09 de febrero de 2016
09.02.2016

UpyD, réquiem por un infante difunto

Con apenas nueve años de vida, el partido de Rosa Díez se disuelve y tanto ella como Herzog se dan de baja

09.02.2016 | 02:34
Andrés Herzog, exlíder del partido.
­No ha cumplido el "infante" nueve años cuando su "madre" anuncia una muerte asistida "para evitar que se entierre" de mala manera. La fundadora de UPyD Rosa Díez y su sustituto al frente del mismo, Andrés Herzog, anunciaron ayer que se dan de baja en el partido y han pedido la disolución de esta fuerza "para evitar que se entierre o pervierta" su legado y poder alumbrar en un futuro otro proyecto político.
Herzog dimitió como portavoz de UPyD el pasado 16 de enero, y una gestora asumió la dirección del mismo. Unos días después, se apuntó a las listas del paro. La gestora está coordinada por el portavoz adjunto de UPyD y diputado en el Parlamento vasco, Gorka Maneiro, quien sigue pensando que este partido "será necesario mientras sus ideas lo sean. Y a día de hoy lo siguen siendo".
Díez argumentó su decisión y explicó que UPyD "nunca quiso ser un fin en sí mismo", sino que su "única razón de existir radicaba en ser un instrumento útil para los ciudadanos".
Según Díez, mientras tuvieron los instrumentos institucionales para generar los debates que precederían a los cambios fueron útiles para los ciudadanos, incluso sin mayorías electorales, pero los resultados electorales del 20-D que les dejaron fuera del Congreso, sumado a su "escasa representación institucional" en los municipios, impiden que sigan cumpliendo ese objetivo.
Aunque asegura comprender "muy bien" a quienes deseen perseverar en la contienda electoral, por ejemplo sus compañeros vascos, donde hay comicios este año, Díez considera que cualquier oportunidad futura para defender sus ideas de forma efectiva exige "darle un nuevo alumbramiento tras dar un final digno" a UPyD.

Rosario de bajas

En esa idea coincide Andrés Herzog y ambos apuntan además que hubieran preferido que este debate sobre la disolución de UPyD se produjera en un congreso, algo que no ha sido posible.
Herzog, por su parte, se queja de que la nueva dirección surgida desde su renuncia a la portavocía siga sin decidir nada, con "un extraño entusiasmo que contrasta con las continuas bajas"-Carlos Martínez Gorriarán, mano derecha de Díaz lo hizo ayer-, y reconoce que han perdido capacidad "de influir y de servir de catalizador para los cambios que España necesita".

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