17 de octubre de 2011
17.10.2011

"Los ricos de España tuvieron miedo en 1808 a una revolución a la francesa"

El historiador ­Jean-René Aymes reivindica la memoria histórica como fórmula de progreso

17.10.2011 | 08:30
El historiador Jean-René Aymes.
­Jean-René Aymes. Historiador. Catedrático emérito de la Universidad de París III, este hispanista es hoy uno de los grandes referentes en el estudio de la Guerra de la Independencia, al que llegó gracias al influjo de Tuñón de Lara. El estudioso reivindica la memoria histórica como fórmula de progreso.

–¿Ha sido injusta la historiografía española con la Francia napoleónica?
-Antes sí, porque se hacía una condena global no matizada. Todo lo malo lo encarnaba la tropa francesa. Esto valía para el franquismo, entonces casi todos los estudios fortalecían esta galofobia, que tenía que ver con el rechazo de la Francia republicana. Luego emergió una versión más matizada, hija del enfoque marxista de Pierre Vilar. Así entendí que había que buscar fuentes para una visión más equilibrada, sin tanto ajuste de cuentas.
-¿Los prejuicios han prevalecido frente a la realidad en los estudios sobre esta época?
-Sí, pero en los últimos años se ha pasado de un extremo a otro. En los tiempos de la hagiografía franquista, los guerrilleros eran héroes y mártires; en la actualidad, se les ve como bandidos y forajidos desarrapados.
-Y usted, ¿dónde se sitúa?
-Estoy entre dos fuegos. Lo importante es ponderar y cuantificar, no extrapolar a partir de unos pocos datos locales. Puede ser que el liberalismo y las Cortes de Cádiz también se presten a estas dos lecturas antagónicas: si era una tendencia positiva frente a la reacción o era demasiado tímido. Creo que si confrontamos ese liberalismo de Cádiz con lo que vino después, el absolutismo y la represión fernandina hasta 1820, fue una reforma laudable.
-¿Es solo un mito la identificación de Francia con la modernidad y de España con el atraso?
-La propaganda napoleónica justificó la invasión diciendo que iba a despertar al pueblo español, pero yo no creo que esa invasión se hiciera en nombre de una prolongación de la Revolución Francesa. Era más bien pura ambición egoísta de Napoleón, olvidando el mensaje libertador. En la actualidad, hay unos pocos historiadores franceses que mantienen la idea de que Francia llevaba la libertad, pero no lo creo.
-¿Hasta qué punto el retraso de España para alcanzar la modernidad deriva de la guerra y expulsión de los franceses?
-La misma ocupación francesa despertó al pueblo español y obligó a las elites intelectuales a entrever la posibilidad de aprovechar la lucha de liberación territorial para implantar reformas. Fue una sacudida terrible, pero no la veo completamente negativa.
-¿En ese contexto, cuál fue el papel de José Bonaparte?
-Estamos viviendo en España un momento de rehabilitación de los afrancesados y también de José. Me choca, porque viví de joven con la imagen del Pepe Botella, el ser mediocre y ridículo, y ahora va creciendo la idea -en la que creo- de un rey bienintencionado con España, dispuesto a reconciliarse con los adversarios. Lo malo es que promete defender la integridad territorial y cuando en 1810 estaba triunfando en la campaña de Andalucía el emperador crea gobiernos militares a la izquierda del Ebro, con lo que preparaba la anexión de estas zonas. Fue el golpe fatal para José.
-Historiadores como Charles Esdaile consideran que el pueblo estuvo manipulado por las clases poderosas para que nada cambiara, ¿está de acuerdo?
-La imagen de la guerrilla que propone no la comparto, pero sobre esto, sí. Los notables y ricos tuvieron un miedo tremendo a que estallara una revolución a la francesa, en la que los pobres pensaran en acabar con los privilegios. Se ve en el fenómeno del juntismo. En muchos casos la primera sacudida procedía del pueblo bajo, pero rápidamente se puso a la cabeza de las juntas gente de títulos y riqueza. Hubo levantamientos populares reales, pero fue algo minoritario. Me hubiera gustado que esa revolución social, premarxista, se hubiera difundido, pero lamento decir que este anhelo de pobres se frustró.
-¿Encuentra alguna similitud entre aquellos indignados españoles de 1808 y los de hoy?
-¡Uf! Por lo poco que sé, el movimiento actual se basa en una exigencia de justicia con un credo bastante claro. En 1808, esta denuncia de la desigualdad y la injusticia no tuvo tanta difusión como se pueda imaginar.
-¿Para progresar, es necesaria la memoria histórica o conviene olvidar?
-De ninguna manera hay que olvidar. En Francia la memoria histórica está más extinguida y sofocada que en España. En Francia se ha olvidado la colaboración de Petain con los nazis; todo parece que fue resistencia y no es así, ni pensarlo. La guerra de Argelia, casi ni se habla de ella, como de la de Indochina, un conflicto colonial escandaloso e indecente que incluso mis hijos desconocen.
-¿El peligro del debate historiográfico es el revisionismo?
En Francia el periodo sometido al revisionismo es la Revolución Francesa. Incluso marxistas han pasado a identificar revolución con terrorismo, como si existiera el sueño de una revolución radical, profunda, pero pacífica, limpia. Eso es imposible.

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