Pese a que se vende como el único país socialista de Occidente, Cuba ha demostrado en Salamanca, una vez más, que es un as en el arte del marketing y de la autopromoción.

Porque aunque finalmente su mejor baza, Fidel Castro, no estará presente en la Cumbre Iberoamericana, ha vuelto a conseguir acaparar la atención de todos y que su versión de los hechos copen titulares que, suceda lo que suceda ahora y se desmienta lo que se desmienta, ya nadie podrá borrar.

Así, ayer viernes, la mayoría de los medios destacaba el "triunfo" cubano al lograr que en la declaración final de la Cumbre se pida el fin del "bloqueo" a la isla y se incluya un apoyo a la solicitud venezolana de extradición del presunto terrorista anticastrista Luis Posada Carriles, aunque sin citar su nombre. Así lo había afirmado en rueda de prensa el canciller cubano, Felipe Pérez Roque.

El dominio mediático suponía el cruce de meta tras una carrera de fondo liderada en todo momento por La Habana. Porque hacía días que las páginas de los periódicos se llenaban de especulaciones sobre la participación o no de Castro en Salamanca y de análisis interpretando su posible asistencia como un esfuerzo especial del organizador de la cumbre, el gobierno socialista español.

Este es probablemente el más perjudicado de todas estas idas y venidas.

Y es que si bien es cierto que hubiera venido o no Castro muchos habrían encontrado motivos para criticar al ejecutivo de Zapatero, la cancelación in extremis, a última hora de la noche del miércoles, sirvió a muchos para darle la puntilla final.

En un intento de controlar daños, fuentes de la Moncloa aseguraban ayer que el gobierno español no tenía interés especial alguno en la presencia de Castro, que eso "nunca fue un tema". Zapatero se limitó a decir "sin énfasis particular" que "voy a seguir sin conocer a Castro".

Por su parte, el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, trataba de dar la misma relevancia a la ausencia cubana que a la de otros mandatarios como los de Guatemala o El Salvador: "Lamentamos mucho la ausencia del presidente Castro y de todos los presidentes que están faltando, hubiéramos querido tener la presencia unánime".

También intentó quitarle hierro al asunto de la declaración final, afirmando que el tema del embargo a Cuba "está dentro de resoluciones que ha habido sistemáticamente en Naciones Unidas y en las propias Cumbres Iberoamericanas; el tema de Helms Burton reitera algo que ha estado en el debate permanentemente".

Respecto a Posada Carriles, aseguró que "los gobiernos decidieron no tocar el tema especialmente y concentrar la declaración en una declaración de principios generales" en la que la mención de temas como la extradición -como "mecanismo legal de cada país"- responde a intereses no sólo cubanos, sino a otros países como España.