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Crisis migratoria

El día en que España se divorció

Imágenes de la manifestación en Cort, Palma, en apoyo a Ceuta

Manu Mielniezuk

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Matías Vallés

Matías Vallés

Los periodistas televisivos norteamericanos acuden a los actos políticos con micrófonos anónimos, en los que no figura ningún símbolo de las cadenas que representan. Cubren el acto y se cubren del acto, literalmente. Y aunque la cobertura miserable llevada a cabo por RTVE de las manifestaciones masivas de ayer justifica una enérgica protesta que nunca debe engullir a sus humildes profesionales, la hostilidad y el hostigamiento aportan una prueba adicional de que España se ha escindido definitivamente.

El diablo marroquí encendió la mecha, pero la España que ha recuperado su nombre propio para la ocasión ya tenía muy avanzada la ruptura irreversible. Las manifestaciones, contramanifestaciones y abstenciones de anoche fijan el día en que España se divorció. Como de costumbre en estos procesos dolorosos, cuesta encontrar un equilibrio razonable entre las partes. Aunque PP/Vox no tiene razón, el PSOE no tiene defensa.

Habrá que mencionar a Ceuta en algún párrafo, aunque el heroísmo de la ciudad que ha soportado la mayor humillación de la España divorciada contemporánea apenas si suministra el telón de fondo para el conflicto. Por mucho que la izquierda finja no enterarse, el odio a Pedro Sánchez está hoy por encima de todas las cosas y causas.

La invasión de Ceuta, de qué otra forma llamar a la «violación de la integridad territorial» (Sánchez) o al «asalto masivo» (Margarita Robles) aterriza en Mallorca con brusquedad y turbulencias. Otro día de gloria en el ministerio del Interior para la secretaria de Estado, la palmesana Aina Calvo, y sus nombramientos innobles. Mientras Marlaska se sacudía las posibles imputaciones con una carta autoexculpatoria y vergonzosa en un dirigente político, la policía cargaba contra la policía que había documentado la insoslayable maquinación de Marruecos en Ceuta.

Y qué elegantes estaban Jaime Martínez y Marga Prohens, presidiendo el sepelio de la España divorciada tras décadas de transición. Carecen de soluciones para la Mallorca también invadida, pero la distancia a Ceuta amortigua su incompetencia.

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