A las cosas habituales a nuestro día a día, tenemos tendencia a darles un valor menor del que realmente tienen. Una lata de refresco o una botella de agua son, en sí mismas, un verdadero logro de la ingeniería. No solamente por el proceso químico y físico al que se ha tenido que someter la bauxita para extraer el aluminio que dará lugar más tarde a la lata de la que beberemos. O aquellos procesos perfeccionados a través de los años para fabricar una botella de plástico formada por un petróleo que data del Cretácico, es decir, de entre 65 y 145 millones de años. Casi nada. Sin ser conscientes, entre las manos tenemos la historia viva de un planeta conjuntado con la evolución de la técnica humana. Por ello llama la atención que, de forma tan despreocupada y habitual, el envase termine, por norma general, en el contenedor de rechazo y no en el amarillo, donde podría tener una nueva vida gracias a su reciclaje.

El Plástico en cifras

Pese a representar solamente el 11% en peso de los residuos que generamos, a día de hoy existen más de 50 tipos diferentes de plástico. De hecho, el consumo de materiales plásticos no ha dejado de subir en las últimas décadas, situándose a día de hoy en unos 65 kilogramos por habitante y año. Con una difícil biodegradación, el plástico tiene tres posibles destinos cuando se convierte en residuo: el vertedero, la incineración o el reciclado. Y si se opta por esta última vía, se pueden obtener, por ejemplo, forros polares, pavimentos para zonas infantiles, mobiliario de jardín, bancos, señales de tráfico o bolsas. Y todo al alcance de nuestra mano. La que acaba lanzando el envase en el contenedor amarillo o en cualquier otra ubicación.

El pasado 2012 se recicló el 70,3% de los envases domésticos, situándose nuestro país 15 puntos por encima de los objetivos establecidos por la Unión Europea. Así, cada español depositó una media de 11 kilos de envases en el contenedor amarillo y 15,76 kilos de papel y cartón en el contenedor azul en alguno de los 528.606 contenedores instalados en el territorio nacional: 344.562 contenedores amarillos para envases ligeros y 184.044 de azules para papel y cartón. "Los resultados de Balears son muy positivos: en 2012 se reciclaron 37.278 toneladas de envases, tanto aquellos depositados en el contenedor amarillo como en el azul, lo que sitúa la media por balear en 14,4 kilos por habitante y año, 3 kilos por encima de la media española. Y ello con 10.100 contenedores en Balears, una de las mejores medias de contenedor por habitantes de España", explica Antonio Barrón, director de Comunicación Corporativa y Marketing de Ecoembes

Ecoembes

"Ecoembes es una organización sin ánimo de lucro que hace posible que los envases destinados al contenedor amarillo y azul se puedan reciclar y puedan tener una nueva vida. En 2012, Ecoembes gestionó 1,7 millones de toneladas de envases domésticos, entre envases ligeros y los de papel y cartón", asegura Antonio Barrón. Así, la función de Ecoembes es la de poner de acuerdo todos aquellos que están implicados en el proceso de reciclado de los envases: empresas, administraciones y ciudadanos. A día de hoy más de 12.000 forman parte de Ecoembes e identifican sus envases con el Punto Verde, aquel que se forma por dos flechas y que se encuentra impresa en la etiqueta del producto. Un Punto Verde que financia a los ayuntamientos en la recogida selectiva.

El proceso

Un vistazo basta para comprobar qué depositan los ciudadanos en el contenedor amarillo. Asomarse a un contenedor es suficiente. "A día de hoy se registra el 24% de impropios en los contenedores amarillos", apunta Antonio Barrón, director de Comunicación Corporativa y Marketing de Ecoembes. O dicho de otra forma, de cada 100 kilos que almacena el contenedor amarillo, 24 no deberían estar ahí. Hace 10 años el porcentaje superaba el 30%. Esta tasa de impropios, es decir, aquellos residuos que no deben ir al contenedor amarillo, no desaparecen de la faz de la tierra por arte de magia cuando se inicia su reciclaje por naturaleza del material, por calidades y por tipo de residuo. Como es sabido en el mundo del residuo, del tratamiento de un residuo aparece, al menos, otro residuo. Es por ello que una fracción destacada del contenedor amarillo no se puede reciclar. O lo que sería lo mismo, el coste económico y ambiental para reciclar un porcentaje del contenedor amarillo es más elevada que su incineración o su vertido en vertedero. De ahí, puede venir la falsa leyenda urbana relacionada con los residuos urbanos: "¿Para qué reciclar? Total, al final lo juntan todo y lo queman".

Planta de selección de envases ligeros

A día de hoy todos los residuos de envases que se generan en Mallorca y que se depositan en el contenedor amarillo llegan en camión a la planta situada en el Parc de Tecnologies Ambientals de Son Reus en Mallorca. La planta de selección de envases de 7.644 metros cuadrados de superficie está diseñada para poder tratar los envases ligeros que se generan en la isla de Mallorca. Para su diseño y posterior funcionamiento se tuvo en cuenta la composición de los envases que se introducen en el contenedor amarillo, siempre que no se produzca un porcentaje de impropios superior al 30%. A día de hoy, la capacidad horaria nominal es de 4,7 toneladas a la hora para un turno de trabajo de 8 horas, lo que equivale, aproximadamente, a unas 7.000 toneladas de envases a tratar durante un único turno. Actualmente hay dos turnos de trabajo operativos de lunes a viernes, con lo que la capacidad de tratamiento es de 14.000 toneladas al año. La planta está operada por personal de la Fundació Deixalles mientras que el resto de tareas como la dirección, administración, supervisión, mantenimiento y logística las realiza el personal de Tirme, empresa concesionaria de residuos urbanos de Mallorca.

