Segundo día de comparecencias ante la comisión de investigación del 11-M en el Congreso; llegan los primeros uniformes y los comisionados dejan ver ya el hilo conductor de los interrogatorios: cada uno quiere llevarse el agua a su molino.

Las dos cuestiones fundamentales ayer fueron determinar en qué momento se inclinó la investigación por la hipótesis de ETA o del terrorismo islamista, y cuándo se conoció el tipo de dinamita utilizado en el atentado.

Este último asunto dio más de un disgusto a alguno de los comisionados, ya que el Titadyne se convertía a veces en "Citadine" y otras en "Cicadine".

La comisión de investigación trasciende los muros de la sala donde se celebra y, cada vez que sale un compareciente y se produce un pequeño receso a la espera del siguiente, los diputados pasean para estirar las piernas y a comentar sus primeras impresiones con los periodistas.

Quienes no son habituales de la Cámara se sorprenden de que en esos momentos dos diputados de distintos grupos sean capaces de concluir que, después de tal o cual comparecencia, "ha quedado demostrada..." una cosa y su contraria.

Pero tampoco falta algún informador al que, en esos descansos, sólo le falta cambiar el sitio a los diputados para explicarles qué deben decir y cómo deben llevar el interrogatorio, lo que al más activo de ellos adoctrinando comisionados le hizo ganarse el apodo de "entrenador" en boca de uno de los ujieres.