19 de enero de 2013
19.01.2013
Santiago

El robo del Códice Calixtino fue "una pataleta"

Fuentes policiales dicen que el autor del confeso del robo era "muy desconfiado" y que se lo llevó "por fastidiar"

19.01.2013 | 18:37
El Códice, en la Catedral.
"Pero Manolo, hombre, ¿todo este dinero?". Magistrado, secretario judicial y policías no solo se sorprendieron el verano pasado por la recuperación del Códice Calixtino de un garaje de Milladoiro (A Coruña), propiedad del autor confeso del robo, sino del botín económico que guardaba.

Manuel Fernández Castiñeiras, exempleado de la Catedral de Santiago donde trabajo como autónomo durante 25 años, y actualmente en la prisión coruñesa de Teixeiro a la espera del juicio, colocaba palillos o papeles en la puerta de la estancia donde guardaba su botín para comprobar si su esposa, la costurera Remedios Nieto, o su hijo accedían al aposento.

"Son marcas que se llaman 'testigos' en lenguaje policial", han explicado a Efe fuentes de la investigación. "Con llave o sin llave, él metía palillos en un sitio determinado, o papeles, para saber si habían contravenido su mandato. Tenía vetado a los suyos poner un pie allí", han señalado.

Es un hombre, según las fuentes consultadas, "tremendamente receloso y desconfiado". En su domicilio guardaba tres libros contables en los que anotaba las cantidades de dinero de las que se apropiaba.

En la última página, una cifra final, marcada en rojo. El montante total que intervenido es de 1,7 millones de euros, pero no toda esta cuantía se encontraba en su residencia habitual.

Nadie esperaba hallar esa suma, menos que con su trabajo pudiese pagar en metálico pisos y plazas de aparcamiento, y tampoco dentro de esta "intriga surrealista" pensaban los investigadores que esa casa gallega cobijaba bandejas de plata y oro, otros objetos religiosos de gran valor, cartas de canónigos, y correspondencia de los vecinos de portal del antiguo operario de la basílica, que están planteándose ahora la posibilidad de personarse como acusación en la causa.

Una "mera pataleta", ese fue el móvil de Fernández Castiñeiras para apropiarse de la joya bibliográfica del medievo que custodia el templo gallego. Así lo han desvelado a Efe fuentes policiales, que indican que nunca existió la más mínima duda de que él había sido el autor.

El juez instructor José Antonio Vázquez Taín lo detuvo el 3 de julio de 2012 y el valioso libro apareció al día siguiente, el 4, un año después de su robo. "Se lo llevó por fastidiar, él quería obligar al cabildo, de una forma u otra, a que se le pagase lo que él decía que se le debía", manifiestan las fuentes consultadas.

José María Díaz, antes de convertirse en deán, tenía una muy buena relación con Manuel Fernández Castiñeiras, e incluso lo apoyó cuando el electricista decidió pleitear para que se le abonasen los 40.000 euros que él decía que se le adeudaban, apuntan los investigadores.

Todo cambió, matizan, cuando Díaz fue nombrado deán catedralicio. "Lógicamente, miró por lo que tenía que mirar. Entonces Castiñeiras quiso perjudicarlo como deán, y a la Catedral, e hizo eso, llevarse el Códice, sabiendo la veneración que todos allí sentían por él. El deán era un poco olvidadizo, a veces se le olvidaba hasta cerrar las puertas de su despacho". En la cárcel el comportamiento de Fernández Castiñeiras, subrayan las fuentes consultadas, "es bueno, se comporta como un buen chico".

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