Cumplido el 50 aniversario de su descubrimiento el pasado 9 de octubre, tengo la oportunidad de dar a conocer uno de los más geniales inventos en iluminación desde que Edison invento la lámpara incandescente. Y poder dar mi opinión sobre alguno de los tópicos que lleva arrastrando en su larga estela, una luz que nos ha ido rodeando sin que apenas prestáramos atención en ella. Ha pasado a formar parte de nuestras vidas, dando luz a todo tipo de objetos como paneles indicadores, juguetes, semáforos, móviles, televisores, coches, iluminación€ Con un consumo mínimo de energía eléctrica. Gracias a una constante evolución en la investigación, se han transformado en nuevos LED más robustos, duraderos, potentes y eficaces. Para satisfacer la totalidad de las necesidades lumínicas más exigentes.

Así es fácil rebatir el primer tópico, que el LED es insuficiente para cubrir determinadas necesidades lumínicas. Sobretodo con hechos, ayudando a iluminar sectores comerciales con gran aportación lumínica como son las joyerías, o iluminando grandes edificios como el museo del Louvre en París, el Estadio Olímpico de Londres y demás edificios emblemáticos.

Otro de los tópicos es la duración del LED, que es más de 50.000 horas, siempre dependiendo de la temperatura de trabajo ya que si se sobrepasan los 50ºC su vida útil se acorta drásticamente. De ahí la importancia que tenga un buen disipador de calor en aluminio. Tema aparte es la duración de los transformadores (drivers) que los alimentan, que suele estar alrededor de las 30.000 horas. Y ahí radica el problema que se soluciona comprando modelos reparables y así poder sustituir tanto la placa de LED´s como el driver y poder alargar o renovar la vida de los mismos (producto óptimo).

Y dicho esto, llegamos al tópico más usado en estos tiempos de crisis, es que el LED es caro. Ante esto sólo me limitaré a la comparación del producto tradicional por su homólogo en LED. Sin entrar en calidades y demás costes que intervienen en el precio final, no tienen comparación los costes de fabricación de un fluorescente o una bombilla halógena que se fabrican masivamente a máquina, con un producto que se fabrica con mucho más material, sobre todo aluminio (disipador), electrónica integrada (transformador y LED) e intervención manual en mayor o menor medida.

En conclusión, la tecnología LED cubre cualquier tipo de necesidad lumínica llegando a ahorrar un 80% de consumo eléctrico, comparada con la tradicional iluminación halógena.