El médico legal guipuzcoano Francisco Etxeberria, autor del informe que ha servido para imputarle a José Bretón el asesinato y posterior incineración de sus dos hijos Ruth y José, de 6 y 2 años, defiende la creación de equipos multidisciplinares para evitar futuros errores como el que llevó a la antropóloga forense de la Policía Nacional a asegurar que la única prueba de la muerte de los niños, sus huesos, eran de roedores. Y lo mantuvo durante once largos meses.

Etxeberria, que ayer participó en Valencia en el seminario "Ciencia y Justicia: Del indicio a la prueba en Antropología y Toxicología", organizado por la UIMP, llegó al caso Bretón "por una casualidad". Un amigo suyo, experto en el uso del georradar y que había participado en varias inspecciones en la finca Las Quemadillas de Córdoba, le habló del caso "en una cena informal con más personas". La curiosidad le llevó a preguntar y, "cuanto más me contaba, más incertidumbre me generaba". Al saber que habían aparecido unos huesos que alguien había atribuido a "roedores o aves", le pregunté si tenía fotografías. Le mostró una fotocopia en blanco y negro de la hoguera, en la que se apreciaban "unos huesos en el suelo. Ya en ese momento pensé: "Uy, esos huesos no son de roedores. Y tampoco de aves... Son de algún tipo de vertebrado...".

En cuanto mostró interés ante el juez "por echar un vistazo a más fotografías o a los huesos, me lo autorizó". Cuando llegó al laboratorio central de la Policía Científica, el 14 de agosto, para examinar los restos, se produjo una pequeña revolución entre los agentes, desesperados a esas altura porque su antropólogo había respondido siempre que eran de animales.

"Yo ya había visto fotografías buenas y sabía que eran humanos. Y además estaban los dientes, que no generaban duda alguna acerca de su origen homínido". A lo largo de dos horas, explicó a los policías punto por punto por qué se trataba de huesos "de dos homínidos de dos y seis años". Entre los restos, incluso hay un fragmento grande, de unos seis centímentros de longitud, del fémur de la niña de 6 años. No había lugar a la confusión.

Hay más evidencias

Esos "centenares de fragmentos óseos y los dientes" son concluyentes para determinar que son de los niños -"el ADN no es necesario porque la verdad pericial para asegurar que son ellos es ya muy sólida y la prueba biológica tampoco incrimina más al acusado, que ya ha reconocido que estuvo en la finca y que la hoguera la encendió él, ni ayuda a saber cómo murieron", aclara-, pero no son las únicas evidencias.

Entre las cenizas, los agentes de la Policía Científica encontraron, además, un botón metálico de un pantalón vaquero y un pedazo de tela de algodón verde de la manga de una camiseta. La hoguera, además, fue tan potente que fue avistada aquél 8 de octubre de 2011 por personal de detección de incendios a 33 kilómetros de Las Quemadillas. Y así quedó registrado en varias llamadas telefónicas.

Por todas esas razones, Etxeberria, que centró su intervención ayer en la UIMP en relatar su experiencia como experto en a exhumación de fosas del franquismo, considera que haya una "verdad pericial muy consolidada" para que el fiscal construya una acusación sólida de cara a la vista oral. "Sobre todo", remacha, "después de que la perito de la policía rectificara ante el juez, lo que permite ir al juicio con una sola verdad pericial".

Un antes y un después

Cree que el error inicial se produjo "porque no se generaron dudas en la perito", por lo que no consultó con nadie más. Por esa razón, aboga por "equipos multidisciplinares con un informe final consensuado e integrado" para evitar futuros errores como éste y defiende "muchos más convenios de colaboración entre la policía judicial y la universidad.

"De hecho, me consta que la policía ya está en ello, porque son los primeros que no quieren que algo así vuelva a ocurrir", explica.

El forense, profesor titular de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco, cree, por todo ello, que "habrá un antes y un después del caso Bretón en la investigación criminalística y forense española".

Además, ayer participó en el seminario de la UIMP el antropólogo forense Douglas Ubelaker, del Smithsonian Institution de Massachussets, en Boston (EEUU), uno de los centros de investigación forense más prestigiosos del país, quien habló precisamente de la identificación de cadáveres a partir de restos óseos quemados y de pequeños fragmentos que, mediante ciertos análisis, pueden ser clasificados "como humanos sin mucha dificultad".