Hay que ver cómo las cosas cambian con el paso del tiempo. Hay indicadores que se tornan en contra. Lo que antes era bueno, ahora se vuelve malo. En los años 80 el volumen de generación de residuos por habitante se consideraba un indicador clave del desarrollo del país: a más residuos por habitante, mayor nivel de desarrollo y, por tanto, de bienestar. Con medidas como el ecodiseño, la reutilización o el reciclaje, poco a poco el indicador fue perdiendo fuerza y significancia. A día de hoy el volumen en kilos de residuos que genera cada español no es sinónimo de desarrollo sino de reflexión. Del cuanto más mejor, al cuanto más peor. Pero, ¿qué hacer con tantos residuos? Es la pregunta obligada. Y la respuesta no es sencilla.

España redujo en 2011 la cantidad de residuos urbanos generados per cápita, pasando de 535 kilogramos por español y año del periodo precedente a 531. Un peso que, sin embargo, se mantuvo por encima de la media comunitaria, que se situó en los 503 kilos, según los últimos datos de la oficina estadística comunitaria Eurostat, publicados en marzo del ya pasado 2013. España fue el décimo país que más residuos urbanos produjo, según los datos de Eurostat, que indica que cayó dos puestos respecto a la clasificación del año precedente.

El país que más residuos generó en 2011 fue Dinamarca (718 kilos) seguido por Luxemburgo (687), Chipre (658), Irlanda (623), Alemania (597), Holanda (596), Malta (584), Austria (552) e Italia (535) y España. Estonia fue el país de la Unión Europea que menos residuos generó en 2011 con 257 kilos por persona, según esa oficina comunitaria, que coloca a continuación a Letonia (292 kilos), Rumanía (293), Eslovaquia (312), República Checa (319), Hungría (382) y Lituania (387).

El 100% de los desechos urbanos españoles fueron tratados, algo que no sucede en todos los países europeos. En el caso español, más de la mitad de ellos acabaron en vertederos (58%), lejos del 1% alcanzado por Alemania, Bélgica, Bélgica, Holanda y Suecia. El resto de las basuras de las ciudades españolas acabaron recicladas (15%) o bien incineradas (9%). En cambio, España volvió a destacar como uno de los países de la Unión Europea que destinó más residuos urbanos a la fabricación de abonos para plantas, un 18%, tan sólo por detrás de Austria (34%), Holanda (28%), Bélgica y Luxemburgo (ambos un 20%).

Los vertederos siguieron siendo el destino de la mayoría de los desechos europeos (un 37%), seguido por el reciclaje (25%), la incineración (23%) y el uso para la producción de abonos, conocidos como compost, (15%), aunque los distintos Estados miembros presentaron diferencias sustanciales entre ellos. Los que enviaron más residuos a los vertederos fueron Rumanía (99 %), Bulgaria (94%), Malta (92%), Letonia y Lituania (ambos 88%), mientras que los que más incineraron fueron Dinamarca (54%), Suecia (51%), Bélgica (42%), Luxemburgo y Holanda (ambos un 38%). Por su parte, el reciclaje fue más común en Alemania (45%), Irlanda (37%), Bélgica (36%), Eslovenia (34%), Suecia (33%), Holanda (32%) y Dinamarca (31%).

"En 2011, unos 24 millones de toneladas de residuos fueron a parar a alguno de los 200 vertederos legales que existen en España y a los miles de otros basureros ilegales dispersos por la geografía", aseguran Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra. "El 70% de estos residuos se entierra sin más, desperdiciando millones de toneladas de materias primas que tendrían que ser recicladas para una segunda vida", añaden. Con los datos en la mano del Instituto Nacional de Estadística de 2010, en España hay 142 vertederos controlados activos. "En 2007 había en España 43 vertederos ilegales censados activos y unos 200 inactivos sin clausurar. Aunque estas cifras han mejorado desde entonces, se ha producido un incremento de los microvertederos ilegales", añaden las organizaciones ecologistas. La Ley de Residuos y Suelos Contaminados, que es una trasposición de la Directiva Europea de Residuos, marca como objetivo para el ano 2020 que la mitad de los residuos sean reciclados. Un hito que parece muy lejano a juzgar por los hechos.