Los camiones que llegan a planta proceden de la recogida de contenedores amarillos de la vía pública, puntos de aportación, recogida puerta a puerta procedente de algunos ayuntamientos de Mallorca o grandes generadores singulares como pueden ser colegios, supermercados o Mercapalma. Después de descargar en una zona de acopio previo al tratamiento donde se pueden almacenar hasta 500 metros cúbicos de envases, se procede a alimentar la planta mediante una pala cargadora a un abrebolsas que se encarga de rasgar las bolsas para que su contenido se pueda separar con facilidad. Toda la corriente de envases se dirige a una cabina de preselección donde se retiran elementos de gran tamaño que pueden entorpecer la correcta selección del residuo como grandes plásticos así como todos aquellos elementos denominados impropios: los más habituales papel y cartón, vidrio o materia orgánica, entre otros.

Con posterioridad a este primer filtro, se inicia la fase de selección automática. Así, el material atraviesa un cilindro metálico llamado trómel que contiene diferentes pasos: el primero es una malla menor de 60 milímetros por la que pasan diferentes tipos de rechazo como tapones, pequeños trozos de plástico y vidrio y finos. En segundo lugar el material atraviesa una malla de de mayor diámetro, equivalente a botellas de un litro y, en tercer lugar una malla por la que pasan botellas de 1,5 a 2,5 litros. Finalmente, se encuentra el rebose del trómel por donde pasan las botellas mayores de 5 litros.

Así pues, con los diferentes tamaños del trómel se consigue distribuir de forma sencilla los materiales en cuatro corrientes: corrientes una, dos, tres y cuatro para obtener los siguientes materiales: PET (botellas de agua), PEAD (botellas de detergente y champú), PEBD o film (bolsas de plástico), Briks, mix (envases de yogur y bandejas de polietireno), papel cartón, aluminio (latas de refresco) y fracción férrica como las latas de conserva. Sin embargo, las fracciones con mayor porcentaje dentro del contenedor amarillo son PET, PEAD, férrico y film.

Las cuatro corrientes

Las cuatro corrientes en las que se divide el contenido del contenedor amarillo, una vez llega a planta para ser seleccionado, son las siguientes:

· Corriente 1. Al ser tan pequeños los residuos que separa, únicamente se selecciona la fracción férrica mediante un separador magnético. El resto se descarga en un contendor que posteriormente se valoriza en la planta incineradora de Son Reus.

· Corriente 2. La composición principal de esta corriente son botellas de un litro es decir, de agua o detergentes, bolsas de supermercado, latas de bebidas y briks. En primer lugar se separa el plástico ligero característico de bolsas de supermercado, después la fracción de acero como las latas y finalmente las fracciones de PET (polietileno tereftalato) y PEAD (polietileno de alta densidad), mediante separación automática a través de infrarrojos. En las fracciones de PET y PEAD se realiza un control de calidad manual, previamente a su almacenamiento en el trómel correspondiente.

· Corriente 3. Trata principalmente botellas de tamaño comprendido entre 1,5 a 2,5 litros, también de agua, detergente o suavizante, bolsas de supermercado, latas de conserva, etc. El proceso es idéntico al que se lleva a cabo en la corriente anterior.

· Corriente 4. También llamada de rebose de trómel, la componen todos aquellos envases que no han pasado por las diferentes secciones anteriores del trómel, principalmente botellas de tamaño superior a 5 litros, cajas fruteras, envases de gran tamaño e impropios que no se han podido retirar en la cabina de preselección.

Todas las corrientes, a excepción de la fracción menor de 60 milímetros, se dirigen, una vez finalizada la fase de selección automática, a una cabina de selección manual. Se trata de la última fase del proceso de selección. Los operarios se encargan de seleccionar de la corriente los materiales propios restantes: PET, PEAD, film, briks, plástico mezcla y latas de bebida. Únicamente en la corriente 2 se dispone de un separador inductivo para aluminio y briks.

El final de las líneas es descargado, junto con el material no seleccionado, en una cinta que se dirige a los autocompactadores de rechazo los cuales, una vez completados, se trasladan a la planta incineradora con recuperación de energía de Son Reus para su posterior valorización energética. En cambio, los materiales seleccionados, ya sea automática o manualmente, se almacenan en silos. Éstos son dirigidos mediante cintas a la prensa multiproductos para su embalado, clasificación, almacenamiento y posterior carga en vehículos de transporte, que trasladan los materiales seleccionados a los centros de reciclaje. La fracción férrica seleccionada automáticamente es dirigida continuamente a una prensa, acondicionándola posteriormente en contenedores para su expedición.