaron ni asesinaron, como asegura Vox

04.10.2019 | 21:27

Las Trece Rosas, un grupo de jóvenes mayoritariamente comunistas y socialistas que fueron fusiladas al término de la guerra civil en Madrid, no cometieron torturas, violaciones ni asesinatos, como asegura el secretario general de Vox,

ORTEGA-SMITH: "Las Treces Rosas lo que hacían era torturar, violar y asesinar vilmente (...) cometieron crímenes brutales en las checas", ha dicho el dirigente de Vox en una entrevista en Los Desayunos de TVE.

HECHOS: El 5 de agosto de 1939, cuatro meses después del final de la guerra civil, fueron fusiladas en Madrid estas trece jóvenes, doce de ellas militantes del PCE o las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), organización que agrupaba a las juventudes socialistas y comunistas.

Dos días antes, las posteriormente conocidas como "Trece Rosas" habían sido condenadas a muerte con la acusación de ser "responsables de un delito de adhesión a la rebelión" en un Consejo de Guerra sumarísimo contra 58 procesados y por el que fueron ejecutados también 43 hombres. En ningún momento se las acusó de crímenes como los que les atribuye Ortega-Smith, según la propia sentencia, publicada por Newtral, y expertos consultados por EFE.

Las Trece Rosas fueron Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

Sus edades oscilaban entre los 18 y los 29 años, edad que solo tenía Blanca, la mayor, quien carecía de afiliación política. Las detenciones de todas ellas habían empezado en mayo, después de la caída de la cúpula del PCE en Madrid, que supuso la detención de Federico Bascuñana, el enlace entre este partido y las JSU y tres de las Trece Rosas: Carmen, Pilar y Dionisia.

Con el proceso sumarísimo que condenó a muerte a estas jóvenes -la mayoría menores, puesto que la mayoría de edad se alcanzaba con 21 años-, el franquismo quiso responder al asesinato por miembros de la resistencia del comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón, su hija de 18 años y su chófer, que había tenido lugar una semana antes, cuando las Trece Rosas ya llevaban más de dos meses en prisión.

En la sentencia, el Consejo de Guerra Permanente número 9 de Madrid considera probado que "los procesados, miembros de las JSU y del Partido Comunista"-pretendían ejecutar en España "órdenes emanadas del extranjero" para "hacer fracasar las instrucciones político-jurídicas" del Estado Nacional.

Su misión, según se asegura en este texto, era la de atentar contra "el orden social y jurídico de la Nueva España", tratando de "infiltrarse" para ello "en las filas de F.E.T. y de las JONS y del Ejército".

Entre las acciones concretas con las que el fiscal argumenta la condena a muerte se encuentran la participación de las jóvenes en "el trabajo clandestino" de las JSU y el Partido Comunista, sus actividades como "enlace" entre sus diferentes ramas, la confección de "planes de trabajo" o la ayuda que prestaron a "la recogida de armas".

El fallo no hace ninguna alusión a su participación en torturas, asesinatos, violaciones o cualquier otro tipo de crímenes.

Consultado por EFE, el historiador Paul Preston considera la afirmación de Ortega-Smith "totalmente infundada", ya que aquellas jóvenes "no tenían nada que ver con las checas y no cometieron ninguno de los crímenes aducidos" por el dirigente de Vox.

"Fueron acusadas, sin justificación, de participar en una trama inexistente para matar a Franco", subraya Preston, antes de precisar: "La verdadera razón era, aunque ambos sucesos no guardaran relación alguna, perpetrar un acto de venganza masiva" por el asesinato del comandante Gabaldón, su hija y su chófer, cometido el 27 de julio, cuando las ejecutadas el 5 de agosto "estaban en prisión desde antes de dichos asesinatos".

Por todo ello, con independencia de la legalidad de aquella sentencia, dictada por un Consejo de Guerra franquista en agosto de 1939, los hechos que allí se consideran probados para justificar la condena a muerte no tienen nada que ver con las torturas, violaciones y asesinatos que les atribuye Ortega-Smith.

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