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Análisis del comportamiento electoral

Psicología del voto: "Los cerebros de una persona de derechas y una de izquierdas son distintos"

Los expertos señalan que nuestra decisión final se toma esencialmente en la corteza prefrontal del cerebro después de tener en cuenta factores racionales e irracionales

Los indecisos fueron un 40% del electorado en los comicios anteriores.

Los indecisos fueron un 40% del electorado en los comicios anteriores. Shutterstock

Los indecisos han cobrado gran peso en las últimas elecciones, donde el porcentaje de votantes que no lo tenían del todo claro alcanzó el 40% según las encuestas del CIS. Un comportamiento que prevé repetirse en las municipales. ¿Pero cómo decidimos nuestro voto? Las investigaciones realizadas hasta la fecha han concluido que la corteza prefrontal, especialmente la porción orbitofrontal ventromedial, que se encuentra inmediatamente encima de las órbitas de los ojos, es la región clave en la toma de decisiones del ser humano.

Esta zona de nuestro cerebro, que abarca un 30% de la corteza cerebral total, se ubica en la parte anterior de los lóbulos frontales del cerebro y su cometido es la planificación de comportamientos cognitivamente elaborados: expresión de la personalidad, toma de decisiones, así como la moral y la adecuación del comportamiento social. "Es la encargada de integrar los estímulos mesolímbicos en una decisión. Es decir, racionaliza lo emocional. Es el área que, en última instancia, decide el voto, pero integra estímulos de todo tipo, de modo que no es más que la pátina de la decisión", explica el médico psiquiatra Sergio Oliveros. Una decisión que resulta de una fórmula cuyos ingredientes y modo de preparación sigue siendo desconocida, tanto para expertos, como partidos políticos y empresas demoscópicas, que tratan de llegar a la predicción más certera.

Así, si partimos de la base de que no hay decisiones puramente emocionales o racionales, sino que todas nuestras decisiones tienen una base emocional y sólo secundariamente son racionalizadas, hay que tener en cuenta que "estamos sometidos a muchos sesgos cognitivos que nos hacen creer que somos racionales cuando somos lo contrario. Empleamos la razón como una herramienta, pero no somos razonables en esencia, ni para votar ni para nada", explica este experto.

"Empleamos la razón como una herramienta, pero no somos razonables en esencia, ni para votar ni para nada"

Sergio Oliveros - Médico Psiquiatra

En el campo de la psicología, existe una rama, la de la psicología política, que estudia los porqués de nuestras decisiones políticas. "El comportamiento político está vinculado al sesgo de confirmación -tendencia a favorecer la información que confirma nuestras propias creencia-, la conformidad social, la cultura, el miedo, la envidia, la dificultad para manejar la ira, etc. Por eso, hay tantos partidos y tantas corrientes dentro de cada partido. Somos diversos y nuestros conflictos distan mucho de ser colectivos, pero necesitamos colectivizarlos para agruparnos en torno a unas siglas", advierte el doctor Oliveros.

La decisión electoral se toma en la corteza prefrontal del cerebro.Shutterstock

El papel del cerebro

Daniel Eskibel, psicólogo y consultor político, subraya que es el cerebro el que siempre toma la decisión final. "Cuando se dice que 'se vota con el bolsillo', aludiendo al peso de los factores económicos, o que 'se vota con el corazón', haciendo referencia al factor emocional, en realidad se están construyendo metáforas explicativas, pero el lugar real de la decisión de voto es el cerebro humano", asegura este especialista en psicología del votante.

Pero además, "la ideología política moldea nuestro cerebro", confirma Juan Antonio Pérez, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valencia y miembro de la Fundación Gadea Ciencia. "Hay evidencia de ciertas diferencias entre personas de izquierdas y de derechas en respuestas fisiológicas automáticas a los estímulos e incluso en algunos aspectos de la anatomía cerebral", indica. Es decir, ciertamente son distintos los cerebros de una persona de derechas y una de izquierdas.

Científicos del University College de Londres (UCL), en Reino Unido, han encontrado una estrecha relación entre el grosor de dos áreas de materia gris del cerebro y la ideología política. Las personas que se declaran conservadoras o "de derechas" tienen mayor grosor en los tejidos de la amígdala del lóbulo temporal -el área encargada de procesar las emociones-, mientras que las personas con ideología liberal o "de izquierdas" suelen presentar mayor actividad en la ínsula y tienen más pronunciada la corteza cingulada anterior, un área del cerebro asociada con la anticipación y la toma de decisiones, y mayor actividad en la ínsula.

¿Cómo vota nuestro cerebro?

Gráfico: Izaskun Garaizabal

Sin embargo, el "mapeo cerebral resulta, de momento, muy limitado para comprender el comportamiento de voto. No hay ninguna prueba de que el comportamiento de voto tenga una red neuronal específica que lo determina", destaca Pérez. Por otra parte, todavía se desconoce si son esas diferencias en estructura y función del cerebro las que inducen el comportamiento político, o si ocurre al revés, que son los comportamientos políticos los que hacen que nuestros cerebros procesen la información de manera diferente. "Lo más probable es que el comportamiento de voto surja de un proceso bidireccional que se daría entre el funcionamiento neurológico-psicológico y las orientaciones políticas", explica este experto.

