01 de octubre de 2017
01.10.2017
Tribuna

Viaje a ninguna parte

01.10.2017 | 01:45
Viaje a ninguna parte
En los últimos cuarenta años, España no había vivido una crisis de identidad tan profunda como la actual. Por un lado, quienes ostentan un sentimiento patrio nacional y, por el otro, los que quieren organizar un esperpento de graves consecuencias sociales y económicas sin ninguna base legal que lo sustente. Pero la responsabilidad de estar como estamos es compartida.
Las responsabilidades de estar donde estamos no recaen exclusivamente en uno solo de los actores y requieren un análisis minucioso de cada uno de los factores que han ocasionado el cisma.

Preocupa la deriva y talla política para encontrar la solución. Por un lado y exclusivamente desde el inmovilismo legal y policial sabemos que no se conseguirá razonar a la otra parte. Y la parte organizadora de la consulta –que inicialmente tuvo un origen social al que algunos partidos políticos se sumaron por rentabilidad electoral aún cargándose su propia identidad– debe volver a la senda de la legalidad si quiere desbloquear la situación. Y solo desde la reforma legal puede encaminarse el conflicto.
Tres factores clave nos han llevado a la situación actual: el sentimental, el económico y la incomprensión. El sentimental se ha exacerbado en la última década y la motivación emana del segundo factor: el económico. Desde principios de la crisis que ha sufrido España ha sido imposible pactar una reforma del sistema de financiación autonómica que debía haberse aprobado en 2014. Y mientras unas comunidades autónomas tenían y tienen una balanza fiscal deficitaria por la solidaridad interterritorial, se crea un caldo de cultivo propicio para una irrealidad. De ésta emana la incomprensión o falta de adaptación a la realidad nacional. Pero no se puede olvidar que parte de esta balanza fiscal favorable proviene de la decisión del siglo pasado de un gobierno nacional que estratégicamente decidió apostar por Cataluña en sectores clave como la automoción, la industria textil, petrolífera frente a otras alternativas posibles lo cual provocó flujos migratorios internos dentro del país.
Es muy fácil recetar diálogo para resolver el conflicto pero parece ser que no existe voluntad real de afrontarlo con franqueza, con voluntad de entendimiento y altura de miras entre las partes. Es imposible construir una nueva realidad dividiendo en dos mitades a la sociedad. Se requieren mayorias mucho más amplias para cambios estructurales.

La justicia y la policía sólo pueden actuar como contención del problema, nunca como solución. Deben ser los políticos los que busquen una solución. Cataluña tiene menos futuro fuera de España que dentro de ella. Este proceso no puede cerrarse en falso por el precedente que se crea ni debe perjudicar a terceros. Balears tiene una balanza fiscal más deficitaria que la catalana y el PNV aprovechará para ampliar lo conseguido en los pasados presupuestos por su peso estratégico en el Congreso.
La solución pasa por una convocatoria electoral autonómica en Cataluña. Quien presida la Generalitat debe negociar su encaje en el Estado bajo la legalidad. Si debe modificarse la legislación que se haga en los términos previstos legalmente no unilateralmente. Por su parte el Gobierno de España debe plantear un sistema de financiación justo, equitativo, transparente y solidario. De lo contrario, Cataluña y España quedaran seriamente comprometidas porque España necesita a Cataluña y Cataluña necesita a España. Es el momento de trabajar y buscar la solución.

*Alcalde de Petra por el Partido Popular

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