La costumbre de otorgar cien días de gracia a un nuevo Gobierno antes de evaluar su gestión fue instaurada en 1933 por el 32 presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, quien en ese período puso en marcha un programa de reactivación económica conocido como el new deal.

Tras el colapso bursátil de 1929 y el período de Gran Depresión que le siguió, Roosevelt (presidente de Estados Unidos entre 1933 y 1945) reunió a un grupo de profesores de la Universidad de Columbia, que se conoció como brain trust, para elaborar un programa global con soluciones económicas que prometió cumplir en los primeros cien días de su Gobierno.

Esta promesa electoral le valió un claro triunfo frente al republicano Herbert Clark Hoover en las elecciones presidenciales celebradas en 1932, tras las que puso en marcha el "primer new deal" para superar el estancamiento de la economía y la crisis social, que concretó en una serie de iniciativas estatales asumidas como medidas de emergencia.

Mediante una larga serie de leyes reformistas elaboradas en sus "primeros cien días" de gobierno (del 9 de marzo al 16 de junio de 1933), Roosevelt consiguió sanear la agricultura, coordinar la banca con la creación de un sistema central bancario, estabilizar la moneda a través del abandono del patrón oro, reducir los índices de paro y encauzar la producción industrial. Toda una batería de medidas que llevó a cabo el presidente norteamericano

A partir de entonces se popularizó la tradición de conceder estos "primeros cien días" a los presidentes del Gobierno elegidos en democracia, y tanto la oposición como los analistas políticos y los periodistas han usado esta fórmula para medir y evaluar a una nueva administración. El problema es que esta tradición, que no deja de ser solo eso, comienza a perderse. La oposición tanto política como mediática no respeta nada...