22 de octubre de 2011
22.10.2011
Tribuna

ETA en el cambio de paradigma

22.10.2011 | 08:30
Cenábamos en Tokio un grupo de representantes de medios españoles cuando recibí la llamada de un colega periodista con la primicia de una tregua de ETA. Tal vez fuese la distancia física y cultural lo que nos movió a creerla posible. El aplauso a la noticia contenía dosis de emoción que desplazaron de inmediato el interés por la cena y su curioso ritual. No se habló de otra cosa y cada quien volvió al hotel degustando el probable final de una pesadilla. Todos habíamos pasado décadas con la carga del terror adherida a la vida como una segunda piel. La tregua duró hasta el atentado en la T4 y aceptamos –sin resignación– el retorno a la realidad.

Pero están pasando cosas. Hasta hace pocos meses, la gran mayoría de los ciudadanos tunecinos, egipcios y libios descartaba la utopía de su libertad. Ya son libres, como lo serán muy pronto sirios, yemeníes y muchos otros. Creíamos virtualmente indestructible la hidra planetaria del terror islamista y ya está descabezada, con sus últimos focos a punto de expirar. El mundo cambia a un ritmo uniformemente acelerado y nos falta perspectiva para valorar la profundidad de unos signos sin vuelta atrás. El envilecimiento del poder democrático ha tocado el punto de inflexión de la crisis sistémica y llena las ciudades del ´primer mundo´ de voces indignadas que reivindican derechos primarios, tan esenciales como los que movilizaron las revoluciones históricas. Hay cambio para todo y para todos. No se limita a un paradigma, se extiende a todos aunque no lo veamos. Lo ven los filósofos y los sociólogos, que no cesan de proclamar la energía transformadora del nuevo milenio, portadora de grandes pesadumbres, incluso telúricas, pero llena de nuevas luces.

ETA nos ha acostumbrado a la desconfianza y a la nula credibilidad de sus enmiendas. Nos resistimos con razón a creer la última, pero analizamos ansiosos los posibles elementos de verosimilitud. Lo verosímil se parece a lo verdadero, pero no lo es. Daremos mil vueltas al dudoso armisticio y seguiremos esperando lo que falta –entrega de bombas y pistolas, autodisolución, petición de perdón– en el contexto objetivo del acoso policial en España y Francia, el fracaso de todas y cada una de sus pretensiones políticas, la creciente defección de los propios, el realismo de devolver a la sociedad civil la reivindicación separatista, el proceso irlandés o el oportunismo de la pugna electoral española. Pero es importante no perder de vista la potencia de una dinámica de cambio extendida a nuestro mundo en su integridad. La única globalización efectiva es el rechazo de los regímenes autocráticos y las aberraciones de los democráticos, en paralelo con la instantánea globalidad de la comunicación
El paradigma global está en quiebra. ¿Podría ETA ser excepción?

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