En la semana previa al debate de totalidad del proyecto de reforma del estatut catalán ha habido una batalla de cátedras a instancias de parte, es decir del PSOE y del PP, sobre el ajuste a los preceptos constitucionales de la iniciativa del Parlament. Pero ha sido una batalla, digámoslo así, de juegos florales. Tanto socialistas como populares han tenido a bien no propiciar que fuesen los propios doctores universitarios quienes bajasen a la arena como si fuesen gladiadores; se han limitado a guardarlos a sus espaldas a modo de reserva espiritual de sus respectivos argumentos y estrategias. Ahora bien, con sonadas diferencias. Mientras los socialistas han tenido a bien encargar un dictamen a cuatro catedráticos de derechos Constitucional (Francisco Balaguer Callejón, Javier García Roca, Manuel Medina Guerrero y Alejandro Sáiz Arnaiz) para hacerlo propio, los populares se han limitado a juntar a 16 diferentes cátedros, no todos en la materia sometida a la cuestión, para poco menos que hacerles suscribir las tesis que previamente Mariano Rajoy ha ido proclamando cual rosa de los vientos; se ignora, por lo tanto, si entre esta selección existen divergencias o entusiasmos ya que el líder del PP se ha limitado a decir que su contacto con la comunidad universitaria le ha venido a dar la razón en sus tesis sobre la inconstitucionalidad del texto catalán, aunque bien es cierto que evitó utilizar epítetos catastrofistas al salir del citado encuentro, por cierto celebrado en sede parlamentaria.

Sea como fuere esta apelación al docto saber universitario ha coincidido en un enfriamiento de la elevada temperatura que había alcanzado el fragor de la polémica, especialmente desde las terminales mediáticas -en este caso, más terminales que nunca- de la opción conservadora. Incluso el propio Rajoy viajó de sopetón a las entrañas del cava catalán para hacerse lo que los estadounidenses llaman photo opportunity, representación del viejo aforismo de que una imagen vale más que mil palabras. Todo aderezado con el latiguillo de que el PP va a defender mejor que nadie a los catalanes de sus propios representantes, una tarea que, habrá que concluir, es encomiable en estos momentos por parte de Rajoy. En este clima de calma de espíritus que parece haber invadido a los dirigentes populares en los últimos días -el líder popular incluso se ha ofrecido al presidente del Gobierno para "reescribir" el texto de la reforma estatutaria- ni siquiera el antipático tono manifestado por José María Aznar ha logrado que se pierdan los nervios. Su apelación a que los beneficios de los empresarios y las cuentas corrientes de los trabajadores se verán mermados por el estatuto catalán ha sonado a lo que es, un despropósito sin mayores adjetivos, eso sí pronunciado ante las mismas barbas de su sucesor a quien no parece tener el más mínimo miramiento o respeto,

Este cambio de tonalidad en el PP ¿es consecuencia de una reflexión de cordura o simplemente se trata de un amansamiento que precede a la tormenta del día 2? La sesión parlamentaria en el día que el calendario católico festeja a los fieles difuntos -una observación que el inefable ministro Bono ha constatado a quien ha querido oírlo- será de las que hacen época, a juicio de los preparativos que se realizan en las instalaciones parlamentarias. El pasado viernes por la mañana ya estaba instalada la mesa y las tres sillas a pie de hemiciclo para que tomen asiento los tres representantes del Parlament que defenderán la iniciativa -De Madre (PSC), Carod-Rovira (ERC) y Mas (CiU)- y en varios puntos se estrenaban decorados, como en la sala de prensa y en los pasillos con el fin de que la jornada marque un hito en el parlamentarismo español. Todo ello supervisado personalmente por el presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, para que no haya ningún fallo y no falte de ná. La seguridad es equiparable a la que se aplica a los partidos de máximo riesgo y los periodistas deberán caminar por lugares previamente delimitados y poco menos que con el carné en la boca. Las listas de invitados se supervisan al detalle los restaurantes cercanos ya tienen hechas las reservas pertinentes. La expectación es tanta que incluso un profesor de derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de Madrid ha encargado a sus alumnos de primero -apenas llevan semana y media de clases- un trabajo sobre si Rajoy tiene razón o no en exigir que la reforma estatutaria catalana se tramite como una reforma constitucional.