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Educación

Profesores en Ibiza: “Hay mallorquines que vienen llorando porque no quieren estar aquí”

Docentes y sindicatos lamentan que el encarecimiento de la vivienda y la falta de incentivos dificultan la fidelización de docentes en Ibiza y provocan una rotación constante en las plantillas

Jorge Aroca rodeado de sus compañeras de profesión en una concentración.

Jorge Aroca rodeado de sus compañeras de profesión en una concentración. / Vicent Marí

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Samia Khenien

Ibiza

Que ninguna clase se quede sin profesor en las Pitiusas es una tarea que preocupa a administraciones, familias y centros cada septiembre. Aun así, la cobertura de plazas de este curso va mejor que en anteriores ocasiones: "Ha sido un año en el que se han hecho esfuerzos y mucho hincapié para intentar cubrir las plazas durante el verano", explica Jorge Aroca, el portavoz en Ibiza y Formentera de la Asociación Nacional de Profesores Estatales (ANPE). Desde el sindicato prevén que las plazas que queden sin cubrir al inicio de curso se puedan suplir con las listas de interinos, graduados sin el máster de docencia o con aquellos a los que les falten otros requisitos, como el título de catalán.

Ante las dificultades a las que se enfrentan los profesores, sobre todo aquellos que no son residentes en las islas, algunos explican sus vivencias: cómo a ellos o a sus compañeros les afectan los problemas que deben afrontar para vivir en Ibiza. El principal, cómo no, la vivienda, puesto que muchos docentes no encuentran sitio en el que vivir o se ven abocados a compartir pisos y encima dejarse el salario en el alquiler.

El grave problema de la vivienda

Aina (prefiere no dar su apellido), maestra de Primaria, explica que lleva en Ibiza desde 2023, cuando aprobó las oposiciones. "Soy de Mallorca y estoy esperando poder volver el año que viene, aunque parece complicado", lamenta: "Para volver a nuestro lugar de origen tenemos que hacer años [de trabajo] y muchos cursos para ganar puntos".

Aina comenta que no quiere volver solo por su familia, a la que echa "mucho" de menos, sino también por el grave problema de la vivienda, además de por el coste de vida. "Es bastante más cara que en Mallorca", asegura la maestra: "En términos de vivienda aún he tenido algo de suerte, porque conozco a compañeros que tienen que compartir pisos y es carísimo, piden una barbaridad". Sobre esto último asegura que el Consell da ayudas para el alquiler, pero que debido a que los caseros "conocen estas ayudas" lo que hacen es "subir el alquiler" en función de su cuantía.

Y recalca que le gusta su trabajo: "Los niños son lo que más me gusta". Además, mantiene que el claustro es determinante para estar a gusto: "Cuando hay un buen claustro es un gusto trabajar. Si es un claustro más grande es más complicado relacionarte con todos, pero si es un claustro pequeño y te puedes llevar mínimamente bien con todos es genial, porque puedes compartir ideas, experiencias y siempre se puede mejorar en equipo".

A.N.R., que pide mantener el anonimato, explica que es profesor especialista de la Escola d'Art, originario de Andalucía y que se trasladó a Ibiza hace más de 10 años. "Con la vivienda lo he pasado bastante mal, como prácticamente la totalidad de profesores: en 2019 llegué a un acuerdo con un casero y le mantengo la finca a cambio de un precio razonable", sostiene el docente.

En 2024 sacó una plaza de profesor de Secundaria en Ibiza. "A nivel profesional me ha salido bien la jugada: si apruebas una oposición aquí es bastante seguro que te den la plaza. En Andalucía puedo aprobar una oposición y que no me den la plaza". "¿Qué es lo que he tenido que hacer a cambio? Pues pasar por todas las dificultades propias de tener que vivir en Ibiza, obtener el título de catalán, el FOLC (Plan de Formación Lingüística y Cultural), etcétera", relata.

Compañeros sin máster del profesorado ni catalán

A.N.R. explica que compañeros suyos han venido de Andalucía y otros lugares "sin el máster de profesorado y sin el catalán": "Para la conselleria, cuando le interesa, es un requisito imprescindible, pero cuando no tienen profesores les da igual".

