Fin de semana socialista. XXXVI Congreso del PSOE. Tres días para el análisis de lo ocurrido en el partido desde el anterior Congreso, cuatro años atrás, en el que fue elegido José Luis Rodríguez Zapatero como secretario general, lo que cerraba otros cuatro años de crisis y desconcierto. La llegada de Zapatero en julio de 2000 fue una revolución, lo mejor que le pudo ocurrir al PSOE, y el anuncio inmediato del "cambio tranquilo", que se materializó en el triunfo del 14-M en las generales. Hemos asistido a un cambio radical de estilo político, que es lo que quería la mayoría de los españoles. El desgaste del Gobierno del PP le ha llevado de la mayoría absoluta a la derrota, algo que nunca antes había sucedido, como tampoco la victoria de un aspirante a presidente del Gobierno en su primer intento. José María Aznar ha salido del modo que nunca imaginó y ha ayudado decisivamente al fracaso de Mariano Rajoy. Los fantasmas de los dos últimos años se los llevaron por delante.

Y tres días para el trazado político de los próximos tres años, para consolidar la transformación y la coherencia interna del partido, y para lograr el éxito de esta legislatura socialista recién comenzada, que además garantice una nueva victoria en 2008. En este Congreso, Zapatero va a pilotar una adaptación del partido a esta nueva etapa en el Gobierno y va a fletar una estructura interna fuerte y coherente, con los mejores hombres y mujeres en los lugares más adecuados para que todo funcione con soltura y fluidez, tanto el partido como el Gobierno. Las viejas familias prácticamente han desaparecido y todo el mundo se ha integrado en torno al liderazgo de Zapatero, que nadie pone en cuestión. Todo el mundo parece encontrarse a gusto dentro del PSOE, sin que ello signifique parálisis del pensamiento ni sumisión.