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Sanidad

Baleares empieza a frenar el uso de antibióticos: cae un 10% en Atención Primaria y queda entre los más bajos de España

Las islas se sitúan un 14% por debajo del conjunto nacional

Tras el rebote de la pandemia, este cambio de tendencia es clave para frenar las bacterias resistentes, explica el jefe de Microbiología de Son Espases

Varias alumnas en una formación sobre ‘superbacterias’ que se impartió el año pasado en Son Espases para especialistas de todo el mundo.

Varias alumnas en una formación sobre ‘superbacterias’ que se impartió el año pasado en Son Espases para especialistas de todo el mundo. / Ana B. Muñoz

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Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

El consumo de antibióticos fuera de los hospitales, después del fuerte rebote que siguió a la pandemia, cayó un 10,4% en 2025 y se situó en 18,31 dosis diarias definidas (DHD) por cada 1.000 habitantes, frente a las 20,43 del año anterior. Es la bajada más importante desde 2020 y deja a las islas con el tercer consumo más bajo entre las comunidades autónomas, solo por detrás del País Vasco y Navarra. Los datos proceden del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) y corresponden al sector comunitario, es decir, al consumo en Atención Primaria, fuera del hospital.

«Es un buen dato positivo y claramente un cambio de tendencia, pero ahora hay que continuarlo», valora el jefe de Microbiología de Son Espases, Antonio Oliver, también investigador principal del grupo de Resistencia Antibiótica del IdISBa. La evolución resulta especialmente significativa por lo ocurrido tras la covid. En 2020 el consumo se desplomó un 26,4%, hasta 14,31 DHD, en unas circunstancias excepcionales. Después llegó el rebote: alcanzó 15,83 en 2021, 19,68 en 2022 y 20,55 en 2023. En 2024 apenas descendió y ha sido en 2025 cuando la curva ha vuelto a bajar con claridad.

Antonio Oliver, jefe Microbiología de Son Espases, la semana pasada después de una jornada del curso. | ANA B. MUÑOZ

Antonio Oliver, jefe Microbiología de Son Espases, la semana pasada después de una jornada del curso. | ANA B. MUÑOZ / Ana B. Muñoz

Oliver explica que en los últimos años se han reforzado las medidas para corregir ese rebote, especialmente en Atención Primaria. Una de las claves son las guías terapéuticas, que buscan que el antibiótico se utilice únicamente cuando está indicado y que se elija el adecuado para cada infección. A ello se suma la progresiva incorporación de pruebas de diagnóstico rápido que ayudan a distinguir, por ejemplo, una infección bacteriana, que puede requerir antibiótico, de una vírica, contra la que estos medicamentos no funcionan.

«Parece que la tendencia va por el buen camino», resume Oliver, «aunque habrá que comprobar si el descenso se mantiene». La fotografía balear es además favorable en comparación con el resto del país. Frente a las 18,31 DHD de las islas, España registró 21,38, de manera que el consumo en Baleares fue un 14,4% inferior. Entre las 17 comunidades autónomas, únicamente País Vasco, con 18,22, y Navarra, con 18,28, presentaron cifras menores. En el extremo contrario aparece Extremadura, con 24,65 DHD.

El objetivo, sin embargo, no consiste solo en recetar menos: también importa qué antibiótico se utiliza, recuerda Oliver. Cuanto mayor es su espectro (es decir, cuanto más amplio es el abanico de bacterias contra las que actúa), mayor puede ser la presión que favorece la selección de bacterias resistentes. Por eso, explica Oliver, cuando para una infección basta un antibiótico más sencillo no conviene utilizar uno más potente.

Las penicilinas siguen siendo con diferencia la familia más consumida en Baleares: representan cerca del 55% del total. Y son también las que más contribuyeron al descenso de 2025. Pasaron de 11,26 a 10,01 DHD, un 11,1% menos, y explican alrededor del 59% de toda la reducción. Los macrólidos bajaron un 15,8% y las quinolonas, otro grupo especialmente vigilado, un 10,6%. Entre esas tres familias se concentra aproximadamente el 90% de la caída.

