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El campo balear mira a Túnez para aprender a sobrevivir al cambio climático

Un proyecto de cooperación financiado por el Govern ayuda a cuatro comunidades rurales tunecinas, integradas mayoritariamente por mujeres, a afrontar la sequía y hacer más rentables sus explotaciones

Compostaje, depósitos de agua, congeladores comunitarios y formación económica son algunas de las herramientas de una iniciativa que encuentra problemas comunes a ambos lados del Mediterráneo

Visita a una explotación agrícola que participa en el proyecto balear en Túnez.

Vídeo: Redacción Digital | Foto: Aguda

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Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

¿Qué pueden tener en común una agricultora de Mallorca y una mujer que trabaja el campo en una zona rural de Túnez? Más de lo que podría parecer. La falta de agua, el encarecimiento de la producción, las dificultades para competir en el mercado o la presión que ejerce el turismo sobre el territorio son problemas que se repiten a ambos lados del Mediterráneo. Precisamente esa conexión está detrás de un proyecto de cooperación impulsado desde Baleares que trabaja con comunidades agrícolas tunecinas para ayudar a sus mujeres a mantener su actividad y adaptarla al cambio climático.

La Assemblea de Cooperació per la Pau (ACPP) desarrolla desde 2024 esta iniciativa en cuatro comunidades de la gobernación de Ben Arous, con una financiación de 125.000 euros de la conselleria de Familias y Asuntos Sociales. Pero no consiste en enviar a agricultores o técnicos de Baleares a Túnez para explicar a la población local cómo debe trabajar: «Nos dimos cuenta de que lo que podíamos hacer nosotros lo hacía perfectamente la gente de allí», explica Trini Blanch, responsable de ACPP en Baleares. La organización encontró entidades y profesionales tunecinos que conocían muy bien las necesidades del territorio, pero carecían de los recursos necesarios para desarrollar sus proyectos. «Nuestro papel podía ser buscar recursos para apoyarles», resume. Las formaciones, de hecho, las realizan profesionales de Túnez, preferentemente de las propias zonas rurales.

Recorrido por una de las comunidades rurales de Ben Arous incluidas en la iniciativa.

Recorrido por una de las comunidades rurales de Ben Arous incluidas en la iniciativa. / Aguda

Trabajar en el campo ya no basta

El proyecto se desarrolla en Bourj Sougui, Ksibi, Tarhouna y El Alelga, cuatro comunidades rurales de Ben Arous. Allí funcionan los denominados grupos de desarrollo agrícola (GDA), organizaciones en las que los vecinos gestionan de forma colectiva determinados recursos y actividades relacionados con el campo. Aproximadamente el 75% de sus integrantes son mujeres.

Ellas desempeñan casi todo el trabajo cotidiano, pero eso no se traduce en que tengan el mismo peso económico o capacidad de decisión. Según los datos facilitados por ACPP, solo el 4% de las mujeres rurales de estas comunidades son propietarias, cobran un 25% menos que los hombres y apenas un 19% dispone de ingresos propios. «Son las que en lo cotidiano trabajan, resuelven y hacen funcionar la estructura comunitaria», explica Blanch, que señala que esa presencia no significa que sean las protagonistas a la hora de tomar decisiones.

A esa desigualdad se añade ahora un problema que resulta muy familiar en Baleares: cada vez hay menos agua y producir resulta más caro. Las precipitaciones y la producción agrícola han alcanzado mínimos históricos en Túnez y las comunidades rurales disponen de menos infraestructuras para hacer frente a la sequía. «Cuando no tienes agua hay muchas más limitaciones. No solo es más difícil producir, sino que además es más caro, y luego tienes que intentar competir en el mercado», señala Blanch.

Ahí es donde el proyecto de Baleares busca soluciones concretas. Las agricultoras reciben formación para aprovechar residuos orgánicos y convertirlos en compost, reducir gastos, calcular los costes y beneficios de sus explotaciones o mejorar el envasado y la comercialización de sus productos. También se han destinado recursos a depósitos para recoger agua de lluvia, sistemas de compostaje y congeladores comunitarios que permiten conservar los productos cuando hay excedentes y transformarlos posteriormente.

La lógica es sencilla: producir gastando menos y vender mejor. Las cuatro comunidades han empezado también a comercializar conjuntamente parte de sus productos bajo una marca común y han participado en ferias agrícolas de la zona. Blanch explica que las agricultoras ya elaboraban productos de calidad, pero tenían dificultades para competir. Trabajar juntas les permite reducir algunos costes y ganar fuerza a la hora de llegar al mercado.

De agricultoras a referentes de su comunidad

El proyecto también persigue que las mujeres tengan más voz en las decisiones que afectan a sus comunidades. Y el cambio empieza a notarse, porque algunas de las participantes han pasado a explicar su experiencia en colegios y a plantear directamente ante el Ministerio de Agricultura tunecino qué recursos necesitan.

Además, la iniciativa, inicialmente pensada para trabajar con algún centro educativo, ha despertado el interés de profesores y alumnos de la zona. «Las mujeres siempre han tenido voz en la comunidad, pero no era conocida ni escuchada», resume Blanch. Ahora, explica, algunas se han convertido en referentes dentro de sus comunidades y participan con mayor peso en las decisiones sobre el territorio.

Una de las actividades educativas con escolares de Bourj Sougui.

Una de las actividades educativas con escolares de Ben Arous. / Aguda

¿Y qué obtiene Baleares de un proyecto desarrollado a cientos de kilómetros? Para la Assemblea, esa es una de las claves. «Nos gusta decir que el Mediterráneo une y no separa», señala Blanch. Aunque las circunstancias económicas y sociales sean diferentes, muchos desafíos son compartidos: escasez de agua, pérdida de actividad agraria, dificultad para vivir del campo, cambio climático y presión turística.

Túnez es también un destino turístico importante y, según explica Blanch, hay zonas rurales con pocos recursos situadas a escasa distancia de grandes complejos turísticos. La responsable de ACPP ve ahí otro punto de conexión con Baleares: cómo aprovechar económicamente un territorio atractivo sin que ese éxito termine expulsando a quienes viven y trabajan en él. «En Baleares hemos aprendido muchas cosas» sobre la presión turística, señala, mientras que las comunidades tunecinas pueden aportar experiencias sobre la gestión colectiva de los recursos y la toma comunitaria de decisiones.

El proyecto plantea así una cooperación que pretende funcionar en ambas direcciones, aunque los recursos económicos viajen desde las islas hacia Túnez. La gestión eficiente del agua, la adaptación de la agricultura al calentamiento global, la cooperación entre productores y el papel de las mujeres en el campo son retos compartidos en el Mediterráneo.

«Cómo conseguimos tener oportunidades en nuestro territorio y no vernos forzados a abandonarlo porque no haya recursos son retos que tenemos todos», resume Blanch. En este caso, Baleares aporta financiación mientras cuatro pequeñas comunidades rurales tunecinas ponen sobre la mesa una forma de enfrentarse de forma colectiva a problemas que, cada vez más, también son los de estas islas.

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