Icono destacado del skyline de Barcelona y obra maestra del arquitecto modernista Antoni Gaudí, la Sagrada Familia, que el Papa consagrará el próximo día 7, se convertirá en los próximos veinte años en la gran catedral del siglo XXI.

Al igual que las catedrales medievales, en cuya construcción se tardaba siglos, la Sagrada Familia acumula ya 128 años desde que el arquitecto diocesano Francisco de Paula del Villar comenzó el proyecto de una iglesia neogótica el 19 de marzo de 1882, un proyecto al que se incorporó un joven Gaudí a finales de 1883.

Cuando muere Gaudí en 1926, el arquitecto sólo había visto construido el primer campanario de la fachada del Nacimiento, dedicado a San Bernabé, de 100 metros de altura.

Al morir Gaudí, asumió la dirección de las obras su estrecho colaborador Domènec Sugrañes hasta 1938, y tras la guerra dirigieron las obras sucesivamente Francesc de Paula Quintana Vidal, Isidre Puig Boada y Lluís Bonet Garí, colaboradores de Gaudí, personas que conocieron al maestro; y posteriormente, Francesc de Paula Cardoner Blanch y Jordi Bonet Armengol, que ocupa el cargo desde 1984.

Desde sus inicios, el templo siempre ha sido expiatorio, pues su construcción se ha financiado con donativos, a los que se han sumado en los últimos años el dinero que dejan en taquilla los más de 2 millones de turistas anuales que visitan la Sagrada Familia.

Gaudí inició el proyecto por la cripta, el espacio en el que hoy se encuentra su tumba, pero cuando comenzó las obras del ábside y del claustro, un importante donativo anónimo empujó al arquitecto a desestimar el proyecto neogótico inicial y a acometer una obra de más envergadura: una iglesia de grandes dimensiones, con planta de cruz latina, que, en lugar de una, tendría 18 torres.

Tras el acto del domingo, el día siguiente continuarán las obras por encima de la cubierta para levantar el cimborrio más alto, dedicado a Jesucristo, que se alzará hasta los 170 metros. En 2015 asomarán ya las cuatro torres de los evangelistas, por lo que la vista habitual del Templo, con sus ocho torres, cambiará, y cuando se acaben las obras en el primer tercio de este siglo, se convertirá en el edificio más alto de la ciudad, por encima de la Torre Mapfre y el Hotel Arts (154 metros).

Para el final quedará la resolución de la fachada de la Gloria, la que se erigirá en la calle Mallorca, junto al discutido túnel del AVE. Su proyecto será realizado en la Universidad de Melbourne, donde se desarrollarán modelos tridimensionales a partir de los escasos fragmentos y fotografías originales conservados de la reproducción a escala que había hecho Gaudí.