Asegura que lo pasó "mal" muchos años hasta que llegó al acuerdo con su casero: "En ese sentido no estoy tan mal, pero compañeros míos viven en coches, furgonetas... Y eso es una realidad", lamenta. "Si te dan una vacante para todo el año quizás encuentras un piso para compartir, pero si es para una sustitución de un mes, es un hándicap". Y añade: "El Consell o los ayuntamientos deberían tener viviendas para estos casos puntuales".

Sobre si cree que tras acumular experiencia volverá a Andalucía, explica: "En Ibiza estoy muy bien, me encanta la isla y me encanta ser profesor aquí. Me llevo bien con los alumnos, he estado en varios centros y todos genial. Pero no me puedo jubilar aquí porque no tengo vivienda. Sin vivienda aquí, te jubilas, ganas menos y te echan. Le ha pasado a compañeros y es un riesgo que no quiero correr con 60 y pico años", comenta.

La burocracia creciente

Otro problema para A.N.R. es "la burocracia creciente". "Creo que esto pasa en todos los sitios, pero en los últimos diez años nos cargan con más burocracia: ha empeorado", lamenta: "No va en beneficio del alumno pero sí conlleva que no te puedas preparar tus clases. Cargar de burocracia al profesorado es un grave error que repercute en la educación y en la formación de los jóvenes".

Además, considera que "no es necesaria". "Tanta burocracia es prescindible y todos los profesores opinamos igual. El problema es que es obligatorio". "Muchos futuros docentes" ya no quieren serlo y se buscan otra profesión por este tipo de problemas: "Te puede gustar dar clases a nivel profesional, pero que te carguen con burocracia que te quita tiempo para poder impartir clases como toca de tu asignatura, es contraproducente". Recuerda que cuando empezó en 2015, tenían "reuniones de departamento, de claustro" que han ido "aumentando año tras año".

Por su parte P.M., maestra de Educación Especial y pedagoga terapéutica, explica que para ella, la burocracia no es tan engorrosa porque "es un trabajo en equipo". Llegó hace cuatro años a la isla desde Menorca y admite que su situación "difiere" de las demás porque en estos años, y gracias a su pareja, su situación de vivienda ha mejorado. "Cuando vine en barco, haciendo escala en Mallorca, una conocida del instituto que ya estaba en Ibiza me dijo: 'Quédate en mi sofá los días que sea y mientras buscas algo'", explica: "Luego tuve la suerte de que una compañera de mi pueblo justo encontró un piso más o menos asequible".

"Los interinos es como si estuvieran de Erasmus"

Sobre los dos barcos o aviones que tiene que coger para volver a su isla natal, P.M. apunta: "Me parece vergonzoso. Tardo más en ir a ver a mi familia que en llegar a Madrid o Barcelona".

Reitera que "hay gente que viene, hace puntos y se va enseguida", y abunda, al respecto: "La mayoría de la gente que conozco de interina es gente que está como de Erasmus, como si aún estuviera haciendo la carrera, porque no tienen vida familiar; comparten pisos con otros jóvenes adultos".

Además, relata que "la mayor parte de mallorquines y mallorquinas vienen [a Ibiza] llorando porque no quieren estar aquí, porque se les hace cuesta arriba a nivel económico y emocional". Algunos de estos profesores, según P.M., "comparten piso con dos o tres personas más, a disgusto y lejos de sus familias y amigos".

La cobertura de plazas durante el verano

"Ha habido hasta tres convocatorias ordinarias, incluso alguna urgente", comenta Aroca sobre el proceso abierto por la conselleria este verano: "Si miramos desde un punto de vista más global, se han cubierto muchísimas plazas. Sin embargo, algunas especialidades no se han cubierto en su totalidad. Otros años, lo que ha sucedido es que estas plazas quedaban vacantes durante gran parte del curso o todo el curso", advirte el sindicalista.

"Para solventar este problema, en el caso de la especialidad de catalán, se le ha puesto un parche: se convocan plazas de suport al área de llengües que terminan dando catalán a cursos más bajos", aclara sobre la solución que se aplica cuando no se pueden cubrir todas las plazas.

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Fuente: Diario de Ibiza

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