06 de julio de 2008
06.07.2008
Opinión

Izquierda, ¡ar!

06.07.2008 | 02:00
El líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, logró hace años que se le atribuyera la especie de poseer un control milimétrico sobre los tiempos políticos y, en consecuencia, aprovechar el valor añadido que tal cualidad comporta. Desde su llegada al poder en el PSOE en el año 2000 esta habilidad ha sido uno de los méritos que han adornado su trayectoria política, según la impresión más ampliamente difundida y contrastada en no pocos momentos de su fulgurante carrera. En función de este axioma, que de momento no ha sido refutado, todos sus actos y decisiones son producto de una reflexión que persigue unos objetivos concretos, cuya visibilidad no tiene por qué ser diáfana; ni siquiera al alcance de una comprensión inmediata. A partir del momento en que Zapatero se convirtió en ZP esta peculiaridad de su personalidad política la ha estado aplicando como presidente del Gobierno, lo cual ha generado grandes expectativas entre la ciudadanía y profusas repercusiones mediáticas, cosas que le producen honda satisfacción que apenas comparte con unos pocos. Ejemplos los hay a mansalva, desde el aparcamiento de personas que indefectiblemente le ayudaron a subir al carro del poder hasta los golpes de efecto en los nombramientos en el Ejecutivo y aledaños, calificados como "exóticos" por alguien conocedor de su "modus operandi".
Ahora bien, en el contexto del partido las actuaciones de Zapatero han sido hasta este momento bastante comedidas pese al "cambio tranquilo" con el que ganó el celebrado XXXV congreso federal. Hasta ahora. En el congreso que se clausura hoy la cosa ha cambiado. Los cambios aplicados han sido profundos y su trascendencia se verán a medio y largo plazo. Zapatero ha roto de un plumazo varios hábitos consuetudinarios instalados en la tradición más inmediata del partido. Por ejemplo, las cuotas territoriales y los pactos con los "barones" territoriales; a partir de ahora el mensaje y la práctica es sencilla: ya no hay nada de eso. El concepto de ejecutiva nacido en este cónclave socialista nada tiene que ver con otros anteriores: se asemeja más a un consejo de administración operativo, al que se le deben exigir resultados, que a un reparto interno de poder. Además, su nueva estructura, más operativa, y no pocos de sus nombres aportan una indicación de por dónde va a ir el futuro del PSOE. Más que un aviso a navegantes es una carta de navegación propiamente dicha. Una renovación completa de las estructuras internas. Y cuenta para ello con el 98,53% de respaldo.
En cuanto a los contenidos, Zapatero ha impulsado una profundización del contenido social de las ideas del PSOE, todas de carácter progresista. Era lo que pedían las bases y lo que deseaba el propio Zapatero: más izquierda, especialmente en la línea marcada en los últimos años respecto a los derechos de las personas, la visión republicana de la sociedad moderna. El líder del PSOE se ha convertido en estos últimos años en un referente imprescindible para la izquierda europea, no solo por estar en el poder sino sobre todo por sus políticas sociales. Pues bien, como dijo el pasado viernes, los cambios no se van a parar. En esa línea el congreso socialista ha decidido trasladar a la sociedad propuestas evidentemente progresistas que con toda seguridad se trasferirán a la acción del Gobierno. Al mismo tiempo, se emite un mensaje progresista al resto de partidos socialistas, principalmente en Europa. En cualquier caso, es una propuesta de izquierdas con sello personal para una sociedad que evoluciona a marchas forzadas. Habrá que comprobar si se trata de un paso más de su famoso control de los tiempos políticos y si le reporta réditos positivos como hasta ahora.
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