Hasta esta mañana del lunes se admiten apuestas: ¿El encuentro de la Moncloa de Zapatero y Rajoy será una versión más de los sucesivos desencuentros que han tenido los dos dirigentes políticos, o esta vez habrá alguna clase de entendimiento y compartirán planes y proyectos? De entrada, cada parte ha fijado ya unos mínimos sobre lo que espera de la otra parte, que complican bastante el desarrollo de la entrevista: En declaraciones a ABC, Mariano Rajoy proclama: "Debemos volver a la política que llevó a ETA a la indigencia absoluta. Es antidemocrático que Zapatero me pida lealtad inquebrantable sin saber qué hará contra ETA. Ahora importa más el futuro que el pasado. Lo más importante que tengo que pedir al presidente del gobierno es claridad, que rectifique y vuelva a la política antiterrorista, que no se distraiga con el PP y que se aplique contra ETA". O sea, el Rajoy de siempre, convencido de que la verdad es suya y es el interlocutor quien debe rectificar y corregir el rumbo.

Por su parte, María Teresa Fernández de la Vega dice al diario La Vanguardia: "Esperamos que esta vez Rajoy no defraude. Una cosa debe quedar clara, la política antiterrorista la fija el gobierno. Los españoles quieren unidad ante ETA. Siempre se cometen errores, pero hemos hecho lo que debíamos. Hubiese sido una irresponsabilidad no intentarlo".

Y en cuanto al propio Zapatero, ha dicho que será implacable frente a ETA, ha endurecido el discurso y ha anunciado: "Lucharemos contra ellos para defender la libertad de todos", proclamando también que no pondrá condiciones a Rajoy. Pero tampoco le gusta nada que se las pongan a él y ahí es dónde puede plantearse la dificultad: en la prepotencia que emplea siempre el dirigente opositor cuando acude a reunirse con el inquilino de la Moncloa.

Es cierto que se han aparcado bastantes de las críticas que una y otra parte se han venido efectuando hacia la otra. La propia Esperanza Aguirre ha explicado en estas vísperas del encuentro o encontronazo que es cierto que Zapatero no ha cedido a las dos grandes exigencias de ETA, que son Navarra y la independencia. Pero sí ha hecho cesiones parciales muy importantes y graves, como que ETA se siente en las instituciones. Y es muy probable que -eliminadas otras grandes expectativas como había proyectado el PP, como anticipar elecciones- vayan también por ahí las reclamaciones que hará Rajoy: cómo quitar de en medio a los batasunos vestidos de ANV, y ya de paso, al PCTV del parlamento vasco.

Una vez más, el PP desearía que dejen de existir esos aproximadamente ciento ochenta mil vascos que no votan PNV, ni PSE, ni PP, y quienes los representan en las instituciones.