29 de abril de 2019
29.04.2019

España se acuesta socialista y no se levanta franquista

Pedro Sánchez debe su victoria relativa a la radicalización provocada por Vox y al fraccionamiento del voto de derechas, en tanto que Ciudadanos se consagra sigilosamente como la alternativa desde el bando conservador

29.04.2019 | 10:43
Sánchez elige pareja de baile gracias a la labor de dinamitero de la derecha que ha ejercido Vox.

El votante considera medianamente útil a Pedro Sánchez, y le da violentamente la espalda al PP de Pablo Casado. Los populares deberán decidir si culpan, del mayor repudio que han sufrido en su historia, al líder o a unas siglas desgastadas. En efecto, ha llegado la hora de consultar a los expertos que decretaban que la corrupción no se paga.

España se acuesta socialista y no se levanta franquista, aunque el susto no se lo quita nadie. Sánchez debe su victoria relativa a la radicalización provocada por Vox y al fraccionamiento del voto de derechas. Por si el desastre provocado por el imitador Casado en sus filas no fuera suficiente, ha permitido además que Ciudadanos se consagrara sigilosamente como la alternativa al PSOE desde el bando conservador.
Del tripartito prometido hasta el sábado y consagrado a la memoria de Franco no quedan ni las cenizas. Una vez más, Casado se sumó con entusiasmo a esta hipótesis, por lo que forzosamente ha de pagar el precio de su empeño. Le ha llegado el momento de matricularse en un máster auténtico, donde pueda adquirir una personalidad propia en lugar de limitarse a copiar los exabruptos importados desde la ultraderecha moderada.

Sánchez perdió Andalucía, su Gobierno no ha pecado de brillante y su última semana de campaña entrará en los anales del púgil noqueado que se tambalea en el ring. Pese a estas carencias, ha repetido la sorpresa de Zapatero en 2o04, si se tiene en cuenta que la desaparición del bipartidismo obliga a balances más modestos.

El ganador inesperado de las decimocuartas generales desde la muerte de Franco ha sido Albert Rivera. Sus excesos histriónicos en los debates no le han pasado factura. El votante de izquierdas ha tenido que apoyar con reticencias a Sánchez o al chalé de Pablo Iglesias. En cambio, el sufragista de derechas ha recurrido a los contorsionismos más extremos para evitar simultáneamente el resurgir del neofranquismo y el apoyo a un partido que sigue obrando como si Gürtel nunca hubiera existido. Ergo, Ciudadanos.

En cuarenta años, ningún partido conservador podía disputar la hegemonía a UCD primero y AP/PP después. Los populares coparon con astucia un amplio espectro, que abarcaba desde el franquismo nostálgico hasta el centro liberal con algunos aromas socialdemócratas. Si necesitan averiguar las causas de su naufragio, basta que miren hacia Rajoy. En efecto, se trata del presidente de quien los mismos expertos de antes encarecían el extraordinario manejo de los tiempos. Esa pericia ha conducido al apocalipsis de una derecha que solo ocho años atrás se declaraba hegemónica en las generales de 2011.

Es muy posible que Iglesias salvara a Podemos de la irrelevancia en los dos debates de la semana pasada. Entre Iniesta y un apóstol, transmitió la serenidad suficiente para ser aceptado como ministro o incluso vicepresidente de un Sánchez que puede elegir pareja de baile desde un resultado más modesto de lo que parece.

Con 122 diputados no puede hablarse de un vencedor. Rajoy obtuvo 123 escaños en diciembre de 2015. La consecuencia inmediata de aquella victoria fue un Congreso bloqueado, que condujo a la convocatoria de unas nuevas elecciones ante la imposibilidad de encontrarle una salida al laberinto.

El mayor bofetón al PP de Rajoy y al desnortado Casado no radica en el amplio margen obtenido por los socialistas, sino en la mayoría absoluta que Sánchez puede lograr con Rivera, el unicornio acariciado por el PP. La alianza será repiqueteada a partir de mañana en todo los foros oficiales como la salvación de España.

Rivera puede recurrir a la "emergencia nacional" que le obligó a elevar al PP a La Moncloa, para reeditar la alianza con Sánchez. De paso, la llegada al Gobierno le permitirá orillar el triste resultado de sus tropas en Cataluña. Anular a Inés Arrimadas no es su menor recompensa en el domingo electoral.

Ximo Puig se ha beneficiado del tirón del PSOE y del miedo a Vox. El político español más votado en relación a su ámbito de concurrencia vuelve a ser Oriol Junqueras. El último regalo de Rajoy fue fabricar un Mandela de bolsillo.

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