06 de marzo de 2013
06.03.2013
Diario de Mallorca
Apoyo a Oceana

La nieta de Cousteau buceará por la ampliación de Cabrera

Alexandra Cousteau visitó ayer Palma para mostrar su apoyo a la petición de Oceana de ampliar los límites del Parque Nacional

06.03.2013 | 06:30

Es para sentir envidia sana. No todo el mundo tiene la oportunidad de poder tener, en su árbol genealógico, un abuelo que relate las peripecias más intrépidas vividas en sus aventuras bajo el mar por todos los continentes. Ni tampoco la oportunidad de crecer en un ambiente de absoluta pasión y amor por los ecosistemas marinos, que permita que con tan solo 4 meses de edad se vaya a vivir una primera expedición, a bordo de un buque de investigación. Obviamente, para poder experimentar todas esas sensaciones es necesario tener un padre llamado Philippe Cousteau. Y ser Alexandra, nieta del célebre oceanógrafo Jacques Cousteau, quien abrió los misterios del mar a millones de espectadores en el mundo, a través de sus documentales.

Pero llevar un apellido de tan respetada categoría también supone una enorme responsabilidad. Significa asumir el papel de portavoz de tan inmenso legado, y poner la imagen al servicio de causas que defiendes con la misma convicción con la que explica una madre a sus progenitores por qué es tan importante proteger todo aquello que amas.

Alexandra Cousteau ya no es una niña. Con tan sólo cuatro meses se embarcó en su primera expedición junto a su padre, y ahora relata a los medios de comunicación que la visitaron ayer cómo y dónde fue su primer contacto con las profundidades: "Aprendí a bucear cuando tenía 7 años. Fue aquí, en las aguas del Mediterráneo, y me enseñó mi abuelo".

Sus ojos delataban la nostalgia y el cariño aflorado por el recuerdo. Su cerebro fabricaba para ella las imágenes de unas magníficas profunidades marinas en el Mediterráneo, donde hizo varios viajes. Momentos que su mente ha sellado como vivencias felices, que el presente ensombrece: "El Mediterráneo ha sufrido graves daños en el último siglo y el Parque Nacional de Cabrera es un ejemplo perfecto de cómo la vida marina vuelve a ser abundante cuando se protege un área", señalaba.

Ahora, su misión es la misma que su abuelo y su familia: luchar por mantener viva, por conservar, por proteger todo aquello que forma parte de nuestra cultura, nuestra gastronomía, nuestro sello turístico: "Con su trabajo, Oceana está siguiendo el legado de mi familia". No se trata de mostrar algo que "tiene valor por sí mismo", también "es vuestro, de España, de todos los españoles". Y a su juicio, es responsabilidad suya y de las organizaciones que trabajan para proteger los océanos del mundo el mostrarlo a la gente. Para que Alexandra, que ahora es madre de una niña, pueda explicarle a ella y a todos los niños el lugar donde ella misma descubrió todos los secretos que le contaba su abuelo: "Él era consciente de lo importante que era actuar y reaccionar a tiempo. Creo que todos tenemos el deber de aprender del pasado y lograr que los océanos recuperen su abundancia para que las generaciones futuras, como mi hija, puedan disfrutar de su belleza y de la inmensa cantidad de recursos que extraemos de ellos".

La activista medioambiental, como buceadora profesional, visitará esta semana Cabrera 36 años después de que lo hiciese su abuelo, junto al equipo de submarinistas de Oceana que tomará nuevas imágenes de la isla. Habló de la relación de éste con Cabrera. Los orígenes se remontan tres décadas atrás, cuando a bordo del Calypso Jacques Cousteau hiciera su primera visita en 1977.

Por aquel entonces Cabrera no era un espacio protegido. A su regreso, en 1986, con motivo de su participación en el XXX Congreso del Mediterráneo que se venía celebrando en Ciutat, el oceanógrafo auguró uno de los peores temores de los ecologistas: "Ya es demasiado tarde para que Cabrera se convierta en parque natural, puesto que ha perdido parte de su riqueza ecológica", señalaba.

A pesar de lo declarado, Jacques Cousteau no dejó nunca de "mostrar su apoyo" para hacer de Cabrera un espacio protegido, recalcó ayer su nieta. Cinco años más tarde, en 1991, se declaró Cabrera como Parque Nacional. Para él quizás fuese tarde, pero para Alexandra, el tiempo y la recuperación que ha experimentado el espacio marino gracias a la labor de organizaciones como Oceana, de la que es asesora desde 2012, demuestran que "nunca lo es", ni tan siquiera ahora, para para apoyar la decisión de ampliar los límites de este lugar que ve peligrar sus ecosistemas protegidos, ahora en las zonas aledañas, donde también hay una serie de especies y hábitats algunas en peligro pero que carecen de protección, como el coral negro, el rojo y otras especies como el mero, la cigarra de mar o la nacra.

"Estoy convencida de que es la mejor inversión que todos podemos hacer. Mi abuelo estaría orgulloso".

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