El peso de los factores sociales

No obstante, los resultados de estos estudios son "una base biológica inicial, pero después, el ambiente familiar y social en el que el niño se desarrolla será un factor decisivo; y en la adolescencia, tendrán lugar los procesos de socialización política, que también modularán las inclinaciones políticas", defiende Eskibel.

Y es que los factores sociales que nos rodean, como la influencia de nuestro entorno, nuestro lugar de residencia, profesión, estatus social o clase económica, "son determinantes, mucho más que cualquier consideración racional", señala Oliveros, quien destaca que son especialmente influyentes en los votantes incondicionales, que componen el 40% del electorado.

"Las motivaciones irracionales están agazapadas hasta en las conductas que tienen una mayor apariencia de raciocinio"

Daniel Eskibel - Psicólogo y consultor político

El 60% de votantes restante son los que sí analizan su voto en cada convocatoria y sopesan los factores que rodean a los candidatos y el contexto que acompaña a cada momento. Sin embargo, eso no exime de que en ocasiones se produzcan elecciones aparentemente contradictorias. "Como por ejemplo: cuando el obrero no vota al partido obrero; cuando la mujer vota al candidato varón que se enorgullece con declaraciones machistas o vota a partidos que proponen limitar su libertad y su emancipación; cuando antiguos votantes de extrema izquierda se pasan a votar a la extrema derecha -raramente al revés-; cuando el empresario que más se beneficia de la inmigración, vota a un partido cuyo punto central del programa es la xenofobia manifiesta; cuando pese a que entre sus ocho apellidos no aparece ninguno ario, el individuo defiende esa genealogía en los estatutos de pureza de sangre; cuando los hispanos en Estados Unidos votan al candidato que más los desprecia; y así un largo etcétera", enumera Pérez.

Los votantes se fijan también en la imagen y los gestos de los candidatos.Shutterstock

Para Eskibel se trata de la demostración de que la base del voto es básicamente emocional y por tanto irracional. "La teoría de que la decisión de voto es un proceso mental-racional en el cual cada quien analiza y compara a los candidatos y sus ideas es falsa. Hace ya más de cien años que Freud descubrió el inconsciente y las motivaciones irracionales están agazapadas hasta en las conductas que tienen una mayor apariencia de raciocinio. En torno al 98 % de la vida mental es inconsciente", asegura.

En su opinión, "las decisiones del votante nunca resultan de sopesar conscientemente argumentos contrapuestos y optar luego por el más acertado. Los argumentos que niegan lo que creemos son rechazados de una manera casi automática, generalmente sin que tengan siquiera la oportunidad de ingresar en la mente. El cerebro se reserva el derecho de exclusión y es tan exclusivo que deja afuera todo lo que le hace ruido y amenaza sus convicciones".

La parte irracional

Dentro de esa parte irracional, de la que muchas veces no somos conscientes, prevalece la imagen de los candidatos y las características de su fisonomía. Por ejemplo, en la elección del candidato "ideal" tenemos en cuenta su estatura. Los favoritos son aquellos físicamente corpulentos, por un principio de supervivencia de la especie.

También está demostrado, por ejemplo, que la voz grave, tanto en hombres como mujeres, nos inspira más confianza y nos resulta más seductora. Por el contrario, una voz aguda y estridente se asocia a una personalidad inmadura e infantil. Además, Eskibel señala otros factores de la comunicación no-verbal, como la velocidad del habla, la entonación, los silencios, las miradas, las sonrisas, las micro expresiones faciales, los gestos con las manos, la postura corporal y el movimiento en el espacio circundante. "Todo ello comunica. Y puede hacerlo bien o mal", sentencia.

Así nos afecta la imagen del político

Dibujo: Izaskun Garaizabal

La batalla entre lo racional y lo emocional

Después de todo este análisis, queda claro que "en el comportamiento humano, y en el político más que en ningún otro, lo emocional y lo racional no están tan separados como tradicionalmente se ha podido dar a entender. Esa separación fue un sueño de los grandes pensadores de la Ilustración con su lema del triunfo de razón frente a los prejuicios. Para ellos, el conocimiento debía estar fundamentado en la experiencia o en la lógica racional. Desde entonces, lo emocional es tildado de sueño de la razón que produce monstruos, tal y como inspiró a Goya", remarca Pérez.

"El conocimiento racional no logra desbancar valores asociados a la nación, la religión o el mito de la raza"

Juan Antonio Pérez - Psicólogo social en la Fundación Gadea

La ciencia política no sabe cómo "domesticar" la emoción. "Ha habido mucha ilusión creyendo que el imperio de los conocimientos se extendía y que el de los valores retrocedía. Sin embargo, la distinción entre juicios de valor y juicios de hechos objetivos es obsoleta. Una gran tragedia cultural es que todo ese conocimiento racional no logra desbancar valores y emociones asociados a la nación, la religión o el sempiterno mito de la raza. Estos prejuicios se muestran impermeables a la experiencia y a todo tipo de información que trata de combatirlos, por más objetiva que ésta sea", incide este experto.

Esas creencias siguen jugando un papel central en funcionamiento de la vida política y social; por el contrario, la racionalidad, no tanto. "En el ámbito de lo político, los datos objetivos, o aquella información que no emocione, que no contenga un significado subjetivo para el votante, suele tener una influencia minúscula sobre su comportamiento en las urnas", concluye Pérez.

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