La detención en Francia de los etarras Aguirre y Mendizábal -a quien la policía, según dice el ministro Alonso, imputa la dirección de los comandos de ETA- es un hecho de primera magnitud. No sólo por la detención en sí misma, que supone que dos pistoleros ya no andan sueltos, sino porque hace pensar en que quizá a partir de ahora pueda estar más cerca avanzar hacia un estadio de posibles contactos encaminados a llegar a una tregua. No hay fuentes del todo fiables cuando se trata de ETA, pero las que habitualmente suelen ser más solventes dicen que el tal Aguirre, que pasa por ser la cabeza del sector más duro de la banda, se oponía a a la tregua y a lo que pudiera venir detrás. No así -dicen- el huido Josu Ternera.

Es pronto para saber cómo reaccionará la banda ante las detenciones realizadas por la Gendarmería francesa -en el pasado su respuesta era tan automática como sangrienta-, pero de esa respuesta van a depender muchas cosas. Desde luego, la ausencia de respuesta sería una señal de que algo se está moviendo en serio entre las sombras. Que la Gendarmería haya llegado tan alto hace suponer que ha contado con el auxilio de los servicios de información de la Guardia Civil. Atentos, pues, a las próximas horas y días, porque podemos estar ante un punto de inflexión en la trayectoria de la banda terrorista.

Si la detención no tiene réplica -y ¡ojalá! que así sea-, querrá decir que el optimismo del que hace gala el presidente Rodríguez Zapatero cada vez que le preguntan por una hipotética negociación encaminada a que ETA deje las armas tiene algún fundamento. Atentos, pues, a las novedades de las próximas horas tras las detenciones de los jefes del último comando.