Las democracias modernas necesitan partidos políticos capaces y solventes, desde luego, en el Gobierno. Pero también en la oposición. Creo que en estos momentos en España, por fin, los tenemos. La complejidad de los problemas de la globalización y la exigencia de soluciones de calidad por los ciudadanos necesita al Gobierno y a la oposición. Más que en ningún otro tiempo, la colaboración y el acuerdo entre los partidos políticos en los grandes asuntos de Estado se han convertido en el marchamo de calidad del sistema democrático. Y saber que el 'relevo' está a punto es su mayor garantía.

Hoy, en España, el 'mecanismo' vuelve a funcionar de forma satisfactoria. Hace tan solo cuatro años, el PSOE parecía sencillamente incapaz de volver a encontrar el hilo de la alternancia que perdió en los tiempos de la 'corrupción y el GAL'. Pero, bajo la batuta de Zapatero han pasado en tan solo cuatro años de la nada (prácticamente de la irrelevancia política) al poder.

Los muchos errores -el primero, soberbia- que el Gobierno de Aznar cometió durante la legislatura de la mayoría absoluta, creerse 'dueños de la pista', no han sido ajenos, desde luego, al triunfo del PSOE de ZP. Pero la alegría que ha destilado estos tres días el XXXVI Congreso del PSOE creo que está plenamente justificada. Este Congreso marca el fin del periodo de gracia del actual Gobierno. Para no defraudar la confianza, contagiosa, que los socialistas muestren en el futuro, no deberían perder de vista que el secreto de su éxito, lo que les ha conducido hasta aquí en un tiempo récord, no es otro que escuchar a los ciudadanos. Zapatero volvió a convocarse y a convocarles a esta tarea ayer. Todos ganaremos si no pierden los nervios y la brújula.