A día de hoy, en Mallorca existen cuatro vertederos legales: el vertedero de cola de residuos urbanos y el de cenizas de la incineradora, ambos en Son Reus, el de Biniatria de Alcúdia que recibe las cenizas de la central térmica de Es Murterar y el de Santa Margalida. A ellos se les une el vertedero de Son Reus, clausurado en julio de 2008 y gestionado por Emaya, que durante 33 años recibió gran parte de los residuos urbanos generados en Mallorca

Vertedero de Emaya

Las cifras que rodean el vertedero de Son Reus son más que destacadas. Tiene una superficie ocupada de 31 hectáreas, es decir, 310.000 metros cuadrados y una altura de 30 metros. Con un volumen de residuos acumulados de aproximadamente cinco millones de metros cúbicos, acoge residuos desde los años 70. A fin de cumplir con el Real Decreto 1481/2001, de eliminación de residuos mediante depósito en vertedero, se aprobó en Consejo de Administración de Emaya el 25 de marzo de 2009, la restauración de la zona. En agosto de 2009 se licitó la obra y en marzo de 2010 empezaron los trabajos de restauración. Una iniciativa de 11,2 millones de euros que fue financiada en un 80% por la Unión Europea a través del Fondo Europeo, dentro del eje Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, del programa operativo Fondo de Cohesión-FEDER para el periodo 2007-2013.

Durante las obras se tuvieron que movilizar 485.000 metros cúbicos de residuos a fin de dar forma al vertedero, compactar los residuos y darle una pendiente máxima del 40%. La restauración de los vertederos, como es el caso del de Son Reus, consiste en la disposición de diversas capas impermeabilizantes en superficie para evitar que el agua de lluvia entre en contacto con el residuo. Es lo que técnicamente se denomina lixiviado que no es más que el líquido resultante del paso del agua (en este caso lluvia) a través de un sólido (residuo). De este proceso se obtiene una mezcla de las aguas de lluvia infiltradas en el depósito y otros productos y compuestos procedentes de la degradación de los residuos. Para poder extraer los lixiviados acumulados, el vertedero de Son Reus cuenta con cinco drenes horizontales. Este lixiviado debe tratarse oportunamente para evitar la contaminación del suelo y de los acuíferos.

Sin embargo, la impermeabilización de Son Reus no fue la única de las acciones que se ejecutó. A su vez, se realizaron 49 chimeneas verticales de desgasificación conectadas mediante una red de 2,2 kilómetros de conducciones. Pero, ¿qué extraen las chimeneas? Es lo que se denomina biogás: un gas combustible que se genera por las reacciones de biodegradación de la materia orgánica debido a los microorganismos. Y un porcentaje elevado de este gas es metano que contribuye más al efecto invernadero que el dióxido de carbono. Todo este biogás termina en una antorcha de combustión que, precisamente, lo quema y lo transforma en dióxido de carbono. Un procedimiento que a día de hoy no tiene ningún aprovechamiento energético. A fin de sacar un rendimiento a este recurso, desde Emaya se planea un nuevo proyecto: llevar a cabo una planta de biogás para aprovechar este recurso y generar electricidad. Incluso para obtener combustible para su flota de vehículos.

Según se hizo público a mediados de 2010, el proyecto debía incluir la siembra de diferentes especies arbustivas autóctonas que, además de reforzar la estabilidad de las capas de sellado, posibilitaran la integración paisajística de la zona. A día de hoy no hay rastro ni de arbustos y en algunos puntos de la zona restaurada del vertedero no ha crecido ni estrato herbáceo, a pesar de hacer más tres años que terminó la restauración.

Vertedero de Binatria

Otro de los vertederos que existe en Mallorca es, posiblemente, el más desconocido de todos: el de Biniatria en Alcúdia. Se trata de una infraesctructura que recibe la totalidad de las cenizas procedentes de la quema de carbón de la central térmica de Es Murterar, ubicado en la misma localidad. Las cenizas y subproductos generados en los procesos de combustión de la central han sido caracterizados como residuos no peligrosos de acuerdo con los criterios de la Decisión del Consejo de la Unión Europea (2003/33/CE), de 19 de diciembre de 2002. Esta caracterización ha requerido adecuar las instalaciones del vertedero de Biniatria al Real Decreto 1481/2001 por el que se regula la eliminación de residuos mediante depósito en vertedero. Los requisitos técnicos y de control para esta adecuación se recogen en la modificación de Autorización Ambiental Integrada de la Central Térmica de Alcudia aprobada por el Comisión de IPPC del Govern de les Illes Balears. "Los resultados de las analíticas recogidas en el Plan de Vigilancia y practicadas hasta la fecha ponen de manifiesto que no hay afección al medio hídrico", aseguran desde Endesa, propietaria de la central.

Desde la aplicación de la nueva normativa hasta la fecha se han habilitado dos nuevos vasos de vertido con una superficie total de 38.000 m2. Asimismo, se ha clausurado una superficie de 120.000 m2 de la fase anterior del vertedero. Actualmente se están ejecutando los trabajos de impermeabilización de un nuevo vaso de 45.000 m2 con capacidad de vertido para cuatro años de producción. En la zona restaurada del vertedero hay proyectado un parque fotovoltaico cuya primera fase es de 16 megavatios.