Oliver pone como ejemplo la amoxicilina y la amoxicilina con ácido clavulánico. La primera pertenece al grupo de antibióticos de acceso y la segunda requiere mayor vigilancia. En Baleares ha mejorado ligeramente la proporción de amoxicilina sola frente a la combinada, un indicador favorable aunque no permita valorar cada prescripción concreta. El horizonte marcado por la Unión Europea es reducir para 2030 un 20% el consumo respecto a 2019 y aumentar el peso de los antibióticos de acceso. Por eso, pese al avance de 2025, Oliver insiste en que todavía queda recorrido.

El peligro de las resistencias

Reducir el uso innecesario tiene un objetivo que va mucho más allá de consumir menos medicamentos. Cada vez que se emplea un antibiótico se ejerce una presión sobre las bacterias: las sensibles desaparecen, pero aquellas capaces de resistir pueden sobrevivir y propagarse. El uso excesivo o inadecuado acelera ese proceso hasta generar microorganismos frente a los que los tratamientos habituales dejan de funcionar.

Las bacterias multirresistentes causan unas 35.000 muertes anuales en Europa, según el PRAN. En Balears, por extrapolación, se han llegado a manejar datos estimados de entre 400 y 500 fallecimientos anuales relacionados con estas infecciones. Aun así, Oliver puntualiza que el descenso de estos medicamentos en Atención Primaria no puede traducirse automáticamente en una reducción inmediata de la mortalidad.

La relación es mucho más larga. Oliver habla de un «efecto dominó»: si en la comunidad aparecen resistencias a los antibióticos habituales, algunos pacientes pueden llegar al hospital necesitando medicamentos más potentes. El uso de esos tratamientos ejerce a su vez más presión para que aparezcan nuevas resistencias. En el último escalón están las llamadas ‘superbacterias’, capaces de resistir incluso antibióticos de último recurso y especialmente peligrosas para pacientes vulnerables.

Precisamente por eso, la evolución hospitalaria introduce un contrapunto a los buenos datos de Atención Primaria. El consumo en los hospitales públicos de Baleares aumentó un 5,1% en 2025, hasta 1,87 DHD, y encadena cuatro años consecutivos de crecimiento desde el mínimo de 2021. Las islas tuvieron el tercer consumo hospitalario más elevado del país, solo por detrás de La Rioja y Galicia, y se situaron un 33,6% por encima del dato nacional, de 1,40 DHD. Fuera del hospital el consumo total es mucho mayor porque afecta al conjunto de la población; dentro, la densidad de uso entre los ingresados y la potencia de los tratamientos son superiores. «Los antibióticos de los hospitales son mucho más potentes», explica Oliver.

El especialista recuerda que es precisamente en el hospital donde se concentran las infecciones resistentes más graves. Entre los principales problemas cita bacterias resistentes a los carbapenémicos, antibióticos de amplio espectro reservados para infecciones complejas, que pueden provocar neumonías o infecciones de la sangre difíciles de tratar. En determinados casos graves, señala, la mortalidad puede alcanzar el 30% o más.

De ahí que la caída en Atención Primaria sea una buena noticia, pero no el final del problema. Reducir las resistencias en la comunidad puede cortar el primer eslabón de la cadena y, con el tiempo, repercutir en los hospitales. Para disminuir las infecciones y muertes por superbacterias, advierte Oliver, hacen falta además medidas específicas dentro de los propios centros hospitalarios. El reto ahora es que el descenso de 2025 no sea puntual: «El consumo ha bajado y no tenemos duda de que eso es una buena noticia, trabajaremos para consolidarlo».

¿Cómo nace una ‘superbacteria’?

Los antibióticos matan a las bacterias sensibles, pero algunas pueden sobrevivir porque han desarrollado mecanismos para resistirlos. Cuanto más se utilizan estos medicamentos, especialmente si se hace de forma innecesaria o inadecuada, mayor es la presión que favorece a las resistentes. Estas pueden multiplicarse y propagarse hasta provocar infecciones para las que los tratamientos habituales dejan de funcionar.

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