24 de febrero de 2015
24.02.2015
Análisis

´Rajoy niega la crisis´

El presidente del Gobierno dedicó 40 minutos a los éxitos económicos inventados y solo un minuto a despachar la corrupción

24.02.2015 | 18:54
Los l ocutores de la emisora gubernamental RNE se congratulan del estado de ánimo de Rajoy antes de pronunciar el discurso, nada ha cambiado en los últimos setenta años. Una vez en el estrado, el presidente del Gobierno se aproxima peligrosamente al cinismo en su entusiasta negación de la crisis. Debe tratarse de un síndrome inseparable de La Moncloa, que se incuba durante la legislatura y estalla en vísperas electorales.

Hasta en los entrañables "cheques familiares" se parece el inquilino vigente del palacio a su predecesor, por no hablar de que "se despeja nuestro horizonte", otro clásico de Zapatero. El líder del PP presumió de haber sacado a España del pozo en que el mismo la había introducido, lo cual da idea de la resiliencia española frente a sus gobernantes. A menudo, el orador parece extrañarse en su divagación de que el país no se haya hundido definitivamente bajo su mandato. Carga contra "los demagogos", y también aquí suena a autoinculpación además de omitir al autor de su discurso.

Rajoy dedicó 40 minutos a los éxitos económicos inventados y solo un minuto a despachar la corrupción, con la indiferencia complaciente de que "nunca desaparece el delito". Bajo esta artimaña se perdona a sí mismo los mensajes de apoyo a Bárcenas y los sobresueldos en negro que le adjudica su tesorero. ¿A quién se refiere cuando habla de "recuperar lo robado"? En efecto, "España ha pasado a convertirse en ejemplo" de las prácticas corruptas desatadas. Por supuesto, esta lacra que ha promocionado con una amnistía fiscal a las listas Falciani no le impide proponer soluciones infalibles para Ucrania.

Rajoy se remontó al primer debate de la legislatura, donde propuso "detener la sangría del paro". En un país donde uno de cada cuatro trabajadores está parado, y otro en condiciones de subempleo denunciadas hasta por el Papa Francisco, presumir de resultados laborales es un sarcasmo. El perfil burlesco se intensifica al considerar que en las entrevistas previas a las elecciones de 2011 garantizó que en seis meses habría dado la vuelta al desastre económico, algo que no ha logrado. Ahora demanda cuatro años suplementarios para abandonar su legendaria pereza y volver a intentarlo. De nuevo, sobre las sufridas espaldas de las clases medias.

El BCE rescató a España para que no se hundiera Europa, pero Rajoy insiste en que no se ha producido una operación de salvamento bancario que inyectó decenas de miles de millones de euros en instituciones financieras saqueadas preferentemente por políticos y altos cargos impuestos por el PP. En fin, la crisis "va quedando atrás", un presente continuo dotado de la ambigüedad suficiente para que nadie pueda exigirle responsabilidades. Tal vez el error más grave consista en tomarse en serio a un gobernante que bromea con su trabajo.

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