Algunas fuentes aseguran que esa es la táctica que utilizaron con los guardias civiles a la salida del bar para constatar que éstos eran miembros del Instituto Armado y dispararles.

En una entrevista que hoy publica el diario regional 'Sud Ouest', recogida por Europa Press, cuenta que salía de la peluquería a las 10.40 horas en Haut-Mauco y que se dirigió a recoger su coche, un Peugeot 307 aparcado en un parking situado unos metros más allá. En el momento de dar marcha atrás, otro coche se le atravesó.

Tilhet dice que apenas tuvo tiempo de darse la vuelta cuando un hombre, al que ni siquiera había oído llegar, se había montado ya en su vehículo, en el asiento del pasajero. "Me dijo que era de la policía y me pidió las llaves del coche", señala.

Asegura que no fue amenazada con ningún arma y que el individuo no pretendía charlar. Le dio entonces las llaves y salió del coche, momento en el que dos personas, un hombre y una mujer, la agarraron por detrás, abrieron el maletero y la metieron dentro.

"Grité, pero no había nadie más que nosotros en el parking. El hombre montó delante, la mujer en la parte trasera y arrancaron bruscamente", indica.

Más tarde, a la salida de Haut-Mauco, en dirección de Mont-de-Marsan, los etarras abrieron el maletero bruscamente y la mujer le hizo señales para que se pase al asiento posterior del vehículo, momento en el que le cubren la cara con la capucha de su propia parka.

La secuestrada sostiene que no tuvo ningún contacto con los hombres que parecían estar preocupados por el trayecto. La conducción era brusca, circulaban sin cinturón de seguridad y con las ventanas delanteras abiertas. Dieron marcha atrás varias veces y, según la retenida, parecía que tenían problemas para ubicarse.

"Al principio estaba aterrada. Cuando les oí hablar español me dije que podrían ser de ETA y que iban a matarme. Al final, acabé por conservar mi sangre fría y me dirigí a la mujer", continúa. "Yo estaba encajonada entre ella y la silla de mi bebé, le dije que tenía marido y dos hijos, que eran lo más importante del mundo para mí, que quería volver a verles y que me necesitaban", prosigue.

"Al principio no me respondió y luego me dijo: tranquila, tranquila. Esta noche, marido, casa y niños. En ese momento, me cogió la mano", narra Fanny Thilhet.

Dice también que durante el trayecto no veía prácticamente nada porque tenía la cara cubierta casi totalmente por su capucha pero que vió desfilar muchos pinos y casi ningún signo de zona habitada, por lo que supone que los etarras transitaban por carreteras pequeñas. Recuerda, eso sí, haber visto un cartel indicando la dirección de Sore, Parentis y Saucats.

En ese momento es cuando le dicen que la soltarán en media hora. Un poco más tarde, el coche entra en una pista forestal porque se notaban perfectamente los baches. Se dio cuenta de que había una silla de plástico blanco sobre el borde de la pista y un cartel que decía 'Aquí, cazadores felices'.

Cuando el coche se detuvo, los dos hombres cogieron sus cosas abrieron la puerta de atrás, la dijeron que bajara y que la iban a atar en el bosque. "Yo protesté. Les dije que iba a morir allí y que nadie vendría. Caminamos unos 150 metros, me colocaron un gorro en la boca que me sujetaron con una cuerda alrededor de la cabeza y me ataron a un árbol con una red que cogieron del maletero", recuerda.

"ESTA NOCHE LE CONTARÁS LA HISTORIA A TU HIJO".

Tenía las manos y la cintura atados y es en ese momento, cuando por primera vez uno de ellos le dice que era miembro de ETA y que necesitaban dos horas para huir. "Me dijo que no me preocupara, que era joven, que resistiría el frio con mi parka y que alguien acabaría encontrándome". "Al marcharse me dijo: esta noche le contarás la historia a tu hijo", relata Thilhet.

A la mujer no le costó librarse de sus ataduras y luego corrió, dice, "como una loca" por la pista hasta dar con el cartel de los cazadores, la silla blanca y llegar a la carretera donde empezó a hacer señas a los coches que pasaban. Dos pasaron de largo pero el tercero, a bordo del cual iba una pareja de unos cincuenta años, paró y la condujo hasta la Gendarmería de Léognan, el pueblo más cercano al lugar en el que la habían soltado los etarras.

"Tuve mucho miedo, un miedo increíble. Me hice diez mil preguntas durante este periplo de dos horas. Hoy me siento aliviada. Estoy contenta sobre todo de haber mantenido la sangre fría y contenta de haber vuelto con mis niños y mi marido. Sí, me siento aliviada", concluye.