La prensa de este domingo 18 de julio nos ha llegado con dos declaraciones de notable interés: Rajoy, horas antes de la clausura de los cursos de FAES. Había considerable expectación por lo que pudiera decir el "nuevo líder" que, cuando inauguró tales cursos Aznar, se vio en la necesidad de situarlo en su lugar, por cuanto venía a enmendarle la plana severamente en cuestiones elementales.

Rajoy, dice La Vanguardia, que PP y PSOE deben acordar tres grandes materias, política exterior, modelo de Estado y lucha contra el terrorismo. Rajoy reitera lo que dijo tras verse desautorizado por Aznar: el PP votará a favor de la Constitución europea "pese a que el gobierno la negoció mal". Abunda en la tesis del PP, según la cual, España con Aznar era un país con influencia y ahora depende de Francia. Y compensa seguidamente a Aznar declarándose coincidente en materia de Irak: "Uno no puede retirarse en una situación así", dice.

Eso sí, vuelve a poner en su sitio a su antecesor, al explicar la misión de FAES: "Es muy útil y me proporciona importante documentación si se la pido". Aznar queda como documentalista del nuevo líder. El resto, en buena medida, son críticas a sus adversarios políticos: no sabemos con qué apoyos cuenta el Gobierno ni cuál es su programa. Zapatero está obsesionado con hurgar en el pasado y no toma decisiones. Tengo la sensación de que no sabe qué\ hacer.

Es decir, se limita a ejercer de líder opositor: disiente de la retirada del Plan Hidrológico, de la derogación de la Ley de Calidad de la Educación, de que Trillo se vea en dificultades por el Caso Yak. La segunda declarante es la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega. Y, como en el caso de Rajoy, pretende determinar su propio territorio y no dejar que se lo pise nadie. Por ejemplo, discrepa de Maragall en que vaya a abrirse un período de reforma constituyente: Reformas, sí, pero las cuatro anunciadas en el debate de investidura de Zapatero, ni una más.